Miguel Díaz-Canel recibió esta madrugada en el Aeropuerto Internacional José Martí al canciller Bruno Rodríguez Parrilla a su regreso de Nueva York.

El gobernante publicó en Facebook que Cuba logró una «contundente VICTORIA en la Asamblea General de la ONU», tras la sesión extraordinaria del martes 7 de julio sobre el embargo estadounidense.

«Demostró el apoyo mayoritario del mundo a Cuba en su lucha contra el bloqueo genocida del gobierno de Estados Unidos», escribió.

Captura de Facebook / Miguel Díaz-Canel Bermúdez

Lo que el régimen celebra como triunfo fue, en realidad, la aprobación de un debate con 136 votos a favor, nueve en contra y 30 abstenciones, una votación que no levanta ni modifica el embargo, sino que únicamente autorizó la celebración de una sesión de discusión de seis horas con un costo de 168,000 dólares.

El resultado es notablemente más débil que el obtenido en la votación anual de octubre de 2025, cuando Cuba reunió 165 votos favorables.

Las abstenciones se duplicaron, pasando de 12 a 30, reflejo del efecto parcial de la intensa campaña diplomática impulsada por Washington, que según un cable filtrado del secretario de Estado Marco Rubio instruyó a embajadas de todo el mundo para bloquear el debate.

El embajador estadounidense Mike Waltz no dejó pasar la cifra del costo. «Con ese dinero se podría haber alimentado a miles de niños cubanos en lugar de financiar otro espectáculo propagandístico del régimen», escribió en sus redes sociales al día siguiente.

Waltz también acusó al conglomerado militar GAESA de administrar un fondo fiduciario de 18,000 millones de dólares sin que esos recursos lleguen a la población.

Durante la sesión, el embajador Jeffrey Bartos preguntó directamente si los más de 800 presos políticos tenían electricidad en sus celdas, en alusión al tercer colapso total del sistema eléctrico cubano en lo que va de 2026, iniciado el 6 de julio y que dejó sin luz a 9.6 millones de personas.

«Ese es el verdadero embargo a Cuba», afirmó Bartos. «Es el embargo que el régimen impone a su propio pueblo: a la libertad de expresión, a la fe, a la iniciativa empresarial, a la disidencia, a los derechos políticos y a la esperanza, y ahora, literalmente, a la luz».

Bruno Rodríguez intentó en dos ocasiones interrumpir las intervenciones de los diplomáticos estadounidenses mediante mociones de orden que la presidencia de la Asamblea rechazó. Waltz respondió sin rodeos: «La verdad duele, y la verdad no es una falta de respeto. Lamento que no quieran escucharla».

La Unión Europea tampoco respaldó el relato del régimen. Su embajador ante la ONU, Stavros Lambrinidis, exigió reformas políticas y económicas urgentes y la liberación de todos los detenidos arbitrariamente.

«La grave situación del pueblo cubano no se debe únicamente al embargo», señaló, y añadió que la UE lamenta la postura de Cuba ante la guerra de Rusia en Ucrania, calificándola de incompatible con los principios de la Carta de la ONU.

El contexto en que se celebró el debate agrava aún más el contraste con la narrativa oficial: Cuba acumula 1,281 presos políticos según datos del Parlamento Europeo, que apenas tres semanas antes del debate aprobó sanciones individuales contra Díaz-Canel y dirigentes de GAESA. La CEPAL proyecta una contracción del PIB cubano del 6.5 % en 2026, la peor de toda la región.

Waltz cerró su intervención con un llamado directo a los países presentes: «Estén del lado del pueblo cubano, no estén con el régimen que ha quebrado a ese país. No pueden hacer las dos cosas al mismo tiempo. Ha llegado la hora de tomar una decisión».

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