Por fin hemos podido jugar a Splatoon Raiders gracias a Nintendo, y os traemos nuestras primeras impresiones del primer spin-off de la saga, una nueva exclusiva de Nintendo Switch 2. Veníamos con muchísimas horas de Splatoon encima, pero sin saber muy bien a lo que nos íbamos a enfrentar.
La verdad que ni siguiéndolo de cerca le habíamos pillado el truco. Si a ti te flipa Splatoon, quédate, que ya lo hemos descubierto y vamos a contarte lo que hemos vivido para que te hagas una idea de lo que te espera.
Gameplay Exclusivo de Splatoon Raiders para Nintendo Switch 2
Estrellados en territorio salmónido
Lo que hemos jugado de momento han sido las cuatro primeras fases y, además, un tramo ya bastante avanzado, justo donde el juego empieza a contarnos de qué va todo esto.
Megan, Angie y Rayan, el querido Clan Surimi, viajan en helicóptero junto a un mecánico cuando algo los derriba y acaban estrellados en las misteriosas Islas Espiralitas. A partir de ahí, toca apañárselas en mitad de la nada y averiguar qué demonios ha ocurrido allí.
Protagonistas frente a un gigantesco tornado.
El problema es que ese paraíso está tomado por los Salmónidos, los enemigos de toda la vida de Inklings y Octolings. Así que es un terreno hostil desde el primer minuto. Con el tiempo, el grupo levanta una base de operaciones y empieza a peinar las islas en busca de tesoros, dinero y también de respuestas.
Nintendo presentó Splatoon Raiders como una historia completa para un jugador y, os confirmamos que cumple esa promesa al pie de la letra. Tiene opciones multijugador, claro, aunque de eso ya os hablaremos más tarde, porque las hemos probado.
Rayan habla en el muelle.
Esas primeras fases nos han dejado ir cogiendo el ritmo poco a poco, uno que ya teníamos bastante trillado de Splatoon 3, presentando nuevos enemigos, mecánicas y el sistema de juego que da forma a Raiders. Salir a una isla, reventar Salmónidos, saquear el botín y volver al campamento a mejorar el equipo, un bucle que engancha bastante.
Por sensaciones, nos ha recordado a una versión ampliada de la Cara del Orden, el modo del DLC que nos hacía subir por la Torre del Orden contra oleadas de enemigos. Aquí el peso recae en el combate y prácticamente nada en las plataformas, al contrario que en los modos historia clásicos de la saga.
La base, en realidad, son las batallas contra los Salmónidos, hasta el punto de que esto es un modo historia montado sobre Salmon Run, el cooperativo online que tan bien funciona en Splatoon 3. Toca explorar, cruzarse con bichos de todo tipo que parecen zombis enloquecidos y no dejar de pintarlo todo de tinta mientras vas avanzando de zona en zona.
Inkling esquiva chorros de tinta enemiga.
En lo gráfico, reconocemos que nos ha sorprendido por lo discreto que resulta. A grandes rasgos no se aprecia un salto gigante respecto a Splatoon 3, y eso que aquel era un juego pensado para la Nintendo Switch original.
Hemos mirado con lupa y, en esta versión preliminar, las cinemáticas corren a 30 imágenes por segundo mientras que el gameplay se mueve a 60, en ambos casos como un reloj. Que las escenas no lleguen a esos 60 nos ha sabido a poco, porque diríamos que margen para subirlas habría de sobra.
No todo se queda igual que en Splatoon 3, ojo. Han pulido la iluminación, las animaciones lucen algo más finas y los efectos de desenfoque y profundidad de campo le sientan de maravilla al conjunto. Y aun así, no nos extrañaría que alguien lo confundiera con un título de la primera Switch.
Menú de armas con el Cubo.
Tiene más resolución y un rendimiento firme como una roca, pero de alarde técnico en Nintendo Switch 2 anda justito. Se ve estupendamente y va sobrado de solidez, sin pretender ser el escaparate técnico de la consola.
Si venís ya acostumbrados con el aspecto de Splatoon 3, este os va a gustar igualmente, porque comparten esa estética y estilo gamberro. Aquello ya lucía muy bien en su día, así que aquí simplemente cumple, y cumple de sobra.
Saquea, mejora y vuelve a por más
Vamos a hablar de cómo se juega y os vamos a confesar algo: ni siquiera nosotros, que hemos seguido cada tráiler al detalle, teníamos del todo claro cómo estaba montado este juego hasta que lo hemos tenido entre manos.
Ya os lo adelantábamos, esto es una especie de modo historia con el ADN de Salmon Run, volcado por completo en las batallas contra esos enemigos con pinta de pescados zombis que se te echan encima en plan avalancha.
Para plantarles cara podemos elegir entre un buen puñado de armas, prácticamente todas las que ya conocíamos de la saga. Cada bicho tiene sus mecánicas, su forma de atacar y su punto débil, de modo que conviene cambiar de táctica según quién tengas delante o cuántos vengan a la vez.
Inkling ataca a Salmónidos.
El juego se divide en fases y la rutina es clara. Entras, localizas los tesoros repartidos por el escenario y, para hacerte con ellos, barres a los enemigos que viven cerca de estos nidos. Cuando los derribes, el tesoro será tuyo.
Reconocemos que ese esquema se puede sentir algo repetitivo cuando todas las fases pivotan sobre lo mismo una y otra vez. Por suerte, hay variantes que rompen la monotonía, ya sean escenarios más pequeños y planos donde aguantar oleadas, o incursiones a cuevas subterráneas en las que hay que descender peleando hasta el tesoro del fondo.
Esas bajadas a las cuevas funcionan como un contrarreloj. Llevan un temporizador y, si se te agota antes de llegar, te toca salir por patas y dar la prueba por fallida. Son los tramos más exigentes, porque premian la rapidez para despachar enemigos rápidamente.
Cofre del tesoro conseguido.
Conforme avanzas, vas recogiendo unos objetos llamados espiralitas, que hacen las veces de moneda en el juego, recuperando tesoros y, de cuando en cuando, encontrando armas principales de niveles distintos. Ahí es donde la cosa se aleja del Splatoon de toda la vida.
Aquí puedes acabar con cuatro salpicadoras encima, cada una con su nivel, algo que no funciona así en las entregas principales. Y eso es un gran cambio porque hay fases tan duras que no las sacas adelante sin un arma a la altura, por muy bueno que seas, literalmente, es imposible terminar ciertos contrarreloj a tiempo. Esto añade al asunto una pizca de rol, aunque no hemos podido ver la profundidad final del sistema.
La personalización llega de la mano de un robot que descubren los protagonistas por las islas y que deja que uno de los tres del Clan Surimi te acompañe en las incursiones. Su gracia está en ampliarte el repertorio, saltar sobre él, soltar ataques especiales o echar un cable disparando tinta.
Inkling explora siguiendo el radar del mapa.
Las armas secundarias han cambiado el chip respecto al juego original. Ya no van pegadas al arma principal, sino que puedes configurarlas a tu gusto y enchufarles potenciadores que les cambian las mecánicas.
De los que hemos visto, los potenciadores son más bien sencillitos y no nos hemos topado con nada super loco que descompense la partida. Un giro curioso para unas secundarias que antes eran bastante simples.
No estamos ante un roguelike, que quede claro, porque entre partida y partida conservas todo lo conseguido. Lo que sí hay es un punto de azar muy presente, armas y tesoros que aparecen de forma aleatoria, y apostamos a que ese toque aleatorio de recompensa será el corazón de la jugabilidad.
Inkling cruza un aro mientras hace surf.
Mejor en cuadrilla
Aquí va otra de esas cosas que Nintendo nos contó a medias y que no terminamos de ver hasta que nos pusimos a los mandos. De primeras, el juego se presentó como un modo historia para un jugador, y en lo fundamental lo sigue siendo.
Lo que pasa es que, igual que en Salmon Run y en la saga principal, la experiencia mejora jugando acompañado. Splatoon siempre ha sido de echar el rato con más jugadores
Por eso viene de perlas que el modo historia se pueda recorrer casi al completo en multijugador. Podéis visitar las fases con hasta cuatro y superarlas todos a la vez, sin que la aventura os obligue a ir en solitario.
Detalle del arma Devastador.
Cuando sois más, la dificultad sube para que la cosa no se quede floja. Los enemigos aguantan bastante más y las armas se notan más débiles, algo que os obliga a repartiros el trabajo y a coordinaros en lugar de ir cada uno a su bola.
Esa sensación remite de lleno a Salmon Run, solo que en escenarios más amplios y montados de otra manera. Es algo distinto y familiar al mismo tiempo para quien ya conozca el cooperativo de siempre.
Dicho de otra forma, es como si hubieran cogido Salmon Run y le hubieran levantado encima un modo historia para hasta 4 jugadores, con sus cosillas RPG e incluso algún guiño al roguelike que le da un toque distinto.
Combate contra Salmónidos gigantes sobre Rayan.
Tras dejar atrás estas ocho fases, nos quedamos dándole vueltas a cuánto puede dar de sí con el paso de las horas. La estructura pide a gritos que repitas escenarios para seguir mejorando el equipo, y ahí el juego tendrá que esforzarse en dejarnos con ganas de volver a ellos.
Un caramelo para los de siempre
Es la primera vez que tocamos Splatoon Raiders, y de Splatoon sabemos un rato, porque llevamos años sin soltarlo y al Salmon Run seguimos pegados. Lo hemos sentido exactamente como un modo historia de Salmon Run para uno o varios jugadores.
El concepto es estupendo, divertido y loco, y estamos convencidos de que los más fieles a la saga les va a encantar igual que les gustan las entregas principales. Otra cosa es que conquiste a quien llegue de cero a la saga.
Se mete a fondo en su lore, presentándote a unos personajes que nacieron en Splatoon 3. Te los introduce, sí, pero da casi por sentado que ya sois viejos conocidos, conque huele a obra pensada para los fans hasta que llegue Splatoon 4.
Menú de selección de dificultad del juego.
En lo visual se nos ha quedado algo corto para lo que esperábamos de Nintendo Switch 2. Cumple y funciona, no nos malinterpretéis, pero no es el juego que va a sacar músculo de la consola ni de lejos.
Tampoco nos cabe en la cabeza que las cinemáticas se queden en 30 imágenes por segundo cuando la consola podría llegar a 60 sin despeinarse. Ojalá quede resuelto en la versión final, porque nos ha llamado la atención.
Jugablemente es Salmon Run, con un punto de azar al dar con armas y potenciadores con muchas combinaciones. La personalización es clave en el juego, muy por encima de lo visto antes en la saga, y creemos que esta será la razón para seguir jugándolo.
Ahora bien, para que dure años como los grandes de la franquicia, el juego necesita ese gancho que te invite seguir jugando. Esa es la pregunta que nos llevamos.
Y mira que es una aventura pensada sobre todo para uno, pero la hemos disfrutado todavía más en modo multijugador, de ahí que confiemos en que empuje ese cooperativo a la larga para estirar la diversión.
De cara al análisis que os traeremos pronto nos quedan varias incógnitas, y esperamos despejarlas con el juego ya en su versión definitiva. Hoy por hoy os lo decimos claro: será un buen juego, sobre todo para los fans de la saga, con la duda de cómo lo recibirán los recién llegados o quienes nunca tragaron con Salmon Run.