La Unión Eléctrica (UNE) informó este sábado que el proceso de restablecimiento del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) enfrenta una complicación adicional: durante la madrugada se produjo un colapso de tensión en el microsistema de la región occidental, apenas horas después de que el país sufriera su cuarto apagón total del año.
El colapso del viernes se desencadenó cuando un fallo en la línea de 220 kV entre Santa Clara y Sancti Spíritus provocó la división del SEN a las 3:55 pm, arrastrando varias unidades térmicas y derivando en la desconexión total apenas 35 minutos después, a las 4:30 pm.
Según el comunicado oficial de la UNE, la estrategia inicial consistió en establecer microsistemas en cada provincia del país para garantizar los servicios vitales mientras se trabajaba en el restablecimiento gradual.
La empresa estatal señaló que la prioridad ahora es reincorporar la generación de las unidades de Energás Boca de Jaruco para iniciar el arranque en cadena de las centrales termoeléctricas (CTE) Máximo Gómez, Ernesto Guevara, Antonio Guiteras, Carlos Manuel de Céspedes y Diez de Octubre.
Solo una vez que se logre restablecer la conexión hasta el oriente del país se incorporarán las CTE Lidio Ramón Pérez Felton y Antonio Maceo.
Captura de Facebook / Unión Eléctrica UNE
El comunicado concluye con una frase que el régimen repite como mantra ante cada crisis: «Los trabajadores eléctricos han trabajado intensamente durante la noche y madrugada para restablecer el servicio lo antes posible». Lo que no menciona es el estado catastrófico del sistema que hace inevitable cada nuevo colapso.
En el momento del apagón del viernes, la disponibilidad del SEN era de apenas 935 MW frente a una demanda de 3,100 MW, con un déficit proyectado superior a 2,100 MW.
Además, 106 centrales de generación distribuida permanecían paralizadas por falta de combustible, representando 890 MW adicionales fuera de servicio.
La respuesta gubernamental ha sido, una vez más, retórica.
El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, publicó en X que «los trabajadores eléctricos y petroleros dignos y comprometidos con Cuba se fajan cada día con el apagón» y que «aquí no se rinde nadie», sin anunciar ninguna medida estructural.
Días antes, el gobernante Miguel Díaz-Canel se limitó a pedir «organizar mejor» los apagones sin comprometer inversión alguna para incrementar la generación.
El contexto agrava la gravedad del momento: el apagón ocurrió a vísperas del 11 de julio, quinto aniversario de las masivas protestas populares de 2021.
Cuba lleva más de tres meses sin recibir envíos regulares de petróleo, las termoeléctricas acumulan entre 40 y 60 años de antigüedad sin mantenimiento integral, y el 8 de julio se alcanzó el mayor déficit energético de la historia del país: 2,341 MW, con el 73 % de la población afectada simultáneamente.
Este es el cuarto apagón total de Cuba en 2026 y el octavo en aproximadamente 24 meses, una aceleración sin precedentes que el régimen no ha podido -ni parece dispuesto a- revertir con medidas concretas.
Se estima que modernizar el sistema eléctrico cubano requeriría entre 8,000 y 10,000 millones de dólares, una cifra que la dictadura no tiene ni perspectivas de obtener.
¿Tienes algo que reportar?
Escribe a CiberCuba:
Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.