El yacimiento de Casas del Turuñuelo no defrauda. Una vez más. Los restos de un carro votivo (dedicado a una divinidad), de bronce, único hasta … ahora documentado en la Península Ibérica, ha aparecido en el transcurso de la octava campaña de excavaciones. De 63 centímetros de largo y 22 de ancho. Se cree que portaría algún tipo de resina, como mirra o incienso, y se usaría en ceremonias. Quizás en banquetes rituales, como el que se ha documentado para el del Turuñuelo. Esta mañana, en la sede del CSIC, en Madrid, se ha hecho balance de los trabajos, que en esta temporada han terminado el 31 de mayo. Las excavaciones se realizan desde hace una década por el Instituto de Arqueología de Mérida, entidad formada por el CSIC, del Gobierno, y la Junta de Extremadura. El proyecto Construyendo Tarteso está liderado por Sebastián Celestino y Esther Rodríguez.

El carro de bronce es el hallazgo del año en el túmulo del Turuñuelo. En la pasada campaña, el yacimiento tartésico desveló el altar de mármol griego más antiguo de la Península; en otras, los famosos rostros o el enorme patio en el que hallaron restos de sacrificios masivos de animales. El carro está compuesto por una caja que conserva una rica decoración figurativa. En su parte frontal aparece representado un Aqueloo, una divinidad fluvial que podría vincularse con el inframundo por su gestualidad, y en los laterales figuran dos grifos, seres mitológicos con cabeza de águila y cuerpo de león. En los extremos, dos figuras humanas con los brazos alzados sostienen la estructura, que descansa sobre dos ruedas, también decoradas.

Los investigadores han trabajado sobre todo en esta campaña en zonas de tránsito del Turuñuelo, en pasillos, que van a desembocar a habitaciones, que serán excavadas en próximas campañas. Se ha trabajado en las áreas norte y sur del yacimiento. Esther Rodríguez y Sebastián Celestino han subrayado que en esta octava campaña el protagonismo se lo ha llevado el bronce, las piezas de bronce, frente a la cerámica local de anteriores años. El bronce, además, se conserva mal en el Turuñuelo por lo que el hallazgo del carro votivo y su estado de conservación es una alegría doble.

En la zona norte se han descubierto braseros de bronce, dos piezas, sin caldero. Son «excepcionales». Y un conjunto de dos asas de palmeta, recipientes que sirven para lavarse los pies. Unas piezas que llegaron al valle medio del Guadiana, al Turuñuelo, junto al altar de mármol griego documentado el año pasado, ha subrayado Rodríguez. Hay una idéntica a la hallada en el Guareña en la Acrópolis de Atenas. Se usaban para los llamados ritos lustrales, para que las novias se lavaran antes de las bodas, ha indicado.

En el área sur se han descubierto varias piezas de bronce también, una esfingie un alabastrón (pequeño frasco o recipiente diseñado para almacenar perfumes, aceites perfumados o ungüentos). En otra zona se ha recuperado un lote de marfiles, más de 200 fragmentos que ahora hay que recomponer con el equipo de restauración del proyecto Construyendo Tarteso. Placas con motivos florales (flor de loto), con motivos mitológicos como serpientes aladas, animales (chivos, leones, caballos, pájaros…) y figuras humanas. Son todos marfiles que proceden de la costa siriopalestina probablemente, ha dicho Esther Rodríguez.

En la parte central de una habitación se ha localizado la pieza estrella de esta campaña de excavaciones en Casas del Turuñuelo, el carro votivo de bronce, el único ejemplar que se conoce hasta la fecha en la Península Ibérica. Hay en Etruria (Italia) alguna pieza similar, durante la civilización etrusca, que vivió su periodo de máximo esplendor en Italia central, entre los siglos VIII y V a. C. Este paralelismo refuerza la hipótesis de que llegó al suroeste peninsular a través de las redes de intercambio que conectaban Tarteso con distintos territorios del Mediterráneo.

El proceso de excavación en Casas del Turuñuelo fue tan ilusionante como duró. «La pieza salió a las 11.30 de la mañana y salimos del yacimiento a las 22 horas, cinco personas cubiertas de ceniza y tierra para extraerlo. Estamos muy contentos sobre todo el estado de conservación que tiene la pieza», remata.

Los bronces en Casas del Turueño, debido principalmente a la acidez del suelo, aparecen prácticamente corroídos. «La mayor parte de las veces se puede hacer poco. Sin embargo esta pieza está bien. Tiene una rica decoración. Solo es medio carro, solo tenemos dos ruedas y la mitad de la caja pero esto es muy habitual en Casas del Turuñuelo. Ya nos ha pasado con anterioridad encontra la mitad de una pieza. Más adelante esperemos recuperarlo en su totalidad», ha explicado la arqueóloga.

Ha concretado que en la parte frontal del carro hay una representación de un Aqueloo, que es una divinidad fluvial. En los dos extremos tienen sendos grifos, dos seres mitológicas, con cabeza de águila y cuerpo de león. Y en la parte delante tiene dos atlantes, figuras escultóricas masculinas utilizadas como columnas, se encargan de sostener la caja del carro.

«La importancia que tiene es que una estructura de este tipo se encuentre en el valle medio del Guadiana, es decir, lejos de zonas portuarias. El que lleguen estas piezas al interior y no en Cádiz, Málaga, Alicante o Ampurias, la gran colonia griega en esa época, llama muchísimo la atención. Implica una red comercial muy compleja, que quien vive en esta zona del Guadiana tiene un poder adquisitivo realmente relevante porque no lo conocemos en otra parte de la Península. Es la es la importancia que va teniendo El Turuñuelo. Aquí hay técnicas arquitectónicas que no se conocen en otra zona de la Península. Parece como si los pobladores de El Turuñuelo quisieran tener la exclusividad de la época. Es un lugar central, muy importante», ha subrayado Sebastián Celestino.