
26/06/2026 a las 08:17h.
Lleva 92 años vistiendo con sus creaciones de moda íntima a Ponferrada. Lencería y Corsetería Novedades Tina abrió sus puertas en el año 1934 en la avenida de la Puebla. «La fundó Recaredo Rellán, mi suegro, y sus dos hermanas, Argentina y Emilia», explica Ana María López Pérez, la segunda generación al frente del negocio, esposa del hijo del fundador, natural de Oviedo, que se vino al Bierzo dejando atrás su Asturias natal.
En el mundo de la escena española Rellán es un apellido muy conocido porque así se apellida uno de los actores más célebres, Miguel Rellán, un hombre muy ligado también a Ponferrada y a la tienda, ya que es familia de los fundadores de la emblemática lencería y corsetería de la capital berciana. Tanto es así que Ana María López recuerda junto a su hijo Eduardo que siguen teniendo contacto con el actor. «Cada vez que viene a Ponferrada a actuar en el Teatro Bergidum nos visita».
De hecho, según cuentan, a Miguel Rellán una de las cosas que más le gustaba cuando venía a la tienda era subir y bajar el toldo. «Le encantaba», resalta Ana María ante la atenta mirada de su hijo que no duda en esbozar una sonrisa.
El fundador de Lencería y Corsetería Novedades Tina había regentado en tiempos de guerra un bar pero «se lo echaron abajo y no pudo continuar», señala su nuera. Fue entonces cuando sus hermanas y él comenzaron con la tienda en el número 32 de la avenida de la Puebla, al lado de otro de los establecimientos tradicionales de la ciudad, Casa Brindis.
«Se vendía de todo»
«En ese momento se vendía de todo un poco, como eran las tiendas de antes, mercería, hilos, botones, alfombras, también se llegó a trabajar pieles y cuellos, que de aquella se llevaban mucho», señala Ana María.
La ropa interior llegó a la tienda al jubilarse las tías. «Se marcharon a vivir a Alicante y yo le propuse a mi marido cogerla», en una ciudad en la que, como ella dice, «era la forastera» y al principio «no me gustaba mucho y en cambio ahora la amo con toda mi alma».
Ana María se casó en el año 1969 con Secundino Rellán, el hijo del fundador del negocio. No sabía que en ese momento, con 23 años, también daba el ‘sí quiero’ a una tienda a la que estuvo ligada durante 57 años de su vida. Aún hoy es habitual verla haciendo alguna visita y apoyando con sus sabios consejos a su hijo, aunque las riendas del negocio están ya en manos de Eduardo Rellán, la tercera generación, que guarda un gran parecido físico con el popular actor.
Una tienda de ‘La Ciudad del Dólar’
Sentada tras uno de los mostradores del establecimiento, Ana María recuerda como cuando comenzó con la corsetería «Ponferrada era ‘La Ciudad del Dólar’ y estaban aún haciendo el Hotel Temple». Arrancó en un sector en el que reconoce que «es muy delicado» por las tallas y su adaptación al cuerpo, especialmente en el caso de los sujetadores. Pero los años de experiencia le han servido para detectar a simple vista cuando una prenda interior es la idónea para la persona que la lleva puesta.

Eduardo Rellán, la tercera generación al frente de la Lencería Tina, junto a su madre, Ana María López.
(Carmen Ramos)
Camisones, batas, ropa interior de señora y caballero y las últimas novedades de bañadores y bikinis, metidos ya en plena temporada estival, se reparten por la corsetería situada ahora en el número 47 de la avenida de la Puebla, a pocos metros de donde abrió sus puertas hace casi un siglo.
Su especialidad son las tallas grandes. «Trabajamos hasta la 120 y 130», remarca Ana María, mientras rememora como cuando cogieron la tienda aún no se trabajaba la media panty. «Tardó mucho en salir al mercado y en Oviedo, cuando salió era de nailon y no duraban nada, no como ahora que son suaves y se adaptan, y yo y las amigas nos fijábamos: ‘mira lleva medias Janira’, decíamos», una marca que todavía a día de hoy comercializan en la corsetería.
«A los burros los ataban en el Polígono»
Casi un siglo de vida dan para contar muchas anécdotas del negocio pero también de la ciudad. La segunda generación echa la vista atrás para recordar los comienzos y como era entonces Ponferrada. «De aquella, cuando estaban los antepasados, claro, había pocos coches, entonces venían con los burros de los pueblos y los dejaban atados por la parte de atrás del Polígono de las Huertas mientras hacían sus compras».
Fue la segunda corsetería que abrió en Ponferrada, al mismo tiempo que Antonia, que ha llegado a nuestros días en el número 55 de la calle Real, en las inmediaciones de la iglesia de San Pedro. En ese momento lo más vendido eran los encajes finos y de muy buena calidad. De ellos se encargaba Tina, una de las tías, que dio nombre al negocio que aún hoy se mantiene. «Tenía muy buen gusto y le encantaban las cosas buenas», destaca Ana María.
Los hilos eran otro de los artículos que por entonces más comercializaba la corsetería de la avenida de La Puebla. «Se vendía muchísimo hilo porque la gente cosía, ahora no se cose nada, ahora comprar y tirar», lamenta.
Recuerda especialmente la víspera del Día de Reyes. «¡Lo que se vendía!… eran años de oro de verdad, por eso la llamaban ‘La Ciudad del Dólar’». Tal era el volumen de ventas en ese día que «de aquella estábamos, mi hija, mi hijo, mi marido, servidora y una empleada y no daba tiempo a recoger».

Escaparate del centenario comercio situado en el número 47 de la avenida de la Puebla de Ponferrada.
(Carmen Ramos)
Primeras marcas y calidad son las señas de identidad de un comercio de toda la vida de Ponferrada que apura las hojas del calendario para soplar las velas de su centenario. Unos años en los que «todo ha cambiado mucho y cuesta todo más».
La tercera generación
Eduardo Rellán es la la tercera generación al frente de Lencería y Corsetería Novedades Tina. Un negocio que conoció desde niño y que le encantaba. «Me crié en la tienda y ya me gustaba», dice. No en vano «con cinco o seis años ya le había cogido el gusto». Se preparó como Administrativo y su intención «fue siempre trabajar en otras cosas, pero como no salió esa oportunidad decidí quedarme aquí».
En verano cuenta con la ayuda de su hermana Ana María «que tiene buen ojo y vista comercial», remarca su madre, mientras él asiente con la cabeza y asegura que el único secreto para seguir adelante después de tantos años es «el buen trato y la calidad» porque «nosotros vivimos el negocio». «Esa es la esencia de la tienda y no ha cambiado ni va a cambiar», remacha.
Eduardo reconoce que aún a día de hoy «que atienda un caballero lencería la gente lo ve muy raro, todavía cuesta un poquito». Pero él sigue adelante con paso firme desde el momento en el que decidió asumir el reto que supone mantener el legado familiar.
«Se lo debo a mi padre porque antes de fallecer me lo dijo bien claro: «Yo sé que tú vas a ser responsable del negocio y lo vas a llevar súper bien», entonces tuve que hacerle caso». Tanto que abre cada día la puerta de la corsetería orgulloso e ilusionado, «contento de recibir a la gente» y mirando de frente desde desde su interior al siglo de vida que está por llegar.