La creciente tendencia a abandonar el cribado prenatal de la toxoplasmosis en algunas comunidades autónomas ha reabierto el debate sobre la utilidad de esta estrategia preventiva durante el embarazo. Ante esta situación, la Sociedad Española de Neonatología (seNeo) ha publicado un documento de consenso en la revista «Anales de Pediatría», en el que concluye que la evidencia disponible continúa respaldando su realización sistemática.
Para elaborar este posicionamiento, los autores han revisado más de un millar de publicaciones científicas y han seleccionado las 50 de mayor calidad metodológica publicadas en las últimas décadas. El análisis concluye que el diagnóstico precoz durante la gestación, seguido del tratamiento de la madre y del recién nacido cuando está indicado, continúa siendo la estrategia más eficaz para reducir la transmisión al feto y minimizar las complicaciones de la enfermedad.
Los datos del Registro Español de Infección Vertical por Toxoplasma gondii (REIV-TOXO), incluidos en el documento, refuerzan esta conclusión. Entre 2007 y 2024 se notificaron 59 casos de toxoplasmosis congénita. De ellos, el 98% fueron identificados gracias al cribado serológico realizado durante el embarazo, mientras que solo el 7% presentaban hallazgos ecográficos sugestivos de infección fetal, lo que pone de manifiesto el escaso rendimiento de la ecografía como herramienta de detección precoz cuando se utiliza de forma aislada.
El consenso llega en un momento en el que el cribado gestacional para detectar la infección por Toxoplasma gondii está siendo objeto de revisión no solo en algunas comunidades autónomas españolas, sino también en distintos países europeos. «En las últimas décadas hemos asistido a un descenso progresivo de la seroprevalencia de la toxoplasmosis en mujeres en edad fértil, lo que ha reducido el número de infecciones durante el embarazo y ha llevado a cuestionar la eficiencia y la coste-efectividad del cribado universal, especialmente en zonas de baja incidencia», explica el doctor Alejandro Pérez-Muñuzuri, neonatólogo del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela (CHUS) y primer firmante del documento.
«También se han planteado cuestiones relacionadas con los falsos positivos, la ansiedad que pueden generar en las gestantes o la indicación de pruebas invasivas”. Sin embargo, como apunta el especialista, “estos argumentos no justifican, por el momento, prescindir del cribado prenatal sistemático, que sigue siendo fundamental para detectar precozmente una infección que, en la mayoría de los casos, pasa desapercibida durante el embarazo y puede tener consecuencias importantes para el recién nacido», continúa.
Una infección silenciosa
La toxoplasmosis está causada por el parásito Toxoplasma gondii. En la mayoría de los adultos sanos es asintomática o provoca síntomas leves, pero cuando una mujer la contrae por primera vez durante el embarazo puede transmitirla al feto a través de la placenta.
La infección suele adquirirse por el consumo de carne cruda o insuficientemente cocinada, frutas y verduras mal lavadas o por el contacto con tierra contaminada. Aunque popularmente se asocia a los gatos, estos solo desempeñan un papel en determinadas circunstancias y siguiendo unas sencillas medidas higiénicas, el riesgo puede minimizarse considerablemente.
El momento en que se produce la infección es clave: cuanto más avanzado está el embarazo, mayor es la probabilidad de transmisión al feto; pero cuando la infección ocurre en fases tempranas, el riesgo de secuelas graves es mayor.
Muchos recién nacidos con toxoplasmosis congénita parecen completamente sanos al nacer. Sin embargo, esa aparente normalidad puede resultar engañosa. Según el registro español, el 80% de los casos eran asintomáticos en el periodo neonatal, aunque cerca del 20% presentaban ya lesiones oculares compatibles con coriorretinitis y algunos desarrollarán posteriormente alteraciones neurológicas, trastornos auditivos o problemas visuales. Por ello, el diagnóstico precoz y el seguimiento especializado son fundamentales para detectar y tratar posibles secuelas.
Una simple analítica
Uno de los principales argumentos del documento es que la infección materna suele cursar sin síntomas, por lo que difícilmente puede sospecharse si no se realiza una determinación serológica durante el embarazo. El cribado consiste en un análisis de sangre que permite identificar a las mujeres susceptibles de adquirir la infección y detectar de forma precoz una seroconversión durante la gestación.
Cuando la infección se diagnostica a tiempo, es posible iniciar tratamiento durante el embarazo y realizar un seguimiento específico del feto y del recién nacido, medidas que han demostrado reducir la transmisión materno-fetal y la gravedad de las secuelas.
Por este motivo, los autores consideran que, con la evidencia científica disponible en la actualidad, no existen argumentos suficientes para abandonar el cribado prenatal sistemático, especialmente mientras persistan importantes incertidumbres sobre el impacto que tendría su retirada en la detección precoz y la prevención de la toxoplasmosis congénita.