Tiempo después, en abril de 2024, en el programa italiano Belve, volvió sobre el mismo tema. “Por desgracia, el alcohol es para la gente moderada”, dijo. Y añadió una imagen muy gráfica: tras la primera copa aparece ‘un pequeño diablo delicioso’ que le habla al oído y le empuja a seguir. “Eres divertida, la gente te quiere…”. Y la segunda copa dejaba de ser una decisión.
Bruni pertenece a una generación que atravesó la industria de la moda en los años 90, cuando la imagen pública de las modelos convivía con una cultura de exceso, presión estética y una forma de exposición que hoy se lee de manera muy distinta. El concepto clave de la década resume bien el momento: el “heroin chic” -rasgos demacrados, ojeras, delgadez extrema y aspecto enfermizo- fue una reacción directa contra el ideal de supermodelo saludable de los 80 (Cindy Crawford, Claudia Schiffer, Elle Macpherson) y marcó la imagen, las aspiraciones y la autoestima de toda una generación. Kate Moss se convirtió en la musa involuntaria de esta estética del agotamiento.

LONDON, ENGLAND – MAY 31: Italian-French supermodel Carla Bruni, wearing jumpsuit by Versace, at The Rhythm of Life Fashion Ball in aid of the Rainforest Foundation at the Grosvenor House Hotel on May 31, 1992 in London, England. The event was hosted by rainforest campaigners Sting and Trudie Styler. (Photo by Dave Benett/Getty Images)Dave Benett/Getty Images
Uno de los puntos de inflexión llegó al final de la década, con la muerte del fotógrafo Davide Sorrenti en 1997. Sorrenti, que falleció de sobredosis, documentó como ninguno el auge y el final de esta estética en la escena “grunge” y la moda underground de Nueva York. Su muerte se convirtió en símbolo del debate sobre la glorificación de las drogas en la moda y ese mismo año el presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, intervino públicamente contra la estética del “heroin chic”, criticando campañas publicitarias que “glorifican la muerte”.
El verdadero cambio cultural, sin embargo, llegaría para la siguiente generación, ya en la década de 2010: momentos como Gwyneth Paltrow y su marca de estilo de vida Goop, o el yoga como la práctica de moda entre las celebridades, bienestar se cuela en la conversación y empieza a ser estatus. Después llegarían el furor por el matcha, la conversación sobre la salud mental y la cultura de poner límites. Y es ahí donde la historia de Carla Bruni se cruza con la de su hija Giulia Sarkozy, y, por extensión, con la de una generación Alpha que ya crece con una perspectiva nueva.