La mejor decisión de esta casa en la playa fue no olvidar la idea con la que nació

Construir sobre un acantilado frente al Mediterráneo exige aceptar una condición desde el primer boceto: el paisaje siempre tendrá la última palabra. El arquitecto siciliano Armando Barraja entendió esa idea al diseñar esta villa en los años 70. Su reciente rehabilitación, realizada por Nicola Spinetto Architectes, parte de una premisa poco habitual: no demostrar todo lo que puede hacerse, sino recordar todo lo que ya funcionaba. Más de 50 años después, la geometría, los materiales y la relación con el mar siguen demostrando que algunas arquitecturas no necesitan reinventarse para seguir siendo contemporáneas.

Casa de playa en sicilia

Construida sobre un acantilado de la costa siciliana, la villa fue concebida para integrarse en el paisaje sin competir nunca con el Mediterráneo.

© Laura Crucitti.La regla de los 90 centímetros

A primera vista cuesta descubrir qué hace que esta villa resulte tan equilibrada. La respuesta no está en un material concreto ni en un gesto arquitectónico llamativo, sino en una regla geométrica casi invisible que organiza todo el proyecto. Cuando Armando Barraja diseñó esta casa en la playa en los años 70, utilizó una retícula formada por módulos de 90 × 90 centímetros como base para organizar la distribución de las estancias, definir sus proporciones y adaptar la vivienda al perfil irregular del acantilado. Aunque el visitante nunca llegue a percibirla, está presente en cada recorrido y en la manera en que los espacios se relacionan entre sí. Las largas losas horizontales prolongan visualmente la línea del horizonte, mientras que el límite entre el interior y el exterior se difumina hasta el punto de que la arquitectura parece formar parte del propio paisaje.

terrazza sul mare

Las aperturas de suelo a techo y la continuidad de los materiales diluyen la frontera entre la casa y el mar.

© Laura Crucitti.Ventanales en dormitorio

La relación con el paisaje no termina en las terrazas: también define la atmósfera de los espacios interiores.

© Laura Crucitti.