Joaquín Sabina es genio y figura. A sus 77 años, todavía tiene muy reciente su despedida de los escenarios, materializada con una multitudinaria gira que comenzó en América y terminó en el Movistar Arena de Madrid el pasado 30 de noviembre. Una noche que ha inmortalizado en el disco doble ‘Hola y adiós’, de reciente publicación. 

El cantautor de Úbeda ha comenzado una vida desconocida para él, sin compromisos profesionales ni exigencias externas. Una oportunidad para ganar tiempo y libertad, para reencontrarse con personas y hábitos que su estresante agenda no le permitía. 

La suya ha sido una existencia tremendamente intensa y movida, desde el exilio en Londres en el franquismo tocando en restaurantes y bares hasta conquistar estadios y grandes auditorios. Una biografía no exenta de excesos ni de leyendas. 

«Yo, con mi biografía, no estoy muy en desacuerdo. Tal vez sí me arrepiento de haber perdido tantas noches y tanto tiempo haciendo el idiota por los bares en lugar de escribir», confiesa Sabina en una entrevista con la agencia EFE. 

Incluso aborda los excesos que probó y también los que no: «Como mucha gente cercana a mí soy de una generación que anduvo con la heroína. No yo, porque no la he probado nunca, pero sí con determinados excesos; es una generación muy loca y mucha gente, a veces la mejor, se quedó por el camino».

Una interesante conversación en la que regala la siguiente confesión: «No soy nostálgico, no tengo nostalgia de nada, pero sí tengo memoria y la memoria a veces se agarra a cosas hermosísimas, a ese minuto que te pasó una vez y a esa felicidad que dura tan poco pero que es inolvidable».

La fama ha sido otro de los elementos con los que ha lidiado, un regalo en ocasiones envenenado: «Eso que se llama fama tiene muchos inconvenientes. Yo amaba los bares y la noche. El sitio perfecto para escribir era en un bar a las 3 de la mañana. Y eso que hace mucho tiempo que me echaron de los bares. Y ahora, después del último concierto, había 30 personas esperándome a la puerta de casa. Eso no es agradable para alguien que soñó más con ser el hombre invisible que un cantante de éxito».