Chris Isaak lo tenía todo. La apostura de un joven Elvis Presley, con su nariz rota de boxeador, mirada azul y el tupé cuidadosamente peinado, … y un exquisito gusto musical que lo convertía en un ‘crooner’ molón y sofisticado. Era tan ‘cool’ que los mejores directores de cine le reclamaron como actor: Jonathan Demme en ‘Casada con todos’ y ‘El silencio de los corderos’, Bernardo Bertolucci en ‘Pequeño Buda’ y su gran amigo David Lynch, que no solo dirigió el videoclip del tema más popular de su discografía, ‘Wicked Game’, sino que lo hizo sonar en ‘Corazón salvaje’. Poco después, el músico encarnó al agente especial Chester Desmond en ‘Twin Peaks: Fuego camina conmigo’.

Aquello ocurrió a finales de los 80 y en los 90. Desde entonces, Chris Isaak lleva cuarenta años en la carretera, aunque ya no hace películas. Sigue derrochando clase y languidez, caminando despacio y contestando con atención las preguntas. Chocando los nudillos con el periodista, en los que luce dos rotundos anillos de sello.

Tras la ausencia a última hora de Tom Morello, el autor de ‘Blue Hotel’ es la estrella del festival BBK Legends, que celebra su décima edición este viernes y sábado. A pocas horas de su concierto en el Bilbao Arena, el cantante ha soplado las velas de su 70 cumpleaños en una tarta que le ha traído el alcalde Aburto al hotel Carlton. La cifra es redonda e impone, pero no es la primera vez que el artista celebra su aniversario en un escenario: «Soy viejo…», ríe. «Normalmente trabajo en mi cumpleaños, porque es la época del año en la que estoy de gira. Mi banda es mi familia, así que es un buen sitio en el que estar».

Chris Isaak recibe una tarta por su 70 cumpleaños de manos del alcalde Juan Mari Aburto.

Chris Isaak recibe una tarta por su 70 cumpleaños de manos del alcalde Juan Mari Aburto.

(Luis Ángel Gómez)

Hijo de una trabajadora en una fábrica de patatas fritas y de un conductor de grúas, Isaak nunca ha renegado de sus orígenes. Antes de triunfar fue guía turístico en Japón, donde también boxeó. Un tipo humilde, que sigue aferrado a su Gibson acústica y prepara nuevo álbum tras cuatro años sin pasar por el estudio. «Me es difícil hablar de las nuevas canciones, porque todavía no las he grabado, estoy trabajando en ellas», precisa. «Será como mis otros discos: raro, ‘moody’ (variable de temperamento) y con rock and roll. No pretendo romper ningún patrón con mi música. Sigo escribiendo sobre los mismos temas: amor, pérdida, soledad… He escrito un tema sobre perderse cosas en la vida por centrarse en lo material, en tener una televisión, un microondas o un minibar, creyendo que nos da la felicidad. Creo que tengo una sola idea y sigo explotándola…».

A Chris Isaak lo que más le gusta de recorrer el mundo con su música es el momento de estar subido a un escenario. Le incomodan «los millones de aeropuertos» que ha recorrido, sobre todo cuando le pierden las maletas, así que prefiere ir de gira en autobús. A los 70 años, ha adquirido una perspectiva realista de su oficio. «El rock and roll es muy importante para mí, pero hay otras cosas más importantes en la vida. Tengo un pequeño bichón maltés que ahora está enfermo, él es más importante que el rock and roll». Y aunque no le veamos en la gran pantalla, sigue abierto a actuar si el papel le apetece. «Mi ocupación principal siempre ha sido la música, no el cine. En una película te tienes que unir al circo de otro; en la música, el circo es mío, me siento tranquilamente en mi casa y escribo una canción».

Chris Isaak es una estrella del rock diferente. Vive entre San Francisco y Nashville. No tiene pareja ni hijos. No fuma, ni bebe ni ha tomado drogas. Corre todos los días, le gusta pintar y ya ha comprado su tumba junto a su familia en el cementerio de la localidad donde nació, Stockton, en California, donde John Huston rodó la maravillosa ‘Fat City’. «He pasado más tiempo en mi vida con los miembros de mi banda que con mi familia. Un grupo pequeño puede tocar una o dos veces por semana. Si eres Bruce Springsteen o Madonna te sumerges en un tour cada tres años. Yo estoy en un punto intermedio, canto todo el tiempo, nunca paro».

¿Se considera una leyenda, digno de tocar en el BBK Legends? «Solo en mi propia mente», ironiza. «Ojalá». En esos cuarenta años en la carretera, se sincera, se ha perdido cosas. «Lo primero, tener hijos y una familia. Es duro mirar atrás, pero creo que ha merecido la pena. Prefiero mirar al futuro». El año pasado murió David Lynch, una figura importantísima en la carrera de Isaak, que se explaya al recordar a su viejo amigo. «Fuimos buenos amigos, le quería de verdad», confiesa. «Era un genio. Yo no lo soy, muchas personas se creen genios pero no lo son. David lo era de verdad. Era muy divertido estar con él y trabajar a sus órdenes. Una vez estábamos en un programa de televisión y nos preguntaron por nuestro tipo de mujer favorita. David contestó que le gustaban las que llevaban zapatos rojos de tacón alto. Y lo decía completamente en serio, porque siempre era honesto, en sus películas y en la vida real. Le echo de menos y ojalá nunca hubiera fumado, porque fumaba cinco cajetillas al día».

Chris Isaak en Bilbao.

Chris Isaak en Bilbao.

(Luis Ángel Gómez)

Su último recuerdo es el estreno de una película suya en un cine cercano a su casa de San Francisco. Isaak le preguntó si habría música, pero no tenían presupuesto. Así que acudió con su guitarra y junto al batería de su grupo, Kenney Johnson, armado con unas maracas. «¡Esto es maravilloso!, exclamó David. Era mi amigo».