La fragilidad es un síndrome complejo, multifactorial, relacionado con el envejecimiento, caracterizado por reservas fisiológicas reducidas y mayor vulnerabilidad a resultados adversos para la salud, incluyendo caídas, hospitalización, discapacidad y mortalidad.Pero el envejecimiento también se acompaña de cambios compositivos y funcionales en el microbioma intestinal, incluyendo una menor diversidad, pérdida …
La fragilidad es un síndrome complejo, multifactorial, relacionado con el envejecimiento, caracterizado por reservas fisiológicas reducidas y mayor vulnerabilidad a resultados adversos para la salud, incluyendo caídas, hospitalización, discapacidad y mortalidad.
Pero el envejecimiento también se acompaña de cambios compositivos y funcionales en el microbioma intestinal, incluyendo una menor diversidad, pérdida de comensales beneficiosos y expansión de taxones proinflamatorios y oportunistas, que se han relacionado con sarcopenia, deterioro cognitivo y multimorbilidad. Si bien hay evidencia de esta alteración, los perfiles del microbioma intestinal observados en la fragilidad difieren de los asociados con el envejecimiento saludable, reflejando no solo la edad cronológica sino también el deterioro de los procesos fisiológicos.
Comprender todos estos episodios ha sido el objetivo de una investigación por parte de la Universidad de Gotemburgo (Suecia). El estudio, publicado en ‘Nature Communications’, demuestra que la fragilidad está relacionada con una menor diversidad y una capacidad funcional más deficiente de la microbiota intestinal.
La investigación realizada se basó en una población de 2.081 mujeres suecas de entre 75 y 80 años, además de una cohorte china independiente compuesta por 1.448 hombres y mujeres mayores. Para medir la fragilidad, los investigadores utilizaron un índice desarrollado y validado internamente: el Índice de Fragilidad y Mortalidad (IFM). Este índice combina dimensiones funcionales, fisiológicas y psicológicas vinculadas a la fragilidad y al riesgo de mortalidad.
El estudio muestra, fundamentalmente, que un FMI más elevado, que indica un mayor grado estimado de fragilidad y riesgo de mortalidad, se asocia con una menor diversidad microbiana, un menor número de genes microbianos y una menor capacidad funcional prevista dentro de la microbiota intestinal. Estas características microbianas, a su vez, se vincularon con la función física, la mortalidad y las lesiones relacionadas con caídas.
«Nuestros resultados demuestran que la microbiota intestinal refleja aspectos clave de la fragilidad en los adultos mayores. Resulta particularmente interesante que varias de las asociaciones se hayan replicado en una cohorte independiente de China, lo que refuerza la relevancia de los hallazgos», según Marina Vilar Geraldi, investigadora de la Academia Sahlgrenska de la Universidad de Gotemburgo.
En concreto, se pudieron identificar un total de 404 especies bacterianas significativamente asociadas con el FMI. Muchas de estas asociaciones también se observaron en la cohorte china, lo que sugiere que ciertas características microbianas vinculadas a la fragilidad y la mortalidad pueden ser comunes a diferentes contextos geográficos y culturales.
Los resultados podrían contribuir a una mejor comprensión de los procesos biológicos subyacentes a la fragilidad y el envejecimiento. A largo plazo, este conocimiento podría allanar el camino para nuevos métodos de identificación de personas mayores con mayor riesgo de sufrir consecuencias adversas para la salud. «El siguiente paso es investigar si estos patrones microbianos pueden ayudar en la evaluación de riesgos o servir de base para futuras intervenciones», indicó Mattias Lorentzon, profesor de la Universidad de Gotemburgo y consultor sénior del Hospital Universitario Sahlgrenska.
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