El camino hacia el infierno empresarial está empedrado de deudas y mala gestión. Y hacia él se dirigía con paso firme la empresa de ingeniería asturiana Duro Felguera hasta que, el pasado día 15, un juzgado de Gijón alumbró algo parecido a un milagro con muchos ceros. El juez avaló el plan de reestructuración de la compañía, que llevaba un año y medio en preconcurso de acreedores, y eso ha borrado de un plumazo un pasivo contingente de 980 millones de euros asociados a litigios, arbitrajes y reclamaciones vinculadas a proyectos históricos con problemas como el de la central de ciclo combinado en Djelfa (Argelia), la de Jebel Ali (Emiratos Árabes), la central eléctrica de Termocentro (Venezuela), la central térmica de Petacalco (México), el proyecto de almacenamiento de hidrocarburos Recope en Costa Rica o la planta de cogeneración de Aconcagua en Chile. Además los 137 millones de deuda financiera que tenía entre préstamos, avales, obligaciones convertibles y otros créditos se han reducido a 16 millones.

La situación parecía tan desesperada que solo se presentaron nueve alegaciones (que fueron rechazadas) y los bancos aceptaron quitas del 100%. Incluso el Principado de Asturias perdonó un préstamo de seis millones de euros que le había dado a la empresa durante la covid y que pagarán los contribuyentes. De este modo, el lunes pasado arrancó un proceso complejo que durará meses y que transmitirá las principales líneas de negocio a una sociedad llamada Duro Felguera Global Solutions, (MidCo).

Eduardo Espinosa, presidente ejecutivo, ha pilotado la operación que les permite respirar tranquilos. “Cuando ves que tienes más abogados que ingenieros algo va mal” describe sobre la situación que se encontró tras su nombramiento, en noviembre de 2024. Él había negociado un año antes el desembarco en Duro Felguera del mexicano José Miguel Bejos –presidente del Grupo Prodi y Mota-Engil México, sociedades que tomaron el control de la española tras inyectar 91 millones–. Su diagnóstico inicial de la situación fue demoledor: “Son tantos los problemas que tiene esta empresa que si no pensamos que va a salir bien… no tiene sentido pelear”. Por una parte estaban los proyectos con pleitos por retrasos y peleas con los clientes. “Generaban una distracción de recursos y energía considerable e incertidumbre en los clientes, que veían en nuestros estados financieros arbitrajes millonarios. Eso, en términos prácticos, genera una mayor demanda de avales, limita la capacidad de negociación con proveedores… en suma, eres poco competitivo. Negociabas en desventaja con respecto a los demás”, expresa el directivo.

En el plano financiero las cosas no estaban mejor, con una deuda con la SEPI de 120 millones otorgada por el fondo de rescate durante la pandemia en un momento en que la compañía tenía en su consejo de administración a los exministros socialistas Jordi Sevilla y Valeriano Gómez. La ayuda fue polémica, porque en pleno rescate, el consejero delegado de entonces, Jaime Argüelles, fue blindado con 27 meses de salario fijo (por el que cobraba 370.000 euros, variable aparte).

Eduardo Espinosa Bustamante, presidente ejecutivo de la compañía. DURO FELGUERA

La situación de caja era limitada y solo el coste en plantilla ascendía a unos cien millones de euros anuales. Además, algunos clientes ejecutaron avales cuando las cosas se pusieron feas. “Enviamos un mensaje: queríamos negociar no para ganar más dinero, sino para salvar los proyectos sin entrar en un proceso de reestructuración”. Los clientes y proveedores tuvieron que elegir entre susto o muerte. El grupo presentó varios esquemas para recomponer el negocio; el accionista mayoritario prometió invertir otros diez millones y vendieron su sede por 13 millones, abandonando las instalaciones de Gijón para volver a La Felguera, en Langreo, donde Pedro Duro fundó la que fue la primera gran siderurgia de España en 1857. Con la Sepi renegociaron un calendario de devolución más manejable que se dilatará hasta 2035.

“La bandera que tuvo esta empresa para salir adelante fue sus 168 años de historia, su know how y su relevancia en el mercado”, cree el directivo. Esta semana arrancó la maquinaria burocrática que arropa el plan: una operación acordeón aprobada el lunes reducirá el valor nominal de las acciones de 0,05 a 0,025 euros para luego lanzar una ampliación de capital de 10 millones que suscribirá el grupo Prodi. En Bolsa los títulos cotizan a 0,23 euros acumulando una subida del 32% este año. Pero la empresa vale menos de la mitad de lo que le debe a la SEPI y, por supuesto, no espera repartir dividendos.

Duro Felguera, sobre el papel, puede ahora encarar el futuro con más garantías de éxito. Manuel Riera, miembro del comité de empresa, explica que durante este tiempo preconcursal no han parado. “Seguimos sembrando, fuimos trasladando nuestras ofertas a clientes interesados. Ejecutamos antes del plazo previsto la conversión a gas natural e hidrógeno de la central térmica de Aboño (Asturias)”. Tras el último despido colectivo de 180 empleados (que formalmente termina el próximo 30 de junio) y la venta de activos, la plantilla ha pasado de unas 1.500 personas a 525. Y tras las distintas operaciones hay 23 millones en caja. “Llevamos desde 2016 aguantando situaciones complicadas. Se han ido un montón de compañeros, gente muy válida que esperamos que en esta etapa se puedan recuperar si el negocio empieza a marchar bien”, añade.

Eduardo Espinosa asegura que la empresa, aunque mucho más pequeña, ya no va a embarcarse en proyectos a pérdidas, (“cuanto más facturábamos, más perdíamos”) y está preparada para aprovechar el inmenso negocio energético y de seguridad de suministro que hay en el mercado.

Imágen de la antigua fábrica de La Felguera finales siglo XIX en Langreo (Asturias). DURO FELGUERA

En México, de la mano de su socio, tienen cartas de intención para negocios valorados en 400 millones; y a través de Prodi participan en la construcción de una planta de amoniaco y de una central de ciclo combinado. “Tras la covid se dispararon las solicitudes de montaje de turbinas y luego vino la demanda de los centros de datos. El valor que tiene Duro Felguera es muy claro ahí”. También se apoyarán en proyectos de minería y en todo el abanico del mercado energético, en especial en la creación de sistemas combinen seguridad con la transición mediambiental. “¿Quién puede hacerlo rápido y de forma eficiente? Nosotros. Ese es el modelo en el que DF quiere participar”.

Su previsión de ingresos este año es de 120 millones, 87 millones con su división de ingeniería y 32 millones en servicios. “Los contratos a pérdidas ya no están. Continuaré ciertos procesos legales pero no tenemos reclamaciones en contra y podremos liberar provisiones por valor de 68 millones”. A eso se añade la posible venta a Indra del taller de Barros, en Langreo, una bolsa de suelo industrial de unos 80.000 metros de los que salió en su día una tuneladora para la M30 o la que ayudó a construir el AVE de Sevilla a Málaga.

Pero no podrán apartar la vista de aspectos que no tienen que ver con el negocio. En octubre se celebrará en la Audiencia Nacional el juicio por presunto pago de sobornos entre 2008 y 2013 para la construcción de una central termoeléctrica en Venezuela en el que está encausada la empresa, su expresidente Juan Carlos Torres y dos exviceministros. En relación con este caso, Duro Felguera también ha salido en el sumario que afecta a la exmilitante socialista Leire Díez, quien a través de una tercera persona había intentado que el fiscal anticorrupción José Grinda parase la investigación en esta causa. Además, Hacienda mantiene abiertas dos investigaciones por supuesta declaración incorrecta del impuesto sobre sociedades en el extranjero por un importe de 150 millones.

Espinosa, que ha heredado la tarea de lidiar con estos casos, asegura que la empresa está tranquila y no espera tener ningún problema al respecto. “Lo que sucede ahora con el entorno político de España contamina el tema. La visión que tienen los expertos que hemos consultado es positiva porque tenemos argumentos muy sólidos a favor”. En cuanto al préstamo de la SEPI, la empresa considera que cumplió estrictamente con los requisitos requeridos, que se tramitó “por los cauces legales, con los controles establecidos y con la validación de terceros externos”.

La estabilidad completa, calcula el presidente, llegará cuando consigan facturar 400 millones: “Vamos a aumentar los controles de riesgos, estamos más enfocados. Una vez que saquemos el folleto [de la ampliación de capital] los inversores van a ver claramente hacia dónde vamos”.