La hostelería de la ciudad lo tiene claro: las fiestas patronales han durado tres días. Con algunos matices en función de la ubicación, la mayoría de negocios coinciden en que los burgaleses cogieron con muchas ganas el fin de semana y todavía aguantaron el ritmo hasta el lunes, pero a partir del martes el bajón fue evidente y la caja perdió fuelle. El mosqueo de los empresarios con la decisión de arrancar las celebraciones el sábado se compensó con un tiempo espléndido y el partido de la selección española, que llenó las calles hasta altas horas en la noche del viernes.
La dicha de los Sampedros se reparte por zonas y la mejor parte llega a los locales que rodean los principales eventos de la ciudad. Así lo advertían los trabajadores de las casetas, que aseguraron que los conciertos atrajeron grandes masas desde las 20 horas hasta el cierre. El negocio de San Lesmes, que las vio venir, contrató dos empleados por la mañana y cinco por la tarde. En Las Vegas coincidieron en que la ausencia de tormentas había permitido mantener la actividad hasta el lunes y que los vermuts habían sido «más tranquilos»; las camareras de La Radio admitieron que la semana había sido «más calmada de lo que esperábamos».
En el entorno de la catedral, los negocios trabajaron desde el martes como «un día normal». Así lo corroboraron en Casa Minuto, donde aseguraron que el viernes «salió todo el mundo pese a que no había nada» y el fin de semana fue «una locura». Desde entonces, sentenciaron el fin de las fiestas. «Se ha quedado en tres días», alegaron.
La misma opinión tenía en la Plaza Mayor el negocio Cañas y Tapas, que advirtió que «desde el lunes está todo muy tranquilo y parecen días normales».Aunque podría parecer paradójico, los bares del soportal se habían visto resentidos por actos como el pregón o la ofrenda floral, ya que tenían indicaciones de cerrar la terraza y el termómetro no invitaba a recluirse en el interior del local.
La sorpresa llegó con las percepciones de los bares de la calle San Lorenzo, que habitualmente sirven los refrigerios de la ciudad todos los fines de semana. En la Comidilla de San Lorenzo explicaron que el único día que se salvaba era el viernes, porque el resto había «muy poca gente», sobre todo en el horario de mañana. La Quinta del Monje coincidía en que la afluencia había sido «puntual» y concentrada en el viernes y el sábado. «Esperábamos más gente», aseguró la encargada.
Un error de imprenta. Los hosteleros de Virgen del Manzano todavía acumulaban el cabreo del miércoles, cuando descubrieron que la anunciada verbena había sido un error de imprenta en el programa y no iba a celebrarse.«La Policía nos avisó el miércoles pasado de que había verbenas aquí porque vino a hacer el acta y tuvimos que gestionar el material y el personal en muy poco tiempo», explicaron en el bar La Tertulia. «Nadie nos avisó de que se había cancelado, nos enteramos por el boca a boca. Las fiestas nunca habían estado tan mal organizadas», añadieron.
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