Elena Ruiz de la Torre, directora ejecutiva de la European Migraine & Headache Alliance (EMHA)
Las personas con migraña viven con mucho más que un dolor de cabeza. A la intensidad del dolor y a los síntomas que la acompañan como la fotofobia, la sonofobia o las náuseas se suma una infravaloración persistente de su impacto en su vida personal, social, familiar y laboral. Esta banalización está estrechamente vinculada al sesgo de género que rodea a la migraña debido, en gran medida, al hecho de que afecta mayoritariamente a mujeres.
El 70% de las personas con migraña en España son mujeres, pero su impacto sigue infravalorado en la asistencia sanitaria
En concreto, en España, el 70% de las más de seis millones de personas con migraña son mujeres. Sin embargo, esta realidad no se ha traducido aún en un abordaje asistencial acorde con su magnitud ni con sus particularidades clínicas. En este sentido, desde la European Migraine & Headache Alliance (EMHA) defendemos que la migraña debe ocupar un lugar prioritario en las políticas de salud de la mujer, incorporando de forma sistemática la perspectiva de género tanto en las estrategias nacionales como europeas.
Con el objetivo de profundizar en el impacto específico de la migraña en las mujeres, la EMHA ha impulsado el estudio europeo “Migraine and Women – The Invisible Hormonal Pattern, realizado en una muestra de 5.410 personas de 13 países, siendo el 9% (483) participantes españolas. Sus resultados confirman una realidad ampliamente reconocida por las pacientes, pero todavía insuficientemente integrada en la práctica clínica: los factores hormonales influyen significativamente en la migraña.
El 69% de las mujeres asegura que las crisis asociadas a la menstruación son más intensas y difíciles de tratar.
De hecho, el 43% de las españolas encuestadas afirma que los ataques se producen durante la mayor parte (2 de cada 3) o en todos los periodos. Asimismo, el 69% afirma que las crisis coincidentes con la menstruación son más intensas, duraderas y difíciles de tratar que en otros momentos del ciclo.
A esta falta de integración del patrón hormonal se suma un problema estructural de infradiagnóstico. El 43,8% de las personas con migraña en España no tienen un diagnóstico formal, lo que implica que no han consultado o no han sido diagnosticadas adecuadamente. Esta demora retrasa el abordaje adecuado: los pacientes pueden tardar más de 6 años en recibir el diagnóstico, y pueden pasar hasta 14 años desde el primer ataque de migraña hasta la primera consulta con atención especializada. Un fallo asistencial que impacta especialmente en las mujeres durante sus años más productivos.
Por ello, es fundamental implementar medidas para reducir el estigma, mejorar la sensibilización y garantizar el acceso al diagnóstico y al tratamiento, incluso en el lugar de trabajo. Para lograrlo, es necesario reforzar los circuitos asistenciales y mejorar el conocimiento por parte de Atención Primaria y de neurología general de la alta carga que supone esta enfermedad. Porque un abordaje precoz y adaptado a la complejidad de la migraña permitiría evitar retrasos innecesarios y mejorar los resultados en salud.
El 43,8% de las personas con migraña carece de diagnóstico formal, retrasando durante años el acceso al tratamiento
Ante este escenario, desde la EMHA trabajamos sobre tres pilares fundamentales: reconocer, diagnosticar y tratar. Reconocer la migraña menstrual como un problema relevante de salud de la mujer; mejorar su diagnóstico, acortando tiempos y optimizando los circuitos asistenciales; y evolucionar hacia tratamientos personalizados, adaptados a los distintos momentos hormonales a lo largo de la vida de la paciente.
En definitiva, la migraña es una enfermedad que afecta de forma desproporcionada a las mujeres y requiere un abordaje con perspectiva de género que pasa por incorporar la migraña de forma explícita en la estrategia de salud femenina y por elaborar un plan nacional, de manera que pueda garantizarse una atención integral y se minimice el impacto que tiene en el día a día de quienes la padecen.
Se trata de un paso imprescindible para que este reconocimiento se traduzca en mejoras reales en la práctica clínica y en la calidad de vida de las pacientes. Solo así será posible dar respuesta a las más de 4 millones de mujeres que conviven con esta enfermedad en España, reducir su carga individual y garantizar una participación plena en la vida laboral y social.