Miguel Almirón fue el primer futbolista expulsado en el Mundial por la aplicación de una de las nuevas normas más comentadas del torneo. El jugador paraguayo vio la tarjeta roja durante el encuentro ante Turquía después de dirigirse a un rival cubriéndose la boca con la mano, un gesto que la FIFA ha decidido sancionar con especial firmeza en esta competición.
La escena dio la vuelta al mundo. También el comentario previo a su expulsión, verbalizado por el salvadoreño Iván Barton. “Después de la revisión. Número 10. Paraguay. Se ha cubierto la boca. La decisión es: ¡roja directa!”, pronunció en un inglés divertido.
Su expulsión inauguró oficialmente la aplicación de una medida que ya era conocida popularmente como la ‘Ley Vinicius’, una norma introducida por la FIFA para evitar situaciones antideportivas, de discriminación o de odio durante los partidos. La medida establece que un futbolista que se cubra la boca para hablar con un rival durante un enfrentamiento debe ser expulsado, al entenderse que ese gesto dificulta la identificación de posibles insultos o comentarios discriminatorios. La excepción se mantiene únicamente para las conversaciones entre compañeros de equipo.
El origen de esta norma se encuentra en un partido de la última Champions League entre el Benfica y el Real Madrid. En aquel encuentro, el argentino Gianluca Prestianni, jugador del conjunto portugués, se tapó la boca para dirigirse a Vinicius. El extremo brasileño acudió rápidamente al árbitro para denunciar que había recibido un insulto racista, provocando la activación del protocolo antirracista, la detención del partido y el inicio de una polémica que se extendió durante semanas.

Gianluca Prestianni, jugador del Benfica / Miguel Lemos / Europa Press
Con lo sucedido, la FIFA buscó la manera de reducir situaciones como aquella, en la que podía haber un caso de discriminación o de odio, pero que era prácticamente imposible de demostrar. Y decidió implementar la citada norma. No obstante, su aplicación ha abierto un nuevo margen de interpretación para los árbitros, que deben valorar no solo el gesto, sino también el contexto y la intención de las palabras pronunciadas.
El precedente de Almirón elevó la atención sobre cualquier acción similar durante el torneo. Por eso, lo ocurrido con Bellingham en el Inglaterra-Ghana generó discusión inmediata. Los ‘Three Lions’ empataron a cero ante Ghana en un partido con polémica. Sobre el campo, los de Thomas Tuchel dominaron el encuentro y generaron ocasiones de sobra para inclinar la balanza: 19 tiros a puerta frente a 2 y un 79% de posesión que no sirvió de mucho. No obstante, en el apartado arbitral hubo decisiones que se han llevado a debate.

Jude Bellingham, tras empatar contra Ghana / Agencias
Primero, Jordan Pickford, portero inglés, derribó a Prince Adu en un contacto fuera del área en el que no se señaló falta. Después, una acción defensiva de Ezri Konsa, en la que, de manera un tanto arriesgada y dentro del área, cortó el paso al mismo jugador ghanés. Y, por último, Jude Bellingham, cazado intercambiando palabras con Jordan Ayew tapándose la boca.

Thomas Tuchel habla con Jude Bellingham en el duelo ante Ghana / Agencias
En este caso, el colegiado consideró que el intercambio con Ayew fue cordial y que no existían indicios de conducta ofensiva, por lo que el jugador inglés no recibió sanción disciplinaria, como sí le sucedió a Almirón. La decisión evitó la expulsión de Bellingham, pero mantuvo abierto el debate sobre la aplicación de la norma.
La regla nació con el objetivo de prevenir comportamientos discriminatorios y preservar el respeto entre futbolistas, aunque su puesta en práctica sigue dependiendo, en buena medida, de la interpretación arbitral en cada jugada.