Tras ganar las elecciones el pasado abril, el primer ministro húngaro, Peter Magyar, prometió reestructuraciones radicales para «desinfectar» el Estado de 16 años de orbanismo. Este lunes, algunas de esas transformaciones han comenzado a ver la luz.

El Parlamento húngaro ha aprobado un paquete de reformas constitucionales que contempla, entre otras medidas, la destitución del presidente Tamás Sulyok, aliado del derrotado líder ultranacionalista Viktor Orbán. Se trata de una primera ofensiva contra los altos cargos leales al exmandatario.

Las enmiendas fueron aprobadas con 139 votos a favor y 6 en contra, sin el respaldo del partido de Orbán, el Fidesz, cuyos diputados decidieron no participar en la votación de la Cámara, integrada por 199 miembros, al considerar que estas reformas son una señal de la «tiranía» del nuevo Gobierno, según recoge la agencia Efe.

Ahora, el propio presidente Sulyok, que había anunciado que no dimitiría, dispone de cinco días para firmar su destitución o remitir las enmiendas al Tribunal Constitucional, una corte integrada por magistrados designados durante los gobiernos de Orbán (2010-2026), para que evalúe su posible inconstitucionalidad.