La geometría es a IGallery como la arena a la playa: van muy de la mano. El espacio expositivo de Palma, ubicado en la calle Pablo Iglesias, lleva años cultivando un arte de tipo formal, con especial atención a lo geométrico, las formas, los ángulos, y sus posibilidades. Aunque con incursiones en otros ámbitos, IGallery nunca se aleja en exceso de la geometría, y vuelve a ella en esta ocasión con Entre líneas, una muestra que se nutre de las propuestas de los artistas Joan Saló y David Moreno, que fusionan pintura y escultura como dos lenguajes que, si bien tienen sus propios vocabularios, tienden a entenderse a la perfección.
Por un lado, las pinturas de Saló son, de entrada, las que más desafían al observador que trata de buscar en ellas referentes conocidas para abordar una obra que es idiosincrásica de su creador. Con líneas gestuales y trazos de color, Saló busca la verticalidad y la horizontalidad paralelas para construir su propio mundo de formas y espacio.
La escultura y la pintura dialogan con facilidad en la propuesta.
El orden aparente descansa sobre una tensión compuesta de líneas tensas, por lo que el visitante avispado, el que sea capaz de ‘leer entre líneas’, descubrirá una sensación atmosférica del orden entre lo aleatorio y caótico de la percepción inicial.
Por su parte, las esculturas de David Moreno buscan un imposible que, a pesar de la contradicción aparente, logran: encuentran la movilidad en su quietud. Transparentes en su gran mayoría, no dejan lugar a dudas en cuanto a su composición y estructura, pero sí despiertan la mirada y la curiosidad cuando uno sigue el trazado de sus componentes y se descubre en un movimiento fluido y lineal que podría no acabarse nunca. A pesar de ello, el límite entre el objeto y el espacio mismo que lo alberga salta a la vista, es evidente, y por ello la pieza destaca y resalta, pero al mismo tiempo se funde con el habitáculo como las raíces de una planta que siempre ha estado ahí.
Así pues, las dos propuestas conviven juntas a la perfección, tendiendo puentes entre sí, pero también jugando cada una desde su propia distancia con respecto a la otra. Pintura y escultura se interpelan mutuamente, pero manteniéndose también cada una en su lugar respectivo, permitiendo un diálogo entre lineal y espacial, entre positivo y negativo, entre cromático y oscuro.
La exposición se puede visitar desde ya en el espacio de la calle Pablo Iglesias, 1, de Palma, y sirve como un buen regreso a la geometría para IGallery desde una vertiente claramente reflexiva, que pretende no solo la muestra y ya, sino que busca el diálogo entre formatos y géneros artísticos.