Arguineguín está Gran Canaria, más concretamente en el municipio de Mogán, y presume de un clima que cambia poco a lo largo del año. En la costa, la media se queda en torno a los 24 grados, y el sol se asoma por el horizonte a diario. Con esas condiciones, el pueblo lleva décadas atrayendo a gente que escapa de los duros meses invernales en Europa. Llegaron primero los jubilados, muchos noruegos, que acabaron, incluso, montando iglesias y colegios. Después, alguna cara conocida, como Anabel Pantoja, que se compró aquí su primera casa en junio de 2023, la bautizó como Villa Panto y se dejó más de 230.000 euros en la reforma, según contó a la revista Lecturas.

El pueblo, como se ha dicho, pertenece a Mogán, un municipio grande, de 172 kilómetros cuadrados. En el muelle, las barcas de madera de los pescadores, pintadas de azul y rojo, comparten sitio con los amarres deportivos. Huele a pescado y se ve faenar como se hacía antes, con una flota de alrededor de 100 barcos y una cofradía que no supera las 300 personas. Cada mañana entran atún y bonito. Buena parte se queda ahí mismo, en los restaurantes del puerto, casi en el día.

La vivienda, disparada

Mogán reúne más de 43.000 plazas turísticas, casi una cuarta parte de las de Gran Canaria, y eso ha tirado del precio de la vivienda. En septiembre de 2025, el metro cuadrado en Arguineguín rondaba los 4.503 euros, según Idealista. La zona está a resguardo de los alisios, llueve poco, unos 220 milímetros al año, y la media anual del municipio se mueve sobre los 19 grados, algo más alta abajo, en la costa, que es donde está el pueblo.

Playas y comida

Las playas de la zona son tranquilas y óptimas para el baño. Las Marañuelas, la del casco, tiene unos 400 metros de arena oscura pegada al puerto, resguardada por el espigón. A un paso queda Patalavaca, de arena más dorada y aguas calmadas, donde se hace bastante snorkel. Y algo más allá, ya hacia Puerto Rico, está Amadores, una playa artificial de arena blanca traída de fuera, de más de 800 metros.

Los martes, el mercadillo llena el pueblo de fruta, verdura, ropa y artesanía, siendo uno de los más importantes de la Isla. Del puerto salen además barcos para avistar delfines, un plan habitual en toda la costa de Mogán. Ahora, en julio se celebran las fiestas del Carmen, las patronales, con procesión marinera incluida. Y si uno tira tierra adentro, el paisaje da un giro radical, con barrancos, montañas y senderos hacia espacios como Pilancones. El Puerto de Mogán, con sus canales y sus casas blancas, queda a un cuarto de hora largo en coche.

En los restaurantes del muelle manejan bien el sancocho, pescado salado, casi siempre cherne, con papas, batata y su mojo, acompañado de pella de gofio. También sale mucho cherne a la plancha y, de entrante, gofio escaldado. Para rematar, bienmesabe, que lleva almendra y mucho amor, como todo lo que se hace en esta tierra en medio del Atlántico.