Los indicadores económicos dibujan una España en crecimiento, mientras que los jóvenes, y lo que no lo son tanto, no perciben esos avances en el día a día. Y es que la precariedad actual es un problema estructural que combina empleo temporales y mal pagados, dificultades extremas de emancipación, donde la edad media supera con creces los 30 años, y un alto riesgo de exclusión social, algo que genera un marcado retraso en los proyectos de vida tradicionales.

El Indicador Sintético de la Juventud (ISJ), elaborado por la Fundación PwC, concluye que los jóvenes españoles tienen una situación social y económica peor que los de hace 30 décadas tras analizar por primera vez en España 39 variables económicas y sociales agrupadas en cuatro ámbitos: demografía, mercado de trabajo, educación y vivienda.

La universidad «ha perdido el monopolio del conocimiento»

«Muchos jóvenes se encuentran con que con 30 y 40 años todavía sus condiciones laborales son de una precariedad inasumible», critica el catedrático de Literatura y profesor en la Universidad de Vigo, Jesús G. Maestro, quien lanza una dura crítica al papel actual de la universidad en el acceso al empleo.

Durante una intervención en el pódcast ‘Vidas contadas’, el crítico literario analiza cómo la institución académica ha perdido relevancia en un contexto marcado por la transformación del conocimiento y las exigencias del mercado laboral. Según explica, la universidad «ha perdido el monopolio del conocimiento» en una sociedad cada vez más fragmentada, donde ninguna institución concentra ya el saber.

«La universidad se ha quedado sin papeles. Se ha quedado sin papeles, se ha quedado sin partitura. Toca de oído, interpreta los problemas del mundo tratando de adivinarlos porque ha perdido de vista la realidad y la partitura. Y esa es una situación enormemente peligrosa para la subsistencia de la propia universidad», advierte el catedrático.

En este sentido, subraya que la Formación Profesional «ofrece alternativas mucho más inmediatas a muchos jóvenes» al permitir una incorporación rápida a un puesto de trabajo. «En dos años una persona puede formarse en una tecnología o un oficio y acceder directamente a un empleo», afirma el divulgador, que considera que la universidad presenta «una alternativa muy aparatosa», con obstáculos que retrasan la inserción laboral.

El catedrático también pone el foco en la brecha entre el ritmo del mercado y el del ámbito académico. «El mercado funciona a 30 segundos por minuto, mientras la universidad va con horas de retraso», ejemplifica Maestro, que considera que los contenidos formativos no se ajustan a la realidad profesional actual: «Yo recuerdo estar en la universidad y no acabé la carrera de periodismo porque me pareció ridículo. Nosotros ya estábamos con los blogs, con redes sociales…y la universidad te estaba hablando de maquetar un periódico con con unos programas del siglo XX. Esto no es la realidad», concluye.