«No se me da bien» o «me gustaría pero sé que no voy a poder» son dos frases muy recurrentes para justificar que renunciemos … a probar algo sin ni siquiera intentarlo. Y es que quizá no todo el mundo tenga un artista dentro pero sí que todos tenemos algo que contar. Para sacar nuestra versión más creativa solo hace falta perder el miedo y encontrar un ambiente propicio para desbloquear esa faceta oculta que muchas veces ni nosotros mismos conocemos.
«El problema es que la palabra artista suena muy grandilocuente» asegura Naikari Díaz, quien cree que lo mejor es despojarse del cliché intelectual y dejar que las cosas fluyan con más naturalidad. Es la máxima que rige las meriendas con arte que organiza en el bar Momentos, una propuesta que rompe moldes y en la que transgredir las reglas es la única regla. «Sin que sea algo caótico, lo importante es que cada persona deje volar libremente su creatividad y su estado de ánimo», explica esta mirandesa que también se suele aplicar esa pauta a sí misma, porque si algo combate Naikari es que el arte tenga que ser algo encorsetado.
Por eso ha elegido un formato y un escenario muy alejados de lo convencional. Nada de museos ni de clases con guión. «Un bar es un sitio en el que todo el mundo está distendido», afirma. A partir de ahí, las acuarelas se entremezclan con el café porque «no pintamos primero y luego merendamos, sino que todo se va dando e integrando casi sin pretenderlo. Se crean sinergias y un ambiente muy bonito».
Naikari ejerce de maestra de ceremonias y ofrece algunas pautas al resto, aunque huye de los roles de profesora y alumno. Su función es propiciar los disparadores, preparar el material que se puede compartir y dar algunos consejos, pero cada asistente tiene plena libertad. Las meriendas con arte ni siquiera se reducen a una sola técnica sino que hay quienes pintan con acuarelas pero también están las que optan por el collage como forma de expresión. Durante dos horas, se puede experimentar.
«La idea es no interferir demasiado en el proceso creativo de cada persona. Es una iniciativa muy divertida para los participantes pero también para el resto de clientes del bar, que sienten curiosidad cuando nos ven», señala esta ecléctica artista mirandesa a la que es posible ver en un concierto inmortalizando las mejores poses del guitarrista con su cámara pero también preparando vestuarios para una función de ópera. Ilustradora de profesión, ha tocado muchos palos a lo largo de su formación y carrera laboral «porque al final todo se entrelaza».
La propuesta aúna diferentes técnicas y los participantes pueden llevar su material o utilizar el que hay para compartir
El impulso para dar vida a las meriendas con arte surgió por casualidad, cuando Naikari, que muchas veces coge el lienzo y pinta en la calle, estaba ultimando una de sus obras en el Momentos. «Nos dimos cuenta que podía ser interesante organizar una quedada para compartir espacio», explica. El de ayer fue el segundo miércoles, pero habrá muchos más. «No hace falta tener experiencia, cualquier puede apuntarse. Hay mucha gente que tiene ganas y solo necesita el empujón, y esta puede ser una buena oportunidad para que se lo demos», afirma.
Para Naikari, hay mucho talento dormido que necesita salir a la luz y Miranda no cuenta con muchos lugares para fomentar la aparición de nuevos artistas. «No es algo exclusivo sino que pasa en casi todas las ciudades, incluso en aquellas que tienen decenas de museos porque muchas veces el término cultura tiene connotaciones excluyentes. Parece que cualquier propuesta tiene que pasar previamente por una tamiz, hacerse una criba, que guste a todos y no moleste,… Pero casi nadie plantea espacios en los que realmente se pueda crear. En Miranda perdimos una gran oportunidad con el Hangar de las Artes que nunca se llegó a concretar», remarca.