Toni Acosta (Tenerife, 1972) tiene el superpoder de hablar sin postureos. Atiende desbordando la energía de quien se va a comer, desde el próximo miércoles … y hasta el domingo (20.00 horas) el Teatro Principal de Donostia. No obstante, la actriz mantiene los pies en la tierra como la vida misma. Así, al natural, es como se subirá al escenario como una auténtica ‘madre de película’, un monólogo gamberro nacido de sus propios diarios reales, escrito y dirigido por Juan Carlos Rubio. Una disección salvaje del nido vacío que promete hacer que más de uno salga del teatro corriendo a llamar a su madre.
– ¡Un monólogo! ¿El sueño al que aspira toda gran actriz?
– (Risas) ¡Hombre, yo aspiraba a hacerlo! Si te soy muy sincera, era una fantasía en mi cabeza. Pero mira, por aportar humor: las actrices no están plenas hasta que no hacen la Bernarda Alba. Según te haces mayor, la gente espera que hagas una Medea o una Fedra, pero yo no. Mi monólogo era la consecuencia natural de mi carrera porque mezcla humor y drama, y no huye de la comedia.
– Además, expresamente escrito para usted. ¡Qué lujo!
– ¡Es que la idea original fue mía! Le dije a Juan Carlos Rubio, el autor y director: «¿Por qué no hablamos del nido vacío desde el humor y hacemos reflexionar?». Y lo que hicimos fue utilizar verdaderamente mis diarios, mis cuadernos, mis anotaciones… ¡Le llevé a la verdadera habitación de mi hijo que se había ido!
–¿Y cuánto hay de Toni Acosta?
– ¡Mucho! Aunque luego la ficción se va a otros lugares para apretar más la tuerca. Queríamos a una mujer que no fuese actriz, que no tuviese tanta vida social donde refugiarse, con un trabajo que tampoco le encanta y con un único hijo para que se quedara totalmente sola. Pero sí, parte de mis propias vísceras. Y eso que yo tengo dos hijos.
– Pero la emoción es lo que vale.
– Es que la emoción es auténtica, por eso la gente empatiza tanto. Las emociones son las mías cuando me vi en esa situación. Otra cosa es que en el teatro pongamos las cosas más difíciles. Mi hijo se fue cerca, a Barcelona, y el de la función se va a Boston para que sea más dramático comunicarse. Pero la patada en el estómago es la misma.
– ¿Y usted cómo lo llevó?
– Pues, sinceramente, me sorprendió que me pegara el nido vacío. Pensaba que, al tener tanta vida profesional, no lo notaría. Pero no.
– Es que no todos somos padres, pero sí que todos somos hijos.
– ¡Ese es el gran acierto de Juan Carlos Rubio! Yo busqué expresamente a un hombre para escribir esto porque pensaba que dos mujeres hablando del tema nos podíamos poner muy intensas. Y Juan Carlos trajo su visión de cómo te vas de casa. Su madre siempre le decía que su mejor plan era estar con él y eso genera una culpa tremenda porque tú tienes que vivir tu vida. Además, las madres de hoy estamos pegadas a la pantalla con videollamadas diarias.
– Pero no siempre ha sido así.
– ¡Qué va! Yo cuando me fui de casa hablaba con mi madre dos veces a la semana. El cordón umbilical ahora es digital.
Experiencia personal
«Me sorprendió que me pegara el nido vacío. Pensaba que con tanta vida profesional no lo notaría»
Referentes en ficción
«Aplaudí cuando Jennifer Aniston le dijo a su hija en ‘The Morning Show’: ‘Me destrozaste el coño cuando te parí’»
– Como madre y actriz. ¿El cine nos ha vendido bien la moto de la maternidad?
– Totalmente mitificada. La maternidad se romantiza, y las películas que se atreven a romper con eso normalmente son «de culto», que las vemos cuatro. ¡Qué pena! Yo abogo por mostrar a madres imperfectas que se esfuerzan, pero que no quieren renunciar a sus carreras. Hoy en día se tiene muy poca empatía con las madres. Parece que si una madre se sale de la norma para divertirse o hacer sus planes, está estigmatizada.
– Las comedias con Santiago Segura ya le han metido un buen hachazo a ese mito.
– Los creadores de ‘Señoras del (h)AMPA’ me dijeron que lo íbamos a petar «porque por primera vez aparece una madre que dice: ‘ahí os quedáis’». Era la primera vez que, en comedia ligera, la madre se reivindicaba. Pero faltan referentes. Recuerdo que me levanté en el salón de mi casa y aplaudí viendo ‘The Morning Show’, cuando Jennifer Aniston le suelta a su hija: «Cariño, es que me destrozaste el coño cuando te parí» (risas). Una mujer que ponga su carrera por delante de sus hijos hoy sigue estando señalada. ¿Y un hombre? Un hombre no.
– ¿Se le acercan madres a decirle que se ven reflejadas en usted?
– Sí, muchas mujeres, pero ¡también adolescentes! La generación de mi hijo ya reconoce a este tipo de madres. Soy yo la que les dice: «Me voy al gimnasio» y me voy. Las cosas están cambiando en la calle, pero no en las pantallas. Si ponen a una madre así, el tratamiento es: «Bueno, la protagonista está loca». No, perdona: está intentando sobrevivir a la vida que llevamos.
– Si su propia vida familiar fuera una película, no sé si se ha llevado a plantear quién la podría dirigir… ¿Almodóvar?
– No, no. Mi hijo, que es el que mejor conoce perfectamente lo intrínseco de esta madre que tiene. Yo a veces le digo: «Es lo que te ha tocado, mi amor, tengo cosas buenas y cosas muy malas».
– ¿Pero no le daría pudor que alguien tan cercano rascase ahí?
– ¡Qué va, al contrario! Sería capaz de contarle mis secretos más íntimos. Es el único que va a entender mis mierdas y mis infiernos.