Todos los vestuarios que consiguen ganar un título importante tienen una historia particular. En 2017, cuando el Valencia Basket ganó su primera Liga la motivación … llegó de las dos finales perdidas esa temporada de forma dramática en la Copa del Rey y en la Eurocup. Fernando San Emeterio resumió el sentimiento de aquel grupo tras perder el primer partido de la final liguera en Madrid en una frase «Vamos a darnos cabezazos contra la pared hasta partirla». Ganaron los tres siguientes duelos, la pared saltó por los aires y el título se festejó en la Fonteta por todo lo alto.
El actual Valencia Basket fue enamorando a todo el baloncesto europeo durante el curso que acaba de finalizar gracias a un estilo vistoso que metía a los rivales en una trampa, puesto que no sólo se basaba en meter muchos puntos sino en un nivel defensivo muy alto gracias a las continuas rotaciones y un ritmo alto. La memorable remontada ante el Panathinaikos en los cuartos de final de la Euroliga fue la obra cumbre que elevó el foco al máximo de potencia. Algo que tuvo su efecto en la Final Four, donde llegaron las ofertas mareantes para las estrellas del equipo taronja. Al regreso de esa cita, Montero y Badio ya tenían la información de que el Olympiacos y el Panathinaikos respectivamente querían pagar sus cláusulas de salida y multiplicar sus salarios, por más de dos, en el Roig Arena y Braxton Key, que no tenía oferta de renovación del Valencia Basket, que el Olympiacos y el Fenerbahce iban a apostar por su fichaje. En los siguientes días se sumó el interés del Real Madrid en Pradilla, que de momento no ha dado el paso, y la información de los agentes americanos de De Larrea de que la predicción (como así fue) es que iba a ser elegido en la primera ronda del Draft. Tras la Final Four, cada jugador por una circunstancia, Darius Thompson, Isaac Nogués y López-Arostegui ya tenían claro que no iban a continuar la siguiente temporada. A todos estos casos se sumó la incertidumbre de Costello, que también terminaba contrato, de Sima o de Taylor, que ampliará su contrato pero al que también tentaban alguno de los grandes de la Euroliga.
La reacción del vestuario taronja fue la de apretar los dientes, subir aún más si cabe la intensidad en una temporada que acabó con 91 partidos y luchar por el sueño de despedir un grupo donde iban a producirse muchas despedidas regalando a la afición, y al club, la segunda Liga de su historia y a ellos el recuerdo para toda la vida de haber formado parte de un equipo legendario. Pocos equipos, con ese mareo de ofertas y varios golpes deportivos duros, acaba la temporada con la contundencia de este Valencia Basket de culto liderado por Pedro Martínez. Desde la Final Four de Atenas, los taronja ganaron 11 de sus 12 partidos para acabar celebrando el título liguero. Un 91% de triunfos que supera el ya espectacular 70% global (64 victorias en 91 partidos), donde la única derrota llegó por un punto (112-113 en el primer partido de la final contra el Barça) y en 6 de esos 12 partidos anotaron cien puntos o más. Legendario.
Los dos mejores ejemplos son los de Jean Montero y Brancou Badio, que regresaron de la Final Four de Atenas conscientes de las ofertas mareantes de los dos colosos griegos de la Euroliga. El dominicano se ha despedido del Valencia Basket siendo el líder indiscutible en el play-off y bordando una final de ensueño con una valoración media de 30,3 en los cuatro partidos. Un registro que supera a mitos como Pau Gasol y que sólo está por detrás en la historia de la ACB por uno de Arvidas Sabonis. Por su parte, Badio jugó el cuarto partido con un dedo de la mano lesionado y en el tercero, pese a la merma física, a su habitual nivel defensivo añadió un triple icónico, cuando el Barça llegó a empatar con un parcial de 20-2, que pasará a la historia como aquella de Dubljevic en Madrid en la final de 2017. «Mientras que llevas una camiseta de un equipo, tienes que defenderla hasta el final. Es un trabajo, es un deporte, y creo que hemos hecho muy buen trabajo desde el día uno», sentenció el propio Badio tras la fiesta de celebración en el Roig Arena. Puede aplicarse esa reflexión a sí mismo puesto que su ética de trabajo, como la del resto de sus compañeros se queden o no la próxima temporada, ha sido enorme. Los que sabían que se iban y no se dejaron ir merecen el reconocimiento de por vida de la afición.
«La clave del éxito es que el día a día ha sido fantástico, todo el mundo venía a entrenar con ganas de mejorar, y eso creo que nos ha llevado a ganar. La clave es el vestuario, que estamos todos muy unidos, hablamos mucho y de todo. Tenemos confianza entre nosotros y eso hace que sea muy especial porque estamos todo el rato hablando», analizó el senegalés que apuntó a que en el vestuario se han unido «muy buenas amistades y eso nos hace bastante especial». El escolta, que jugará los próximos años en el Panathinaikos, se refirió en la que serán sus últimas declaraciones de taronja, a la figura de Pedro Martínez: «Nosotros hemos confiado en él, en su sistema, en su método y han salido los frutos de todo eso». Cumplieron la misión, y se despidieron con una Liga que la celebraron a lo grande.
