Premio Princesa de Asturias de Arte del año pasado, la defeña con más de una veintena de reconocimientos en el ámbito internacional se planta en … la sala Laboratorio del Museo San Telmo con una exposición gratuita hasta el 30 de agosto. Incluye la novedad de doce imágenes originales impresas hace 35 años por la fotógrafa y que no habían sido rescatadas hasta entonces, expuestas por primera vez en España.
No es casualidad que se presenten en San Sebastián, ciudad a la que Iturbide le debía una cita, según relató ayer la comisaria, María Millán, en la presentación de la exposición. «Cuando conocí a Graciela en Nueva York hace años, con ese humor que le caracteriza, me dijo: ‘Mi apellido es Camino de la Fuente. Mi familia viene del País Vasco y algún día quisiera presentar mi trabajo en San Sebastián’».
Un trabajo que, en palabras de la fotógrafa, es impulsado por «la sorpresa, el asombro, los sueños y la imaginación». La metodología detrás de la muestra tiene como principio retratar lo que impresiona. Antes, sin embargo, hace falta dejarse sorprender. Sin una mirada paternalista, exclusiva o prefijada, el procedimiento de Iturbide se basa sobre la espontaneidad y la inmersión. Para documentar la cotidianidad de civilizaciones indígenas, como la zapoteca, por ejemplo, tenía la costumbre de integrarse de forma natural en la vida de los lugareños, y el resultado de las fotografías desvela una riqueza cultural imposible de capturar si no se adentra de lleno en el seno de estas civilizaciones.
Una de las fotografías que desvelan este proceso es ‘Nuestra Señora de las Iguanas’ (1979), obra que catapultó el reconocimiento internacional de Iturbide. Muestra a Zobeida Díaz, una mujer de Juchitán, Oaxaca, mirando al horizonte con nueve iguanas sobre su cabeza. Iturbide quedó fascinada al verla entrar al mercado donde solía vender verduras con las mujeres locales. Esa complicidad fugaz se ha traducido en una fuente de simbolismo para la cultura de la región y para otros artistas que han deseado reinterpretar la imagen, impactante por su fuerza emotiva.
La emoción es otro de los frentes de su trabajo, heredado de su maestro y mentor Manuel Álvarez Bravo. Solía señalar la importancia de dejarse impresionar por las culturas, por su gente, y dejar espacio a los sueños y a la sorpresa. «La emoción debe ir antes que la técnica», le decía Álvarez, algo que ella siempre ha tenido presente.
Aun así, tampoco la técnica se ha escapado de llevar el sello Iturbide. Entre sus toques distintivos se encuentran el uso de cámaras analógicas de 35 milímetros y de medio formato y el trabajo en blanco y negro, con una filosofía ajena a las modas. Ausente de juicios moralizantes, las imágenes faltas de color y cargadas de respeto, dignidad y belleza empujan al espectador a mirar con detenimiento para ir más allá de lo que la cámara hace visible.
Los muxes
‘Graciela Iturbide, sorpresas del camino’ abarca también la diversidad e identidades de distintos grupos humanos desde una postura de admiración y asombro. Los muxes de la cultura zapoteca, por ejemplo, se encarnan en los retratos de ‘Magnolia’. Estas personas no asumen los roles de la masculinidad y adoptan funciones afectivas y laborales tradicionalmente femeninas, que no sufren de discriminación alguna dentro del tejido social de la población.
«La exposición tiene por nombre ‘sorpresas del camino’ por las sorpresas de Graciela, que son dos», confesó la comisaria. Uno, el factor sorpresa, cuando está en una situación en la que ve algo, lo conecta con sus propios sueños, reconoce esa imagen y la retrata. El otro, una sorpresa secundaria, que surge cuando descubre en su estudio una imagen que había quedado en el olvido y que a la vista suscita una emoción profunda. «Si ella no se siente emocionada por lo que ve, esas fotos no salen del estudio. No se imprimen», compartió Millán.
Su capacidad de emocionarse y poder retratar aquello que conmociona desde el respeto y la admiración le ha merecido premios prestigiosos como el del Fondo Conmemorativo W. Eugene Smith (Estados Unidos, 1987), el de Hasselblad (Suecia, 2008), el Premio Nacional de Ciencias y Artes (México, 2008), el Premio Lucie (Estados Unidos, 2010), el Premio Cornell Capa del Centro Internacional de Fotografía (Estados Unidos, 2015), el Premio William Klein de la Academia Francesa de Bellas Artes (2023) y el Premio Princesa de Asturias de Arte (2025).