El talento de Mario Saint-Supéry es de sobra conocido desde hace años, pero si hay algo que está dando que hablar estos últimos días … es su increíble transformación física. Cuando el joven canterano cajista se marchó cedido al Baxi Manresa en el verano de 2024, con 17 años, se mostraba atlético, fino. Durante aquella temporada, su primera completa en una plantilla de ACB, ya se pudo ver una cierta mejoría en lo que a musculación respecta, pero nada comparable a lo que ahora podemos ver, una campaña después de su debut en la NCAA.

Como tantos otros jugadores españoles, el base-escolta malagueño decidió darle un giro a su vida y, el pasado verano se desvinculó de la que siempre será su casa, el Unicaja, para probar suerte en la liga universitaria norteamericana, en concreto, tras recibir varias propuestas, fichó por la Universidad de Gonzaga (Spokane, Washington), donde su progresión ha sido imparable. Fue mejorando partido tras partido hasta ser pieza clave de un equipo que llegó a disputar el ‘March Madness’.

(GONZAGA)

No es ninguna novedad que la dinámica del baloncesto estadounidense es muy diferente a la europea, y uno de los aspectos que más recalcan todos los españoles siempre es el mismo: el trabajo físico, al cual se le da gran importancia. En el caso de Saint-Supéry, este espectacular cambio que vemos ahora con la selección española en esta ventana no sólo ha venido dado por los duros entrenamientos en Gonzaga, también por su predisposición personal a mejorar.

Intensidad y predisposición

El malagueño ha concedido varias entrevistas estos últimos meses y en estas ya ha dado varias claves sobre su mejoría. «Desde que llegué a Estados Unidos me he dedicado a currar e intentar adaptarme lo antes posible», explicó Saint-Supéry a ‘Gigantes’. ¿Cómo? Entre otras cuestiones, dedicando más tiempo a la musculación con pesas. El escolta asegura que las facilidades para compaginar las horas lectivas con los entrenos favorecen a que los deportistas puedan dedicar más tiempo a ejercitarse. «Las pesas se hacen todos los días: entre una clase y otra, antes de las clases o después, y a mediodía, entrenamos», asegura. A lo que explica que allí se ha topado con un «nivel físico y atlético altísimo», lo que, unido a que el baloncesto allí es más individualista, le ha ‘obligado’ a ganar músculo y resistencia para hacerse un nombre en el equipo y destacar como lo ha hecho.

En el diario ‘Sport’ también explicaba un aspecto clave entre el sistema al que estaba acostumbrado en España y el de Estados Unidos. «He pasado de entrenar prácticamente toda mi vida una vez al día, o como mucho dos, a hacer durante la temporada tres entrenos al día, más pesas». De nuevo recalca las facilidades y la disposición de los equipos de trabajo para que pueda ejercitarse en cualquier momento, tanto de manera individual como colectiva. Todo a su disposición. Pero por supuesto, este cambio físico ha venido también impulsado por la ambición de Saint-Supéry, que tiene claro que no quiere pasar desapercibido, ya sea en España o al otro lado del charco. En su regreso a la selección, este jueves, ya se convirtió en uno de los pilares del triunfo nacional ante Dinamarca (109-81), al anotar 16 puntos, capturar 2 rebotes, repartir 3 asistencias y lograr +16 de valoración, reforzando así la idea de que su cambio físico está siendo crucial en su evolución.