Michael Jackson o Madonna recurrían a la misma fuente para encontrar las mejores piezas de diseño
“La gente ya no quiere que los invitados fotografíen una consola, la suban a Google Lens y descubran al instante dónde se compró y cuánto costó. Quieren casas llenas de objetos que sean completamente suyos, sin una huella digital asociada a cada pieza”. Lo dice Edward Davidson, y la gente a la que se refiere es la más privilegiada del mundo. Aquella que puede permitirse decorar sus hogares con hallazgos que no se encuentran en tiendas ni ferias de arte, ni siquiera en galerías o casas de subastas famosas.
Esas piezas únicas que buscan nunca salen a la luz, están en un mercado secreto al que solo tienen acceso unos pocos, a través de relaciones forjadas durante años. “Contactos puede tener todo el mundo. Lo que realmente importa es la confianza, esa que nos ha llevado décadas construir a nosotros y a nuestras familias. Los marchantes y coleccionistas que poseen las piezas más interesantes no las muestran a cualquiera. No anuncian lo que tienen. No tienen páginas web. Hacen negocios con personas que se han ganado su confianza haciendo exactamente lo que dijeron que harían, pagando a tiempo, respetando la privacidad y sin hacer perder el tiempo a nadie”.

En el piso lleno de inspiración de un coleccionista de muebles vintage: “Subí la chimenea hasta el segundo piso yo solo, casi me da algo, pero no me arrepiento”. Más fotos, aquí.
© Keith FlanaganUna red poco conocida
El entrecomillado es, de nuevo, de Davidson, que lanzará el primero de septiembre, junto a Angela Morrison, Source Me It, un servicio que hace justo eso: encontrar piezas imposibles de hallar de otra manera. “Un cliente acude a nosotros con un encargo. A veces es muy específico, por ejemplo: ‘Busco un escritorio francés de estilo Imperio realizado en malaquita y en excelente estado de conservación’. Otras veces responde más a una intuición: ‘Estoy amueblando una casa en Mallorca y necesito algo extraordinario para el recibidor. Sabré qué es cuando lo vea’”, cuentan sus fundadores.
A continuación, recurren a su red de proveedores, que ya empezaron a forjar sus padres y sus abuelos, y que incluye marchantes privados, operadores de puertos francos, especialistas en herencias, expertos en subastas y coleccionistas particulares. “Nunca revelamos nuestras fuentes a los clientes ni revelamos nuestros clientes a nuestras fuentes. Esa separación es la base de todo lo que hacemos”.
Por supuesto, se cobran honorarios por la búsqueda de estos hallazgos que decorarán las casas de ricos y famosos, además de una comisión por cada adquisición. Pero la mayor recompensa no es el dinero: es encontrar el tesoro perfecto. “Lo mejor es el momento en que un cliente ve algo por primera vez y se queda en silencio. No la exclamación; el silencio que la precede. Ese medio segundo en el que comprende que lo que tiene delante es exactamente lo que buscaba, que no podría haber sido otra cosa. Todo el proceso está al servicio de ese instante”.