Pantigoso contó a DV en 2018 la historia de este local de paredes rojas y acolchados de cuero negro al que han acudido generaciones de guipuzcoanos. Antes de su apertura Adolfo trabajó en la sala de fiestas Tiffany’s de Pamplona y le sirvió para traerse a Donostia ese concepto de local a medio camino entre el bar y la discoteca. Contó su idea a Chuchín Fernández-Garate y montaron el Hollywood.

En mayo de 1977 abrió sus puertas el primer pub de San Sebastián y el único de los de aquella época que aún perdura. Adolfo comprobó muy pronto que se había embarcado no solo en un negocio sino también en un termómetro de su época. «Quince días después de abrir mataron a tres policías en Amara y entraron al pub veinte guerrilleros de Cristo Rey. Lo destrozaron todo y nos calentaron bien. Después entraron en el cine Trueba y en un bar de la calle Iparraguirre. Eran tiempos muy revueltos», reconoció a DV.

Tras su jubilación ha seguido apareciendo de vez en cuando por el Hollywood que ahora regenta su hijo Javier. El secreto del Hollywood, decía era haber sabido mantener una personalidad propia más allá de las modas y el haber pinchado siempre la mejor música, siempre tutelada por la fotografía de David Bowie que compró en un viaje a Nueva York.

Ayudado por su amigo Juan Carlos, pinchadiscos en el KU, Adolfo se fue haciendo con «los discos que funcionaban en Ibiza». Además, cada quince días viajaba a Biarritz para comprar novedades que aquí eran impensables de encontrar. «Siempre estuvimos en vanguardia», aseguró el hostelero, que con el tiempo acumuló una colección de 3.000 vinilos.

Aquella juventud ansiosa de finales de los 70 se graduó en musicología en el Hollywood. Algunos lo hicieron con matrícula de honor, como una joven y entonces desconocida Orquesta Mondragón que acudía al disco bar a escuchar música. De los altavoces surgían canciones de Santana, Lou Reed, David Bowie, Allman Brothers, Neil Young, Crosby Stills and Nash o los Creedence. «Todas las noches cerrábamos con ‘Goodnight ladies’, de Lou, y desde el principio es obligatorio que cada día suene una canción de los Creedence», explicaba Adolfo.

Los años ochenta fueron los de la movida y la plaga de las drogas, a las que hizo frente Adolfo. «Yo he sido muy tajante con eso, no he dejado que se fumara ni un canuto en el pub», afirmaba. La década terminó en plena ebullición del sida y comenzó con la aparición de una juventud diferente. «En los noventa apareció una generación distinta, mucho más abierta, más educada de cabeza y preparada para la vida. Sabían lo que eran las drogas y lo que era beber, algo que no se sabía en los ochenta, que fueron terribles».

Desde la barra del Hollywood, Pantigosa vio y conoció a todo tipo de personas, como los dos enormes camioneros daneses ‘que venían a San Sebastián a comprar hormonas’. «En una tarde se tomaron cada uno sesenta chupitos de tequila con unas gotas de tabasco». Se hizo amigo también de una generación de futbolistas de los que no hay ahora porque «están más vigilados». «Aldridge solo bebía cerveza y Atkinson de todo, un día me pidió coñac con zumo de naranja y cuando le dije que no tenía zumo me contestó ‘pues coñac solo’».

«Un bar es la segunda casa de una persona», afirmaba Adolfo Pantigoso. Pero los tiempos cambian y la juventud varió sus hábitos. «En los años ochenta se salía todas las noches pero en los noventa eso terminó, ya no era como antes. La gente ahorraba más y viajaba; en invierno se iban todos a la nieve, parecía que si no esquiabas eras un pringado». La desaparición del ocio nocturno en la calle San Bartolomé expresa como nunca este cambio de tiempos, acentuado más si cabe tras la pandemia de covid.

Adolfo Pantigoso renegó de los nuevos bares «llenos de cristales» que nacen sin personalidad y mantuvo el Hollywood tal y como lo creó. El pub se tendrá ahora que acostumbrar, a las puertas de sus bodas de oro, a vivir sin sus continuas visitas. Su familia y amigos preparan ya el homenaje que se le tributará el Hollywood en próximas fechas y en el que no dudamos que sonara ‘Goodnight Ladies’. Los funerales se celebran mañana, viernes, en la iglesia San Sebastián Mártir del Antiguo a las 19 horas y el velatorio se mantendrá hasta las 14 horas en el tanatorio de Rekalde. ¡Goian Bego!