Conocido por una práctica escultórica en torno a imágenes y objetos históricos, Carlos Castro desplaza esa investigación a la pintura en su neva entrada en la galería La Cometa, en Madrid. El resultado, aunque contenido –cuatro grandes lienzos–, ofrece un interesante laboratorio de … experimentación.

A partir de los grabados de ‘Geografía pintoresca de Colombia’ (1869), de C. Saffray y É. André, reformula, desde la materia, representaciones ya mediadas del paisaje, dejando abierta su lectura crítica. Comienza en el suelo, generando manchas con acrílico y pisando el lienzo; después lo cuelga y las proyecta para dibujarlas con óleo, spray y un cepillo cuyas rayas evocan grabados decimonónicos. «Cada pintura dicta su manera», explica.

Ese carácter gestual y meditativo, con referentes como Rothko, Delcy Morelos o S. Ruby, constituye lo más sólido de la propuesta. La intensidad cromática alcanza su mejor expresión en las obras dominadas por el rojo; la incursión en una paleta psicodélica es menos convincente.

Destaca la única escultura, ‘Penetración y extracción’: una tuza de maíz recubierta por cientos de dientes. Fiel a una práctica basada en materiales orgánicos, convierte el maíz en receptáculo de historias anónimas.

  • Carlos Castro

    ‘Paisaje desviado’

    • Lugar:
      Galería La Cometa (Madrid)

    • Dirección:
      C/ San Lorenzo, 11

    • Clausura:
      Hasta el 31 de julio de 2026

    • Valoración:
      ***

La doble mazorca alude a la porosidad de la frontera México-EE.UU., condensando memoria, cuerpo y territorio en un objeto de inquietante fuerza simbólica.