Eugene Omoruyi, el querido Eugenio, ha dejado de ser vitoriano. El nigeriano criado en Canadá seguirá conociendo mundo después de que el Kosner Baskonia se … decantara por dejarle salir. También sale del censo Gytis Radzevicius, el lituano silencioso. El club tenía la opción de extender un año más su contrato, pero busca otro perfil de alero. Ambos son ya historia de la entidad en todos los sentidos. No son los únicos. El club azulgrana también se ha despedido este sábado de Jesse Edwards y Markquis Nowell, que tenía un año más de contrato. También de Trent Forrest, aunque el propio base ya había anunciado su marcha.

De las otras cuatro bajas anunciadas, sin duda las que más huella han dejado son las de Omoruyi y Radzevicius. En la Copa del Rey de Valencia entraron a formar parte de las páginas de oro y ahora, con su salida, engrosan la nómina de jugadores que triunfaron como azulgranas por encima de las mejores perspectivas que sus fichajes pudieron separar. Con Thierry Gadou a la cabeza hasta este 2026.

Omoruyi es su digno sucesor. La dirección deportiva azulgrana fue a buscarle al Al-Nasr Dubái. Era de los pocos que estaba dispuesto a hacer las maletas por un contrato de dos meses después de que en verano fuera ofrecido y rechazado por varios clubes de la Euroliga, entre ellos el vitoriano. El ex alero de hasta cuatro franquicias de la NBA llegaba para sustituir a otro de los jugadores favoritos de la afición, Tadas Sedekerskis. Pocos podían esperar que en apenas 60 días lograra ocupar la vacante del capitán tanto en la cancha como en los corazones azulgranas.

Aprovechó el viaje desde los Emiratos Árabes para empezar a descifrar el juego del baloncesto europeo, desconocido todavía para él. Con su mente preclara, descodificó en pocos partidos el estilo de juego que quería Galbiati, en los que se puso en forma, y lo perfeccionó con su visión de juego. Maestro de la puerta atrás, multiusos en la pintura, el técnico italiano le catalogó como «falso pívot», lo único que no provocaba una sonrisa en la risueña actitud del nigeriano. Pero la jugada táctica del estratega fue una de las claves del título de Copa.

En los cuartos de final ante La Laguna Tenerife, Omoruyi firmó 7 asistencias. Más del doble que el segundo máximo pasador. Y en la final, para incredulidad de Sergio Scariolo, se destapó como tirador como Diakite, autores de seis de los siete triples azulgranas. Había metido solo una canasta de tres puntos en once partidos de ACB. Ante el Real Madrid, logró tres y 23 puntos que le hicieron opositar a MVP de la final. Se ganó no solo una sino dos extensiones de contrato para terminar la temporada en Vitoria. Una vez recuperado Sedekerskis, y con Kurucs y Frisch con contrato, el Baskonia decidió no ofrecerle la renovación.

Base circunstancial de 2,06

Gadou también tuvo su reconversión. Llegó para cubrir una de las múltiples lesiones y contratiempos producidos en la primera parte de la temporada posterior al doblete. El galo de 2,06 que había jugado más de una década en el Pau-Orthez apenas había llamado la atención en sus primeras apariciones a las órdenes de Dusko Ivanovic. Pero en las semifinales ante el anfitrión, el Valencia Basket, hizo historia. Recuperó 8 veces el balón, récord absoluto del torneo. Y en la final, ejerció de base circunstancial. Tenía orden del montenegrino para subir el balón y sacar de la zona al gigante Roberto Dueñas. Le cargó de faltas y apunto estuvo de llevar al Baskonia a superar al Barça en una edición copera que quedó grabada a fuego en los corazones azulgranas. Pese a su exhibición, al acabar la temporada se fue al Racing Parigi.

Radzevicius también fue clave en la conquista de la Séptima desde la sombra. Fue el pegamento perfecto entre las posiciones interiores y exteriores, exprimiendo su rol secundario y sin cometer apenas errores. Destacó en las semifinales ante el Barça, como uno de los líderes en defensa sobre Clyburn y Punter, y estuvo en los minutos importantes de la final ante el Madrid, con una gran aportación reboteadora. La falta de atrevimiento para dar un paso al frente le impidió terminar mejor una temporada que empezó en el Rytas Vilnius.

Otro de los baskonistas ilustres e inesperados fue Voise Lee Winters. Un trabajador nato, con más oficio que clase, ya veterano cuando el Baskonia le incorporó en 1999 también por una plaga de lesiones. Sus rotaciones interiores fueron de gran ayuda para levantar el título. Se ganó una segunda etapa la siguiente temporada y le dio tiempo a grabar un programa de Generación Plus en el que cocinaba una merluza en salsa verde en el restaurante Ikea.

Sconochini, Gabini, Palacio…

Hugo Sconochini fue otro de los jugadores que aparecieron en el momento oportuno. El italoargentino fue una incorporación tardía protagonista de la temporada del doblete. Suplente disgustado durante la Copa, pero un arma fundamental en el play off del título de liga, exhibió su fuego competidor antes de aceptar la suculenta oferta del Milán, donde años más tarde conocería a Galbiati.

Cómo olvidar a Roberto Gabini, un luchador con buena mano que clavó siete puntos en ocho minutos en la victoria continental más grandiosa de la historia del Baskonia. La que logró en las semifinales de la Final Four de Moscú en 2005 ante el todopoderoso CSKA. Luego solo tuvo 15 segundos en la final ante el Maccabi y se acabó en Granada pese a tener un año más de contrato. Milt Palacio también tuvo sus momentos de gloria en el título de la ACB de 2010. El internacional con Belice llegó justo para los play off y dio minutos de calidad como reemplazo de Marcelinho Huertas. Dejó tan buen recuerdo que repitió como temporero al año siguiente, ya sin tanta suerte.

Un impacto súbito similar también tuvo Ricky Ledo, la chispa del ataque azulgrana en las eliminatorias ligueras de 2017 y la mecha del incendio que provocaría después su no renovación y fichaje por el Efes. Salida poco amistosa y adiós sin pena ni gloria. Lo contrario a Peppe Poeta, que sí dejó un grato recuerdo de forma inesperada con un paso fugaz pero que más de una década después se sigue rememorando en el Buesa Arena. Zurbano siempre se ha mostrado afectuoso con aquellos que se dejaron hasta la última gota de sudor por la camiseta azulgrana, aunque la suya no vaya a colgar del techo del pabellón.

Los condicionantes de Nowell y Edwards

Más discreta ha resultado la etapa de los otros dos azulgranas que dejan el equipo. A Nowell le quedaba un año más de contrato, pero buscará un nuevo destino tras un curso en el que le ha penalizado su condición de extracomunitario. Aunque convenció en su debut en la Euskal Kopa ante el Surne Bilbao, su presencia se ha reducido después a un papel secundario en la Euroliga -un promedio de 14.23 por partido en 28 duelos- y la práctica desaparición en una ACB donde solo ha jugado seis encuentros. Voluntarioso al máximo y compañero ejemplar, buscaba en Vitoria luchar con los prejuicios sobre su estatura. La falta de minutos se lo ha impedido.

Edwards, por su parte, fue el último en sumarse al equipo. Lo hizo en marzo, ya sin opciones de poder jugar en la Euroliga y como un novato en Europa. Su atlético físico no ha ido de la mano de un baloncesto con demasiadas carencias, sobre todo cuando le tocaba jugar lejos del aro. Ha ayudado a dar oxígeno a una parcela sin Khalifa Diop, pero tampoco ha abandonado nunca el rol de secundario. Ahora, como el resto, busca un nuevo destino tras cerrar su etapa en el Baskonia.