El impacto de la obesidad en la esfera psicológica y social ha adquirido especial relevancia en los estudios de los últimos años sobre esta patología crónica y compleja. Las últimas tendencias frente a este desafío fueron dadas a conocer en la Mesa redonda: `Bienestar psicológico y social: posibilidades de intervención’, celebrada …




El impacto de la obesidad en la esfera psicológica y social ha adquirido especial relevancia en los estudios de los últimos años sobre esta patología crónica y compleja. Las últimas tendencias frente a este desafío fueron dadas a conocer en la Mesa
redonda: `Bienestar psicológico y social: posibilidades de intervención’, celebrada en el marco del reciente curso de verano de la Universidad Complutense ‘Obesidad, un desafío social y económico’, con el apoyo de Novo Nordisk.

Para analizar las principales claves en la materia se contó con la participación de representantes la
administración pública, salud pública, psicología clínica,
así como con la voz de los pacientes: la subdirectora general de Estilos de Vida Saludable de la Consejería de Sanidad de la Xunta de Galicia, Sagrario Pérez; Manuel Franco, investigador en Basque Centre for Climate Change Research BC3 y Johns
Hopkins Bloomberg School of Public Health; Federico
Luis Moya
,  presidente de ANPO (Asociación Nacional de Personas que viven con
Obesidad) y vicepresidente de ECPO (European Coalition for People Living with
Obesity); y Gonzalo
Hervás
, profesor titular de Psicología Clínica en la Universidad Complutense de
Madrid.

Para contextualizar este impacto psicológico se ofrecieron algunos datos extraídos del reciente informe ‘Autopercepción del peso y afrontamiento de la obesidad (ver IM Médico), de Open España, en el que se constata que las personas con obesidad presentan mayores dificultades emocionales, que comienzan a hacerse visibles y a incrementarse proporcionalmente al grado de obesidad que se padezca. Así, el 66,3% de las personas con obesidad severa
declara sentimientos de tristeza o de melancolía, y el 50,6% percibe problemas de sueño, mientras el 41% manifiesta tensión, estrés, etc. Y sin embargo, solamente el 14% ha recibido apoyo psicológico frente a este tipo de situaciones, pese a que el estigma social que les rodea puede acabar afectando a su salud mental.

La representante de la Consejería de Salud de Galicia, que explicó la experiencia de su comunidad con el proyecto ‘Plan Obesidad Zero 2022-2030, consideró que hay que actuar con urgencia ante este caso. Como avanzó «estamos preparando la
ley de salud pública y tenemos la intención de que sea obligatorio el registro
de, al menos, el peso y la talla como obligatorio en Atención Primaria».



Sobre todo, de acuerdo con Manuel Franco, cuya exposición giró en torno a la prevención desde la salud urbana, consideró que hay que establecer las medidas oportunas porque de lo contrario «se va a perder esta batalla de salud pública, no solo en España sino a nivel mundial», convencido de que el principal desafío de la obesidad procede de un contexto social y económico. «Tenemos que entender la sociedad y la economía para comprender lo que ha pasado
con nuestra falta de salud, con nuestras enfermedades y, por
lo tanto, con la obesidad», subrayó.

El prof. Franco incidió, en otro momento de su intervención, en la importancia de los entornos, centrándose, en concreto, en el vínculo entre ciertos elementos urbanos en la evolución de la obesidad desde edades tempranas, poniendo como ejemplo la cantidad de establecimientos de ‘comida basura’ y su proximidad a escuelas e institutos. Aquí también influyen, por otra parte, los menús escolares, así como el estado de los parques y su uso para actividades deportivas, además del transporte activo, entre otros.  En este sentido, «fijarnos
en lo que hacen países o ciudades que lo están haciendo bien, es
importante para entender cómo podemos hacerlo a nosotros un poco mejor para avanzar hacia una mejor salud», agregó.

Por su parte, el psicólogo Hervás incidió en su ponencia, sobre conceptos como el ‘bienestar eudaimónico’ enfocado a la obesidad, sustentado en: planificación y orientación al futuro: «las personas
con mayor bienestar rasgo priorizan las consecuencias a largo plazo, planifican lo que comen, compran y cocinan». Otro aspecto ligado al anterior es el de la regulación emocional adaptativa: menor
necesidad de usar la comida como regulador de emergencia ante el malestar, además de un repertorio de estrategias más amplio y flexible. A ello se suma la autorregulación
y autoeficacia percibida
, en el sentido de una menor
impulsividad y mayor confianza en la capacidad de mantener conductas saludables, además de un menor abandono ante los primeros fracasos.

Finalmente, el representante de los pacientes, Federico Moya, lamentó que haya «muchas personas que viven con obesidad que, por el estigma social o, incluyo, por el miedo, no se atreven a salir de su casa», animando a los propios afectados a «reconocer que vivimos con una enfermedad y, a partir de ahí, tomar las riendas de la propia vida».

Moya abogó, asimismo, por poner la salud en el centro «donde también tendrían que
estar las personas que viven con obesidad», instando al
reconocimiento de la obesidad como una enfermedad y «no, simplemente, como un problema de salud pública», al mismo tiempo que reivindicó un plan integral de abordaje de la obesidad. «Esto
es una batalla conjunta entre todos los agentes sociales y en donde hay que dar, sobre todo, voz al paciente», concluyó.

Impacto a nivel laboral

Otro de los aspectos más relevantes abordados en el curso sobre obesidad tiene que ver con el impacto laboral derivado de esta enfermedad, reflejado también en el informe ‘Autopercepción del peso y afrontamiento de la obesidad (ver IM Médico).

Al respecto, se destacó la prevalencia de la obesidad en personas con menor nivel de renta,
que el 22,4% de las personas con menos ingresos presentan obesidad y,
específicamente, un 14,2% en los grupos de mayor edad.

Por otra parte, más allá de las dificultades percibidas de acceso al empleo, sobre todo, a medida que se avanza en edad laboral, se pudo percibir que la obesidad también puede generar repercusiones relevantes en la trayectoria profesional del afectado. En casos de obesidad extrema, por ejemplo, se incrementa el número de bajas médicas y su duración suele ser más prolongada.

En cualquier
caso, como destacó al cierre de la jornada, la coodirectora de la misma, la
reconocida endocrinóloga Dra. Susana Monereo, jefe del Servicio de
Endocrinología y Nutrición del Hospital Ruber Internacional, de Madrid,
«hemos pretendido ampliar la mirada sobre la obesidad y analizarla, además
de como un problema de salud, como un desafío psicosocial y económico».