Jorge C. Parcero

Aquel 6 de julio de 1957 era un sábado soleado. Los feligreses de la iglesia de San Pedro, en Woolton (Liverpool), disfrutaban del día al aire libre en el prado situado detrás de la parroquia. Se estaba celebrando una fiesta en el jardín y los actos más importantes del día eran la coronación de la reina de las rosas y una exhibición de perros policía. Claro que también había música. Una joven banda de skiffle tocaba en un escenario improvisado. El cantante principal tenía dieciséis años. Se llamaba John Lennon. El grupo era The Quarry Men. ¿Cómo iban a imaginar los feligreses que aquel día iba a cambiar el curso de la historia?

John era entonces un adolescente que vivía con su tía Mimi en una amplia casa adosada de los años treinta. La propiedad contaba con jardines muy bien cuidados y un pequeño porche delantero, al que el joven era desterrado cuando su infernal forma de tocar la guitarra resultaba insoportable para su tía. A John no le importaba; de todos modos, allí la acústica era mejor. Muy cerca de su casa, en Vale Road, vivían sus tres mejores amigos: Pete Shotton, Ivan Vaughan y Nigel Walley. Los tres serían miembros originales de The Quarry Men.


Cher, la diosa del pop que soñó con ser Elvis, cumple 80 años: así se convirtió en un icono de la música y la moda


La extrañas (y algunas peligrosas) amistades de Charlène de Mónaco: una pitonisa, un billonario ruso, el hijo de un Beatle...

Aunque Paul McCartney, que acababa de cumplir 15 años, había crecido a solo unos pasos de John Lennon, su origen era más humilde. El verano anterior, la madre de Paul, Mary, había fallecido de cáncer. Su trabajo como comadrona les había permitido tener una casa pequeña en una de las comunidades de viviendas sociales de la zona. Tras la muerte de Mary, varias tías se turnaron para venir a cuidar de Jim McCartney y de sus dos hijos adolescentes, Paul y Mike.

Si algo unía por entonces a John y Paul era su afición al skiffle, la música que arrasaba entonces en Gran Bretaña. Este estilo musical abarcaba elementos del folk, el blues y el jazz, interpretado por aficionados con instrumentos a menudo caseros, como un bajo hecho con una caja de té, cucharas o una tabla de lavar. Los dos futuros Beatles, al igual que cientos de adolescentes de todo el país, se habían enganchado a esta moda, y ambos habían empezado a tocar la guitarra de inmediato. Aunque, como quedaría patente esa misma tarde, Paul había avanzado mucho más que John en el dominio del instrumento.

Cuando Paul McCartney conoció a John Lennon

Ese día de verano, John estaba en el centro del escenario, con las mangas remangadas de su camisa a cuadros, mientras tocaba con fuerza su guitarra. Paul, que, a pesar del calor sofocante, llevaba su cazadora blanca favorita con unos pantalones pitillo negros, reconoció a John como un teddy boy (la primera subcultura juvenil urbana británica formada por jóvenes rockeros) al que había visto alguna vez en la parada del autobús.

A Paul le llamó la atención la forma en que John improvisaba la letra de una canción relativamente desconocida, pero que les gustaba mucho a ambos. «Fue algo increíble cómo se inventaba la letra», le contaría Paul McCartney muchos años después al biógrafo de los Beatles, Hunter Davies. «Estaba cantando Come go with me, de The Dell-Vikings, y no sabía las frases. Se las iba inventando sobre la marcha. Me pareció genial». John tenía claramente algo especial y Paul lo quería compartir.

The Beatles, en una imagen de 1963.

The Beatles, en una imagen de 1963.

GTRES

Una vez que terminaron de tocar, Ivan presentó a John y a Paul. Hoy en día resulta difícil pensar en aquel encuentro sin el peso de la historia que lo rodea, pero para aquellos adolescentes, achicharrados por el calor de julio, no sería muy diferente a cualquier otro encuentro entre jóvenes de esa edad. Después, le tocó a John quedarse impresionado cuando Paul tocó unas cuantas canciones, incluida una al piano. Lennon ocultó su admiración, pero reconoció que McCartney era bueno y tenía un repertorio musical bastante amplio, con gustos similares a los suyos.

Lo que ocurrió a continuación sigue siendo objeto de debate. John afirmó más tarde que invitó a Paul a unirse al grupo allí mismo, y que Paul aceptó al día siguiente. Uno de los amigos de John, Pete Shotton, asegura que fue una semana después cuando se topó con Paul de camino a casa de Ivan y le transmitió un mensaje de John en el que le decía que podía unirse si quería. Paul coincide más o menos con la versión de Pete. Lo que está claro es que aquel encuentro en 1957, durante una verbena parroquial, cambió el mundo para siempre.

Eleanor Rigby: una curiosa posdata

Un dato tan extraño como profético del encuentro entre los dos Beatles es que, en el cementerio de la iglesia, reposaban los restos de una mujer llamada Eleanor Rigby que había fallecido un año y un día antes del nacimiento de John Lennon. Paul McCartney ha insistido en varias entrevistas en que se trató de una mera coincidencia y que la canción que escribiría casi una década más tarde sobre una mujer con ese nombre en un cementerio ficticio no tuvo nada que ver con el nombre grabado en aquella lápida de Woolton.

John, George, Ringo y Paul: The Beatles.

John, George, Ringo y Paul: The Beatles.

GTRES

Paul ha explicado que vio el apellido Rigby en una tienda de Bristol y lo combinó con Eleanor, en referencia a la actriz Eleanor Bron, que coprotagonizó su película de 1965 Help!. Así que quizá, al igual que el hecho de que dos talentos tan revolucionarios como Lennon y McCartney crecieran tan cerca el uno del otro, no fue más que una coincidencia, la primera de innumerables historias tan improbables pero ciertas en la crónica de la colaboración musical más sensacional que el mundo de la música haya visto jamás.


Dora Postigo: «Quiero que me escuchen porque yo estoy diciendo cosas importantes con mi música»


La mujer que cambió el tecno: así se convirtió Charlotte de Witte en un icono global