El incendio forestal que ha conmocionado estos días a Los Gallardos (Almería), con al menos 12 fallecidos y otras 23 personas sin localizar anoche —la mayoría turistas y residentes extranjeros—, ha puesto el foco sobre una singular realidad demográfica que se repite a lo largo de buena parte del Mediterráneo peninsular. Más allá de la tragedia, el municipio almeriense representa un modelo de población que tiene uno de sus principales referentes en la Comunitat Valenciana: pequeñas localidades donde miles de jubilados europeos han elegido establecer su residencia definitiva.

De hecho, alrededor de una veintena de municipios valencianos igualan o superan el porcentaje (39 %) de población extranjera de Los Gallardos. La inmensa mayoría se concentran en la provincia de Alicante, donde el fenómeno de la inmigración residencial lleva décadas transformando el paisaje demográfico. Rojales, donde el 67,8 % de la población es extranjera, encabeza la clasificación, seguido por San Fulgencio (66,9 %) y Alcalalí (56,6 %). A ellos se suman Algorfa, l’Alfàs del Pi, El Poble Nou de Benitatxell, Calp, Teulada, Llíber, Murla, Orba, Xaló, Benissa, Parcent, Senija, Tormos y San Miguel de Salinas, además de municipios castellonenses como Oropesa del Mar o Alcalà de Xivert.

En algunos casos, estas comunidades internacionales constituyen ya una parte esencial de la población estable y han modificado la fisonomía social, económica y cultural de estas localidades

No todos presentan el mismo perfil, pero en muchos de ellos predominan los residentes procedentes del Reino Unido, Alemania, Países Bajos, Bélgica o Francia, atraídos desde hace décadas por el clima, la calidad de vida y un coste de la vivienda más asequible que en sus países de origen. En algunos casos, estas comunidades internacionales constituyen ya una parte esencial de la población estable y han modificado la fisonomía social, económica y cultural de estas localidades.

Una pequeña Europa junto al Mediterráneo

El resultado es una realidad difícil de encontrar en otros puntos de España. En algunas urbanizaciones de la Vega Baja o de la Marina Alta es habitual escuchar más inglés que castellano durante un paseo matinal. Los supermercados ofrecen productos importados del Reino Unido o de Alemania, las inmobiliarias trabajan casi exclusivamente para clientes extranjeros, proliferan los clubes sociales, los restaurantes especializados en cocina británica o centroeuropea y existen incluso periódicos, emisoras de radio y asociaciones culturales dirigidas específicamente a estas comunidades.

Centroeuropeos jubilados en una terraza de Torrevieja.

Centroeuropeos jubilados en una terraza de Torrevieja. / Tony Sevilla

En localidades como Rojales o San Fulgencio, dos de los municipios españoles con mayor porcentaje de población extranjera, esta presencia ha transformado profundamente la vida cotidiana. Lo mismo ocurre en l’Alfàs del Pi, Teulada (Moraira), Benitatxell, Calp o Dénia, donde las colonias internacionales forman parte del paisaje humano desde hace décadas.

Aunque la comunidad británica continúa siendo la más numerosa, especialmente tras décadas de intensa inmigración residencial, el perfil se ha diversificado con la llegada de ciudadanos procedentes de Países Bajos, Bélgica, Alemania, Francia o los países escandinavos, atraídos por las mismas condiciones que hicieron del litoral valenciano uno de los grandes destinos europeos del retiro.

Mucho más que turistas

Una de las principales diferencias respecto al turismo convencional es que la mayoría de estos residentes no son visitantes estacionales. Están empadronados, utilizan la sanidad pública, participan en asociaciones vecinales, pagan impuestos municipales y, en muchos casos, llevan viviendo en España más de veinte años.

Ese arraigo ha obligado a muchos ayuntamientos a adaptar sus servicios. La atención municipal en varios idiomas, las actividades específicas para residentes internacionales o la existencia de oficinas destinadas a facilitar su integración forman parte desde hace años del funcionamiento habitual de numerosos consistorios, especialmente en la provincia de Alicante.

Extranjeros jubilados pasean por la playa de Benidorm.

Extranjeros jubilados pasean por la playa de Benidorm. / David Revenga

La Comunitat Valenciana concentra, además, algunos de los municipios con mayor proporción de población extranjera de todo el país. La Vega Baja, la Marina Alta y la Marina Baixa constituyen el principal eje de este fenómeno demográfico, aunque también existen importantes comunidades internacionales en municipios del litoral castellonense como Oropesa del Mar o Alcalà de Xivert.

Un modelo que sigue creciendo

Lejos de perder fuerza, el fenómeno del retiro europeo continúa siendo uno de los grandes motores demográficos de la fachada mediterránea. Cada año, miles de ciudadanos del norte de Europa siguen escogiendo la Comunitat Valenciana para fijar aquí su residencia, ya sea de forma permanente o durante largas temporadas.

La tragedia de Los Gallardos ha vuelto a poner nombre a una realidad que en la Comunitat Valenciana resulta familiar desde hace décadas. Más allá del turismo de sol y playa, el litoral valenciano se ha convertido en el hogar de algunas de las mayores colonias de jubilados europeos de España. Un fenómeno que ha transformado la demografía, la economía y la identidad de decenas de municipios hasta convertirlos, en la práctica, en pequeñas Europas a orillas del Mediterráneo.