Científicos de diversos centros chinos han determinado que los linfocitos B infiltrados en tumores nasofaríngeos podrían utilizarse como una potencial terapia para prevenir la formación de metástasis pulmonares. En ratones portadores de tumores humanos implantados en una localización heterotópica, la inyección intravenosa de estos linfocitos dos veces por semana no …

Científicos de diversos centros chinos han determinado que los linfocitos B infiltrados en tumores nasofaríngeos podrían utilizarse como una potencial terapia para prevenir la formación de metástasis pulmonares. En ratones portadores de tumores humanos implantados en una localización heterotópica, la inyección intravenosa de estos linfocitos dos veces por semana no solo redujo el crecimiento del tumor primario, sino también la incidencia de nódulos pulmonares. En los animales que recibieron un anticuerpo que provoca la depleción de los linfocitos B, la enfermedad progresó con mayor rapidez, lo que demuestra el papel clave de estas células inmunitarias en la protección frente al cáncer.

Los hallazgos se produjeron tras constatar que los tumores nasofaríngeos primarios de pacientes sin metástasis presentaban un enriquecimiento de linfocitos B, que se agrupaban con los linfocitos T y formaban estructuras linfoides terciarias. En cambio, estas estructuras, indicadoras de una respuesta inmunitaria activa, estaban ausentes en los tumores metastásicos. En cultivos celulares, los investigadores comprobaron que tanto los linfocitos B infiltrados como el medio condicionado inhibían significativamente la proliferación, la migración y la capacidad invasiva de las células del carcinoma nasofaríngeo, al tiempo que inducían la muerte celular programada o apoptosis.

Lin Zhao, director del estudio, afirma que, entre los mediadores secretados por los linfocitos B, destacó la interleucina 12 (IL-12), que bloqueó la transición epitelio-mesenquimal, un proceso mediante el cual las células tumorales adquieren capacidad migratoria e invasiva. Además, la IL-12 inhibió el mimetismo vasculogénico, por el que el tumor forma canales de apariencia vascular para nutrirse. Los hallazgos proporcionan una base sólida para diseñar estrategias inmunoterapéuticas contra este tipo de cáncer, basadas en el uso de linfocitos B o en la potenciación de las estructuras linfoides terciarias, concluye el científico.


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