Muchos años, varios siglos, antes de que el Tour echara a andar, el tramo de Carcassonne a Foix que recorrió este martes el pelotón estaba … en pie de guerra contra Francia. En el Siglo XII, una época de bonanza en el sur del país galo donde abundaban los trovadores que expandieron la lengua de Occitania a través de sus poemas románticos, surgieron, a raíz del descontento con el papado de Gregorio VII, comunidades que vivían su vida religiosa al margen de la Iglesia oficial en Albi, al norte de Toulouse, por donde el Tour no pasa desde 2019.
Se denominaban los cátaros (o albigenses por su origen en Albi) y se asentaron en el sur de Occitania. Defendían ser los verdaderos seguidores del Evangelio y construyeron su rutina en base a la pobreza. Eran creyentes del bien y del mal, de los buenos y malos hombres y mujeres.
La Iglesia los declaró herejes y lanzó una cruzada para aniquilar a toda la comunidad. La primera guerra santa de Europa, que inició en 1209 cuando el Papa Inocencio III convocó a los nobles europeos a tomar las armas. Tras resistir durante 35 años, el castillo de Montségur, en cuya ascensión se aceleró ayer la etapa con las arrancadas de Simmons (Lidl-Trek) y Castrillo (Movistar), fue su último bastión y se convirtió en su icono espiritual, pero cayó en 1244 con la quema de 215 cátaros que rememora hoy en día el Prat dels Cremats en la subida al castillo. Mediante esta guerra santa que también tuvo mucho de política pues Francia se quería adueñar de los condados independientes del sur, París se anexionó el Midi, uno de los iconos pirenaicos.
El país de los cátaros nunca existió, pero la denominación sirve para recordar la historia del lugar por el que el Tour entró en Francia en esta edición. Es tierra de valientes y gente combativa y los ciclistas no debían ser menos. En un contexto de carrera en el que el pelotón toma la salida esperando los movimientos de UAE y sucumbiendo ante la superioridad de Pogacar, los equipos entendieron que en esta cuarta etapa tenían la oportunidad de ganar desde la fuga.
Lidl-Trek lo buscó más que ningún otro equipo y colocó en una escapada muy numerosa a corredores de la calidad de Vacek, Pedersen y Simmons. Un órdago a por el primer triunfo de la temporada del danés, que fue el más rápido de todos en Foix y alzó los brazos por fin. Sólo en la temporada de la pandemia llegó hasta julio sin ganar una carrera, algo que para un corredor de su nivel es una anomalía. El equipo que lidera Ayuso tenía claro que esta cuarta etapa no se le iba a escapar y puso a sus mejores hombres a trabajar para la alegría de su ‘sprinter’.
Pedersen ha vivido una primera mitad de temporada muy complicada. Una caída en la primera etapa de la Vuelta a la Comunidad Valenciana, que le tuvo cinco días sin poder ir al baño por la escayola que tenía en el brazo izquierdo y el hombro derecho, condicionó su preparación para la temporada de clásicas, en las que quedó entre los cinco primeros en la Milán-San Remo y Flandes y en el top-10 en la París-Roubaix, E3 Saxo Classic y A Través de Flandes.
Traeen, un hombre feliz
El gran vencedor del día, sin embargo, fue Torstein Traeen (Uno-X), nuevo líder del Tour de Francia. El UAE controló la escapada para no poner en riesgo la diferencia de cinco minutos que tenía Pogacar con el mejor colocado de la fuga. Hasta que vio que ningún equipo colaboraba y cedió el maillot amarillo, que se le queda a casi ocho minutos.
A Traeen las mayores alegrías de su carrera le han llegado al final. A sus 30 años –cumple 31 el jueves que viene–, disfrutará de portar el amarillo en la ronda gala y, si aguanta hoy, repetirá en una etapa icónica como la del Tourmalet. El año pasado ya portó la elástica roja en La Vuelta a España cuando militaba en el Bahrain.
El corredor de Hønefoss es un picapedrero del ciclismo y sufrió el gran susto de su vida en 2022. En un rutinario test antidopaje después del Tour de los Alpes, se le detectó hCG en sangre. No era ‘doping’, sino un cáncer testicular. Afortunadamente pudo volver a competir a los cinco meses y su recuperación fue plena.
Ahora le llega la recompensa a un ciclista cuyos mayores triunfos han sido simbólicos. Se tuvo que alzar ante la adversidad y en las rebeldes tierras de los cátaros ha vuelto a sonreír.
Ion Izagirre: «He conseguido entrar en la fuga, pero no he podido más»
Si el lunes fue Alex Aranburu (Cofidis) quien encontró su sitio en la escapada del día, este martes le tocó a su compañero Ion Izagirre ser protagonista, aunque no pudo aguantar el acelerón del grupo cuando Castrillo (Movistar)y Simmons (Lidl-Trek) cambiaron el ritmo en la subida a Montségur. «Ha sido otro día duro. He podido entrar en la fuga pero ha sido muy tenso desde la salida», declaró al término de etapa, destacando también el trabajo del grupo:«Tuvimos suerte de meter a dos corredores en la fuga e hicimos todo lo que pudimos para mantenernos. Lo di todo, pero no he podido más al final de la subida». Sin embargo, el ormaiztegiarra es optimista porque «estamos siendo capaces de meternos en las escapadas, como hicimos el lunes con Aranburu. Habrá otras oportunidades para probar nuestra suerte en este Tour. Tengo plena confianza en el equipo».