Científicos de diversos centros japoneses han establecido que la ingesta diaria de un gramo de polvo seco del alga Euglena gracilis durante ocho semanas reduce los síntomas del resfriado común en personas sanas que habían experimentado síntomas previos en la misma estación en la que se llevó a cabo el …

Científicos de diversos centros japoneses han establecido que la ingesta diaria de un gramo de polvo seco del alga Euglena gracilis durante ocho semanas reduce los síntomas del resfriado común en personas sanas que habían experimentado síntomas previos en la misma estación en la que se llevó a cabo el ensayo. El 73% de los participantes del grupo de tratamiento activo experimentó algún síntoma, frente al 94% del grupo placebo, una tendencia que se confirmó en las distintas etapas del estudio. En concreto, las reducciones se observaron en la incidencia de fatiga, escalofríos, goteo y congestión nasal, dolor de garganta, tos y dolor de cabeza durante el conjunto del estudio y su primera mitad, mientras que en la segunda mitad se mantuvo una menor presencia de fatiga, estornudos y escalofríos.

Al finalizar el periodo de tratamiento, se constató un aumento significativo del marcador de activación CD86 en las células dendríticas plasmacitoides circulantes, así como un incremento del porcentaje de monocitos, aunque no del de otras células inmunitarias. Tampoco se observaron diferencias en los niveles de inmunoglobulina E específica frente a alérgenos relevantes. Ayaka Nakashima, investigadora de Euglena Co., Ltd. y directora del estudio, afirma que la intervención dietética también tuvo un efecto beneficioso, aunque modesto, sobre la función intestinal, al mejorar la consistencia de las deposiciones. No se registraron efectos adversos ni alteraciones hematológicas clínicamente significativas, añade la científica.

Nakashima señala que el componente bioactivo del alga es el paramilón, un betaglucano que imita un patrón molecular asociado a patógenos e interactúa con el receptor correspondiente en las células presentadoras de antígenos, incluidas las células dendríticas plasmacitoides. Esta interacción promueve la maduración celular y favorece las respuestas inmunitarias innatas, esenciales para la defensa frente a infecciones bacterianas y víricas, concluye la investigadora.


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