A cinco años de las históricas protestas del 11 de julio de 2021, han salido a la luz imágenes inéditas de aquel día que documentan tanto el clamor popular en las calles de La Habana como la violenta maquinaria represiva que el régimen desplegó para aplastarlo.

Los videos, publicados en Instagram por el activista Marcos Louit, muestran escenas en puntos clave de la capital cubana, entre ellos la intersección de Belascoaín y Carlos III, donde miles de personas gritaban «¡Patria y Vida, libertad, libertad!» y levantaban las manos en señal de protesta pacífica cada vez que divisaban tropas.

Las imágenes capturan también el desesperado mensaje que aquellos cubanos intentaban hacer llegar al mundo: «Nos estamos muriendo; no tenemos medicinas; no tenemos alimentos; el gobierno no nos representa: ¡Patria y Vida!».

Pero junto a esa esperanza, los videos revelan la otra cara de aquel día: la represión organizada y ejecutada con total impunidad.

Todo comenzó cuando Miguel Díaz-Canel apareció en televisión nacional para pronunciar la frase que se convertiría en símbolo de la brutalidad del régimen: «La orden de combate está dada, a la calle los revolucionarios».

Esa convocatoria activó a los llamados grupos de respuesta rápida, integrados en su mayoría por militares vestidos de civil armados con garrotes de madera, quienes llegaron en autobuses por docenas a los puntos de concentración.

Según describe el propio autor de los videos, «aunque se presentaban como el pueblo, en realidad no eran más que individuos movilizados por el gobierno a quienes se les habían entregado garrotes de madera con órdenes de hacer lo que fuera necesario contra los manifestantes».

La táctica era metódica: agentes infiltrados entre la multitud identificaban a quienes alzaban la voz y los detenían en el acto para sembrar el pánico y forzar la dispersión.

«En cuanto alguien lanza una advertencia, grita o empieza a avivar una protesta, es secuestrado de inmediato», señala la descripción de uno de los videos.

Una vez consumadas las detenciones, los grupos represores permanecían en el lugar celebrando su «victoria», blandiendo sus armas y coreando consignas, entre ellas «¡Fidel! ¡Fidel!», en un acto de impunidad absoluta frente a quienes acababan de ser aplastados.

Las tropas militares regulares, según los propios registros, apoyaban la operación desde la distancia sin necesidad de intervenir directamente en esa fase inicial.

El régimen también ordenó un apagón generalizado de internet para impedir que las imágenes llegaran al exterior, lo que hace aún más significativa la aparición de este material cinco años después.

Las protestas del 11J fueron las mayores manifestaciones populares en Cuba en más de seis décadas, con La Habana como epicentro de 82 de las concentraciones registradas en todo el país.

Al menos un manifestante, Diubis Laurencio Tejeda, murió por disparo en La Güinera al día siguiente, y más de 1,400 personas fueron detenidas en los días posteriores.

Cinco años después, la herida sigue abierta. Al menos 338 personas permanecen encarceladas por delitos directamente relacionados con aquellas protestas, y Cuba registra un récord histórico de entre 1,260 y 1,281 presos políticos, según Prisoners Defenders.

El indulto anunciado en abril de 2026 para más de 2,000 reclusos excluyó explícitamente a quienes fueron condenados por «delitos contra la autoridad», la categoría que el régimen utilizó para criminalizar a los manifestantes del 11J.

El caso más emblemático en este aniversario es el de Luis Manuel Otero Alcántara, líder del Movimiento San Isidro, cuya condena de cinco años venció formalmente el 9 de julio, pero que permanece en paradero desconocido tras ser retirado de la prisión de Guanajay por la Seguridad del Estado el 7 de julio sin informar a su familia, en lo que Amnistía Internacional ha calificado de desaparición forzada.