La obesidad y la diabetes son dos de los principales factores de riesgo del alzhéimer, pero hasta ahora no se conocía con detalle cómo podían influir en el desarrollo de esta enfermedad neurodegenerativa. Un equipo de la Universidad de Málaga (UMA) ha dado un paso importante para resolver esta incógnita al demostrar que las alteraciones del tejido adiposo podrían favorecer la progresión de la enfermedad mediante mecanismos relacionados con la proteína tau y la neuroinflamación.
El estudio, publicado en la revista Cell Communication and Signaling, ha sido liderado por investigadores de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Málaga, integrados en IBIMA Plataforma BIONAND, el grupo de I+D NEUROAD y CIBERNED, en colaboración con el equipo del doctor Frank LaFerla, de la Universidad de California.
La grasa es mucho más que una reserva de energía
El trabajo parte de una idea respaldada por numerosos estudios: el tejido adiposo no actúa únicamente como almacén de energía, sino que funciona como un auténtico órgano endocrino, capaz de comunicarse con órganos como el hígado, el páncreas, el músculo y también el cerebro.
Los investigadores plantearon que las alteraciones que experimenta este tejido durante la obesidad y la diabetes, como el aumento de su tamaño, la infiltración de células inmunes o su pérdida de funcionalidad, podrían influir directamente en el cerebro y acelerar la progresión del alzhéimer.
Como explica Laura Trujillo-Estrada, autora principal del estudio, «Nuestro grupo de investigación está especialmente interesado en comprender cómo la desregulación del tejido adiposo puede afectar al cerebro y contribuir a la progresión de la enfermedad de Alzheimer».
Un trasplante de tejido adiposo para estudiar su efecto sobre el cerebro
Para comprobar esta hipótesis, los científicos realizaron trasplantes de tejido adiposo visceral procedente de animales con obesidad y diabetes (modelo db/db) a modelos murinos predispuestos a desarrollar alteraciones similares a las observadas en pacientes con alzhéimer (modelo 3xTg-AD).
Dos semanas después del trasplante analizaron tanto el tejido adiposo como el cerebro de los animales para comprobar cómo había evolucionado la enfermedad.
La proteína tau y la neuroinflamación se intensifican
Los resultados mostraron un incremento significativo de la patología asociada a la proteína tau, acompañado de una mayor activación de los procesos de neuroinflamación.
La proteína tau desempeña un papel esencial en el funcionamiento normal de las neuronas, ya que proporciona estabilidad a su estructura interna. Sin embargo, en el alzhéimer y otras enfermedades neurodegenerativas esta proteína sufre modificaciones anómalas que favorecen la degeneración neuronal.
Estos resultados sugieren que las alteraciones del tejido adiposo asociadas a enfermedades metabólicas podrían contribuir a acelerar estos procesos patológicos.
El siguiente paso: estudiar el impacto de la dieta occidental
El equipo continúa investigando los mecanismos responsables de esta relación entre metabolismo y enfermedad neurodegenerativa.
Según explica David Baglietto-Vargas, investigador principal del estudio, «Actualmente, estamos profundizando en el estudio de los posibles mecanismos inflamatorios inducidos por el trasplante que podrían acelerar la patología tau. En concreto, estamos sometiendo animales silvestres a una dieta de tipo occidental (Western diet) durante un periodo de ocho meses».
Esta dieta occidental, caracterizada por un elevado contenido en carbohidratos y azúcares, se ha elegido porque reproduce los patrones alimentarios predominantes en los países desarrollados y permite estudiar cómo afectan al tejido adiposo y, en consecuencia, al cerebro.
Baglietto-Vargas añade que los estudios actuales comparan trasplantes de tejido adiposo procedente de animales alimentados con dieta estándar y con dieta occidental en modelos que expresan la proteína tau humana. «Este enfoque nos permitirá determinar con mayor precisión cómo los hábitos dietéticos propios de los países occidentales afectan al tejido adiposo y, en consecuencia, cómo podrían contribuir como factor de riesgo en la aceleración de la patogénesis de la enfermedad de Alzheimer», concluye.
Un nuevo enfoque para comprender el alzhéimer
La investigación refuerza la creciente evidencia científica de que el alzhéimer no depende únicamente de procesos que ocurren en el cerebro, sino que también está condicionado por alteraciones metabólicas que afectan a otros órganos. Comprender cómo interactúan el tejido adiposo, la inflamación y la proteína tau podría abrir nuevas vías para prevenir o ralentizar la progresión de una enfermedad que afecta a millones de personas en todo el mundo.