Cuando apenas tenía unos meses vino un capellán al hospital de Cruces porque mis padres querían bautizarme antes de que muriese». Pocas frases pueden helar … más la sangre. La dice Lucía Muñoz, una psicóloga especializada en golf que nació en Berango hace 32 años y ahora ejerce su profesión en Miami, la ciudad en la que ha echado el ancla tras una travesía que le ha llevado por Bilbao, Biarritz, Lyon, Marbella y Madrid. Esta vizcaína que atiende la llamada de EL CORREO desde el otro lado del charco llegó al mundo con una enfermedad rara por la que «me dijeron que viviría cinco años», una atresia de vías biliares con la que solo el 20% de los afectados, en su mayoría niños, llega a la edad adulta sin necesidad de trasplante. Hoy convive con una cirrosis a la que planta cara con un envidiable dominio mental que utiliza para ayudar a los jugadores que se bloquean en el campo a la hora de coger el palo y ponerse delante de la pelota.

«Desafié las estadísticas. He tenido episodios de colangitis en el hígado (inflamación), mi abdomen está totalmente abierto por la cicatriz, que se me infectó… Hasta he jugado al golf con una bolsa de orina, recién operada», enumera Muñoz, que explica que la evolución de su enfermedad hace que la bilis, cuando tiene una retención, «busque otro camino» y se vaya por la sangre, «lo que me genera un gran picor en las manos y en los pies». Un reto tras otro que pone en relieve lo que ha conseguido. «Mira, una vez viajé sola hasta Colorado (Estados Unidos) a cumplir un sueño, que era ver los X-Games de snowboard. Para una persona a la que le dijeron que no podía volar por la despresurización en cabina, verme allí fue espectacular. Me dije: ‘Joe, ¡hasta dónde has llegado!»

Actúa sobre el terreno

«La gente no me ve como la típica psicóloga de libreta. Yo les veo sufrir, tirar palos. Y es ahí donde yo actúo»

La de Berango apunta que «mientras yo pueda comer, andar y tenga energía, no quiero someterme a nada más», en referencia a un hipotético trasplante. «Mi madre se prestó, pero los médicos dijeron que lo que necesito no solo es el hígado sino todo lo que le rodea. Ahora no pienso en ello, cuando envejezca ya saldrán nuevos síntomas para afrontarlos». Y añade una frase demoledora: «Cuando te dicen una vez que no tienes garantizado despertar al día siguiente el miedo no forma parte de mi cabeza».

  • El libro

    • Honra.
      La autora se lo dedica a sus padres y a su perra Canela, que ilustra la portada.

    • Amazon.
      ‘La fuerza que se enciende cuando todo se apaga: Tiruri, tiruri… Lucía Muñoz, pase’ se vende únicamente en la web de compra online.

Esta intrépida vizcaína, que no quiere definirse como «enferma porque estoy divinamente, aunque por dentro tenga el hígado de un alcohólico», practicó tenis desde pequeña. «A otros deportes como el rugby no podía apuntarme. Tenía limitaciones». Un día se lanzó al golf y quedó prendada. «Empecé en la escuela indoor de Unai Arketa en Martiartu, antes en Berango. Mucha gente me decía que tenía un buen swing, me viene del tenis. Y pese a que algo me incomoda pude competir, jugué en Meaztegi… Fui adquiriendo un buen nivel», relata a este periódico. «Antes de llegar a la psicología trabajaba en el sector de la aviación, pero cuando llegó la pandemia todo se paralizó. Me mudé a Marbella, y en una empresa americana conocí a la que hoy es mi mujer. Hace dos años nos casamos y nos mudamos a Miami», explica.

Solo el 20% llega a edad adulta

Muñoz nació en 1994 con una atresia de vías biliares, una enfermedad rara que afecta al hígado

El Estado de Florida es uno de los epicentros del golf en Estados Unidos. Allí reside un buen puñado de los mejores jugadores del mundo por la abundancia de campos de calidad. Qué mejor sitio para emprender que en la turística ciudad asomada al Atlántico. «Empecé a ver que tenía una facilidad para ayudar a la gente a resolver sus problemas, para hacérselos ver desde otro punto de vista. Mi mujer me decía que tenía vena de coach. Así que me informé y aprendí con el mejor, el doctor Greg Steinberg, que tiene una asociación de psicología aplicada al golf. Me saqué una licencia y ahora ayudo tanto a gente que empieza de cero como a jugadores con hándicap 1 o 2», explica Muñoz, que con Mental Golf Miami trata de hacerse un hueco en un sector competitivo aportando su diferenciación: «La gente se siente muy comprendida, no me ven como la típica psicóloga de libreta. Yo voy al campo con ellos, les veo sufrir, llorar, tirar palos. Y es ahí donde yo actúo».

Como Ilia Topuria

La vizcaína trabaja también en una liga de mujeres empresarias y está cerca de colaborar con el Trump Doral, uno de los clubes más importantes de Miami. En sus sesiones utiliza un dispositivo «que usa hasta Ilia Topuria» que ayuda a la regeneración celular con unos infrarrojos en el cráneo. Esto hace que el sistema neurocelular se desarrolle mucho más rápido». Después, ese escáner cerebral «me va a decir cómo manejar la ansiedad en cada golpe, en cada putt». Una vez en el campo, trata de hacer entender a los jugadores que «lo que ven ellos en un búnker es el picor fuerte que me entra de noche. Son obstáculos que hay que superar. El que diseña los campos pone ahí la arena porque sabe que un importante porcentaje de bolas va a caer ahí. En tu mano está si los ves o no. Aunque lleve poquito en esto del coach mental, sé que llama mucho la atención por el software mental que me he tenido que implantar a mí misma por supervivencia. Eso no te lo da ni un libro ni una carrera».

Precisamente en un libro ha trasladado toda su experiencia de vida. Se titula ‘La fuerza que se enciende cuando todo se apaga: Tiruri tiruri… Lucía Muñoz, pase’, en referencia al sonido de hospital «que siempre me ha acompañado». «Mucha gente me decía que tenía que contar mi historia, y lo hice sobre todo para honrar a mis padres, que se sacrificaron mucho por mí. Mi madre dejó su carrera de abogada», cuenta emocionada la autora, que ha escogido a su perra Canela, un teckel, para ilustrar la portada. «Ha jugado un papel muy importante en mi vida. En muchas ocasiones que he enfermado mis amigas se han hecho cargo de ella, y me pareció una bonita idea».