Madrid
Francisco de Goya pintó algunas de las obras de arte más famosas de la historia de España. Desde El 3 de mayo en Madrid hasta La maja desnuda, probablemente dos de sus obras más conocidas. Dos trabajos que no tienen nada que ver con las Pinturas negras que dibujaría durante la última etapa de su vida, en la que pintó un total de catorce murales oscuros y macabros mientras convivía con las secuelas de una larga enfermedad que le acarrearía problemas hasta el último de sus días. Entre ellos destacan Saturno devorando a su hijo, Duelo a garrotazos, El aquelarre o Dos viejos comiendo una sopa.
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Unas obras de arte conocidas mundialmente que estuvieron a punto de perderse en el olvido tras la muerte del artista. Un tema sobre el que hemos hablado en La historia en ruta, donde hemos hecho un repaso a la vida de Francisco de Goya y también a algunas de sus obras más reconocidas. En declaraciones a la Cadena SER, David Botello y Esther Sánchez nos cuentan que Francisco de Goya pintó sus famosas Pinturas negras al óleo en las paredes del primer piso de la Quinta del Sordo, donde residió durante varios años.
El origen de las Pinturas negras
¿Por qué son unas pinturas tan macabras? Por aquel entonces, Francisco de Goya estaba pasando por la que sin duda alguna fue la peor etapa de su vida. Padeció una enfermedad que le impidió salir de casa durante meses y acabó quedándose sordo y con un ruido en la cabeza que le acompañó hasta el último de sus días. Entonces, el pintor cambió su estilo de forma radical para sacar de dentro todo lo que tenía. Y de ahí surgieron estas pinturas, que están consideradas como unas de las más viscerales del siglo XIX.

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Tras la muerte de Goya, su hijo Javier hereda la Quinta del Sordo y llama a un amigo para descubrir qué hay detrás de cada una de las obras dibujadas por su padre: «El elegido es Antonio Brugada, pintor y amigo del difunto, que tiene el honor de levantar acta». Después de analizar cada una de las obras, este empieza a bautizarlas con los nombres que conocemos hoy en día: «Son los nombres que seguimos usando hoy porque, sinceramente, es que están muy bien puestos. Estamos hablando del primer registro de las Pinturas negras de Goya».

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Un rescate histórico
Y la historia de estos cuadros parece que queda ahí. Durante décadas, la casa queda cerrada, pasa continuamente de mano en mano y pasa más tiempo vacía que habitada: «La humedad campa a sus anchas, nadie limpia nada y las pinturas se van deteriorando poco a poco. Las Pinturas negras se convierten en un rumor, en historia de vecinos y en leyenda urbana». Todo ello hasta que el escritor Charles Yriarte visita la Quinta, quien describe los distintos trabajos en un libro sobre Goya que permite que estas obras vuelvan a estar en boga. Entonces, el también francés Jean Laurent decide hacer 15 fotos de las obras, que nos permiten conocer cómo eran las obras inicialmente y dónde estaban ubicadas.
Y, por último, el coleccionista Émile d’Erlanger decide comprar la Quinta del Sordo. No por sus vistas al Manzanares, sino por su tesoro abandonado: «Su plan es claro. El coleccionista quiere salvar las pinturas, exhibirlas y, si le sale bien la jugada, venderlas. Entonces, contacta con Salvador Martínez Cubells, restaurador del Museo del Prado, y le encarga que arranque las Pinturas Negras de las paredes y que las pase al lienzo. Hoy nos parece una barbaridad, pero es que en su momento era lo que había. Era la única forma de evitar que las pinturas se perdieran». El restaurador consigue salvar todas las obras, pero sí que es verdad que deja varias cicatrices ante la complejidad del trabajo, pues tenía que separar la pintura del yeso de las paredes: «Se acaban perdiendo fragmentos, se alteran colores, algunas figuras salen tocadas y otras se salvan por los pelos». Entonces, este empieza a tapar grietas, a simplificar detalles y a tratar de recuperar las obras. Todo ello para, años más tarde, exponerlas en la Exposición Universal de París de 1878.