
08/07/2026 a las 12:31h.
Pepe y Alberto Dávila son, uno profesor y el otro director y gerente de La Valmuza Golf. Y además son padre e hijo. Que llevan la friolera de quince años jugando juntos el Campeonato de Madrid de Dobles de Profesionales, una tradición que mantienen muy viva pase lo que pase. Estos días lo han vuelto a hacer en el Centro Nacional de Golf y, aunque no estuvieron entre los primeros (terminaron con un total de +1 sobre el par) la experiencia ha vuelto a ser muy especial. porque además del golf comparten viaje, comidas, el desayuno en el bar de siempre, y hasta los nervios viendo el España-Portugal. En el regreso de Madrid a La Valmuza la valoraron.
«Si quedamos en un buen puesto genial, pero nos lo tomamos como 2-3 días de padre e hijo jugando juntos un torneo para disfrutar. Mi padre sí está en juego, pero yo no y eso se nota. Si jugara con otra pareja tendría más posibilidades de estar arriba que conmigo», reconoce Alberto. Pero Pepe le lleva la contraria:«Ha jugado como si lo hiciera todo el año, lo ha hecho bastante mejor que yo». Y su hijo le da la razón: «La verdad es que he jugado bien, de lo mejor en los últimos años».
Cuando en enero sale el calendario para jugar este Campeonato de Madrid de Dobles de Profesionales ellos lo marcan en el calendario y llevan década y media sin faltar a esta cita tan especial. ¿Hasta cuándo? Esto es lo que dicen: «Hasta que podamos jugar juntos. Sobre todo por mi padre, que va a hacer 69 años. Hay algunos con 77 o 78 que están jugando bien, así que espero que podamos venir otros diez años».
Aunque lo de menos es el resultado, reconocen que días antes del torneo aprovechan el estar en La Valmuza Golf para entrenar: «Es la única obligación que me pongo, salir a jugar unos días antes, porque durante el año sólo lo hago de vez en cuando. Pero sí que dedicamos unos días con él para ver qué sensaciones tenemos», explica Alberto.
Reconocen que no tienen piques, aunque en esta modalidad de dobles uno pueda estar más acertado que el otro: «Nos decimos alguna cosa, pero tenemos asumido que es normal fallar golpes, nos llevamos bien», reconocen entre risas.
Y llega la hora de ponerse serios. Para Alberto, jugar con su padre «es un orgullo, es un gran recuerdo que me va a quedar. Nunca habría imaginado estar quince años jugando con él y los que queden». Y Pepe tiene un deseo:«Es una maravilla jugar con él. Si Dios quiere y me respetan las lesiones espero poder seguir otros diez años al menos».
En casa esperan los hijos y nietos. ¿Habrá una tercera generación de golfistas? Lo explica el director de La Valmuza: «Teniendo tres, Alejandro, Rodrigo y Gabriela, que hoy en día hay más mujeres jugando, ojalá que cualquiera de ellos, pero mi padre nunca me obligó a nada. Si sale alguien en esa generación genial, y si no, a lo mejor es en la siguiente».