La suerte puede aparecer de diferentes formas. Ganar la lotería puede cambiar una vida, pero ganar una bicicleta en un sorteo también. Así fue como Mateo Mengíbar Arellano (Logroño, 2011) encontró ese impulso que necesitaba para introducirse en el ciclismo de carretera. «La idea era venderla, pero mi amigo Guillermo me convenció para probar», recuerda. Cansado del baloncesto y cautivado por este deporte, el joven no dudó en empezar a entrenar y meterse en el Club Deportivo Ciclista Iturribero.

Aunque apenas lleva unos meses, Mateo siente que ha encontrado su lugar.  Su preparación está guiada por un entrenador personal, que marca cada sesión según las pulsaciones y el tipo de esfuerzo, lo que equivale a recorrer alrededor de 400 kilómetros semanalmente. «Entreno todos los días, pero me puedo planificar y organizar como quiera», reconoce, describiéndolos como momentos de «tranquilidad y evasión». 

Además, siempre que puede, intenta coordinar sus salidas con sus compañeros. «El entrenador no pertenece al club, pero como casi todo el equipo trabaja con el mismo porque es de confianza, solemos tener sesiones similares y, si nos va bien, quedamos para hacerlas juntos», explica. 

Los diferentes entrenamientos le preparan para las competiciones que suele disputar los fines de semana, aunque la participación puede variar en función de la planificación de la temporada. «Si tenemos una vuelta importante en la que se va tres días enteros y se hace en etapas, el fin de semana anterior en vez de competir, te lo tomas de descanso», aclara. Yes que, si al finalizar alguna de las carreras obtiene una buena posición, le sirve para saber que «ha merecido la pena todo el esfuerzo» y le motiva a «seguir entrenando para repetir el resultado. 

Sin embargo, Mateo advierte de los posibles riesgos que tiene competir y entrenar: «En una competición, al ir con más gente, si alguien tiene un fallo puede perjudicar al resto, mientras que al entrenar, hay coches que adelantan bien, pero hay muchos que pasan muy cerca». Y para él, la fortaleza mental es imprescindible para «no dejar de pedalear» en esos momentos en los que alguien «se descuelga del pelotón» ya que «nunca se sabe qué va a pasar y hay que seguir adelante sin importar si se gana o no».

A nivel físico, Mateo se siente «mucho mejor» y expresa que este deporte le ha permitido ser más constante y construir una rutina, repercutiendo de forma directa y positiva en sus estudios. Ahora, su meta es seguir entrenando y mejorando con el objetivo de  que en un futuro le fiche un equipo profesional. Pero desde su corta experiencia no duda en animar a quienes quieran intentarlo porque «todo empieza en algún momento». «Yo no me imaginaba que iba a competir en un equipo, es un deporte muy bonito, hay muy buen ambiente y merece la pena», concluye.