El Museo Vasco aspira a ampliar su mirada sobre sus fondos de historia, arqueología y etnografía, a través de las interpretaciones de autores contemporáneos. La … exposición ‘Uhinak’ de Ra Asensi inauguró este miércoles el espacio Kukula del edificio Misericordia, destinado a exhibir trabajos de creadores actuales vinculados con ese patrimonio. «Hemos invitado a artistas a dialogar con la colección e interpretarla desde el presente» aseguró Sorkunde Aiarza, directora general de la entidad, durante el acto de presentación a los medios. «Queremos generar nuevas preguntas y acercarnos a otros públicos», señaló. A ese respecto, indicó que el nuevo edificio ya ha sido visitado por 20.000 personas desde su inauguración hace un mes.

Una investigación sobre porcelanas de Bidasoa es el origen de un proyecto que recoge testimonios de las antiguas trabajadoras de la fábrica irundarra y la directora del Museo de Alfarería Vasca, Blanka Gómez de Segura. Esa memoria inspira un trabajo escultórico en el que destacan los vínculos supratemporales entre las tradicionales pegarras o cántaros de agua que portaban las mujeres en siglos anteriores y las formas escultóricas de la creadora.

Las obras de la creadora, realizadas en gres vidriado con óxidos y dispuestas sobre estructuras de acero corten con agua local, experimentarán durante el periodo de exhibición una evolución material que, una vez más, las acercará a los habituales procesos de cambio de las piezas artesanales. El display incluye un video que aborda el proceso desde diversos puntos de vista y una vitrina con elementos que establecen la conexión entre las diversas aportaciones, como un grabado del siglo XVII con mujeres portadoras de agua o fotografías de mujeres portando las vasijas realizadas por Eulalia de Abaitua. La muestra, comisariada por Haizea Barcenilla, permanecerá abierta hasta el próximo 28 de diciembre.

El trabajo de Asensi evidencia un evidente trasfondo antropológico, aunque la artista asegura que no quiere ponerse chaquetas de ningún tipo. «Llevo a cabo una investigación que denomino artística, aunque no se trata de caminos lineales, y que está recorrida por el lenguaje poético», aduce. El acento emocional resulta también obvio y, a ese respecto, reconoce que trabaja desde lugares en los que se siente mejor. «Pero, cuando miras hacia dentro, ves tu no yo, no plasmo algo que sólo me pasa a mí», arguye. «Me conecto y descubro algo más, es decir, el colectivo».

El interés por esta cerámica local y el olvidado ámbito de las aguadoras también refleja su preocupación por aquellos relatos de quienes han estado fuera del relato hegemónico, a menudo mujeres, que han permanecido ajenos al sistema patriarcal y, frecuentemente, se han revelado más respetuosos con el medio ambiente. «Me atraen esas pequeñas subversiones relacionadas con el género o su disidencia, y el esfuerzo por elaborar una historia de arte que resignifique y reinterprete».