La obra de Mario Pascual Alonso (Sama de Langreo, 1927 – Rioseco, Sobrescobio, 2012) constituye un conjunto singular en el panorama fotográfico asturiano de su tiempo … porque fue uno de los pocos autores de la región que se puede encuadrar en la denominada fotografía social española de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo. La exposición ‘Vidas de un mismo tiempo. Fotografía social de Mario Pascual, 1959 – 1970’, que ya se puede visitar en el Muséu del Pueblu d’Asturies, es prueba de ello.
‘VIDAS DE UN MISMO TIEMPO’
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La muestra reúne 155 fotografías de este fotógrafo de la cuenca del Nalón que podrán verse a lo largo de todo el año en el espacio expositivo gijonés. Se trata de una selección de la amplísima obra de Mario Pascual, pues su archivo está formado por unos cincuenta mil negativos en blanco y negro y color de diferentes formatos. Su hija Isabel Pascual González los donó en 2019 al Muséu del Pueblu d’Asturies, que ya ha digitalizado una selección de 5.050.
Mario Pascual Alonso se formó en el estudio de Foto Wanker, regentado por José Antonio Fernández Martínez (1899-1976), en el que trabajó entre 1939 y 1949, año en el que abre un estudio en la calle Dorado, de Sama. En 1954 inicia una nueva etapa con la apertura de una tienda en la misma localidad, en la calle Fernández Rebollos, a las que luego se sumaron otras en La Felguera y Oviedo. En estos establecimientos llegaron a trabajar once personas, convirtiéndose en una referencia en la fotografía de la cuenca del Nalón por su calidad y por la innovación técnica. Vende material fotográfico, y realiza reportajes de boda, comuniones y retratos de estudio, así como fotografía para industrias, con el objeto de documentar sus instalaciones o productos, entre ellas Duro Felguera, Ensidesa, Hidroeléctrica del Cantábrico, Minas de Moncabril o Fábrica de San Claudio. Además, su tienda fue un centro ocasional de reuniones políticas clandestinas.
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El retrato brinda una visión directa de lo que pasa
El retrato constituye el eje central de la obra de Mario Pascual, brindando una mirada directa a la realidad social, en un contexto de ausencia de libertades y profundos cambios socio-económicos. La fotografía social, en la que se encuadra, mantiene en ocasiones una intencionalidad crítica y de denuncia, y en todos los casos un deseo por documentar el entorno inmediato. Para conseguir este fin, el lenguaje fotográfico recurre frecuentemente a primeros planos, encuadres dinámicos o juegos lumínicos que pretenden reducir la distancia entre el espectador y el retratado, intensificar la expresividad y, en definitiva, articular una visión del tejido social desde la cercanía.
Su obra trascendió el ámbito del trabajo profesional para situarse en un terreno más personal y comprometido con la realidad social de su tiempo. Su mirada abarca un amplio espectro de la sociedad, con una especial sensibilidad hacia aquellas personas que habitan en sus márgenes. Este enfoque entronca con la corriente de la fotografía social, que comienza a fraguarse en España a partir de 1956 con colectivos como la Agrupación Fotográfica Almeriense (AFAL) y fotógrafos que, sobre todo en Madrid y Barcelona, comparten los ideales de una fotografía realista y crítica, reflejo del contexto social de aquella época y alejada de la mirada oficial del régimen franquista. Sin vincularse a ninguna asociación, Mario Pascual mantuvo conexión con estas sensibilidades. Sus imágenes son un testimonio singular e imprescindible en la fotografía asturiana entre 1959 y 1970.