Los conflictos armados globales y las poblaciones desplazadas forzosamente están aumentando en todo el mundo pero sobre su asociación empírica con los resultados en prevención por vacunación (EPV) falta mucha información a día de hoy.Un ejemplo de ello puede estar representado por la situación actual del sarampión, una EPV altamente contagiosa, con …


Los conflictos armados globales y las poblaciones desplazadas forzosamente están aumentando en todo el mundo pero sobre su asociación empírica con los resultados en prevención por vacunación (EPV) falta mucha información a día de hoy.

Un ejemplo de ello puede estar representado por la situación actual del sarampión, una EPV altamente contagiosa, con una cada vez mayor morbilidad y mortalidad, particularmente, en entornos con recursos limitados donde la cobertura de vacunación es incompleta. Al respecto, se ha planteado la hipótesis de que los conflictos bélicos pueden provocar una mayor carga de sarampión no solo a través de interrupciones directas en los servicios de inmunización, sino también indirectamente a través del desplazamiento de la población, el declive económico y el debilitamiento de los sistemas de salud.

En esa línea, expertos de la Universidad de Nueva York han llevado a cabo un estudio, cuyos resultados, publicados en ‘PLOS Medicine’, vinculan los conflictos armados con el sarampión de dos maneras. En primer lugar, directamente, al interrumpir los programas de inmunización. En segundo lugar, indirectamente, al erosionar los cimientos económicos, educativos y sanitarios de un país que protegen a la población de enfermedades prevenibles.

«Recibimos informes de zonas afectadas por conflictos sobre brotes de polio o resurgimientos del sarampión. Sin embargo, es muy difícil combinar los datos sobre conflictos con los datos de salud pública para comprender el impacto de los conflictos en la salud», afirmó Yesim Tozan , profesora asociada de salud global en la Escuela de Salud Pública Global de la Universidad de Nueva York y autora principal del estudio. «Cada vez que se produce una crisis externa, un desastre natural, una pandemia o un conflicto armado, se pone a prueba la capacidad de respuesta del sistema de salud. Durante estas crisis, los responsables políticos necesitan comprender cómo las crisis externas pueden provocar un aumento de la carga de enfermedades infecciosas», agregó.

Para examinar detalladamente todos estos aspectos desde una perspectiva global, los investigadores desarrollaron y probaron cuatro modelos estadísticos que vinculan el conflicto armado, el desplazamiento de población y el desarrollo socioeconómico con los casos de sarampión en 193 países. Sus análisis de datos longitudinales a nivel nacional (desde 2000 hasta 2023) incluyeron muertes relacionadas con combates, desplazamiento, producción económica, esperanza de vida y educación. Compararon estos factores con el total de casos de sarampión y la incidencia por millón de habitantes.

Los investigadores pudieron comprobar que los mayores niveles de conflicto armado, medidos por las muertes relacionadas con la guerra, estaban asociados con un mayor número de casos de sarampión. En promedio, por cada 3.700 muertes relacionadas con la guerra que se registraban en un país durante un año determinado, se reportaban aproximadamente 2500 casos adicionales de sarampión.

Asimismo, demostraron que tanto los factores directos como los indirectos vinculaban el conflicto armado con el sarampión, pero el declive socioeconómico, una influencia indirecta, fue la causa más real . Tanto el conflicto armado como el desplazamiento de población se asociaron con un menor desarrollo socioeconómico, y este declive, a su vez, se asoció fuertemente con una mayor incidencia de sarampión.

En algunos modelos, la influencia del desplazamiento de población operó principalmente a través de esta vía socioeconómica en lugar de directamente, lo que subraya la importancia del daño que el conflicto causa a las economías, la educación y los sistemas de salud.

«La resiliencia del sistema de salud, es decir, la capacidad de un sistema para reorganizarse de manera que la prestación de servicios no se interrumpa, está estrechamente relacionada con el desarrollo socioeconómico de un país», señaló  la prof.Tozan.

Según los autores del trabajo, la asociación no desapareció una vez que cesaron los combates, lo que demuestra que el vínculo entre el conflicto y los resultados en materia de salud es duradero y probablemente se extiende más allá del período de violencia activa.

En definitiva, los resultados sugieren que mitigar los riesgos de enfermedades infecciosas en entornos inestables requiere una estrategia multifacética, que incluya el mantenimiento de los programas de vacunación en las zonas afectadas por conflictos, la ampliación del alcance a las poblaciones desplazadas y su inclusión en los programas de inmunización, y el fortalecimiento de la resiliencia socioeconómica general que protege la salud a largo plazo.

«En entornos afectados por conflictos, se pueden perder infraestructuras, personal sanitario y la confianza de la población», afirmó Tozan. «Desde la perspectiva de la salud pública, debemos garantizar que los servicios esenciales que salvan vidas continúen funcionando incluso durante la violencia, y la recuperación requiere una inversión constante para que esos sistemas puedan recuperarse».