Hasta dos de cada 10 mujeres con cáncer de mama tienen que lidiar con la tipología más grave, el tumor triple negativo. Su supervivencia se queda en el 77 % a cinco años, cuando la media general de la enfermedad es del 85 %. Clave podría ser el trabajo de un grupo investigador valenciano, conformado por profesionales de Incliva del hospital Clínico de València y la Universitat Politècnica de València (UPV), que desarrolla una nanoterapia -una quimioterapia selectiva- dirigida a mejorar la eficacia del tratamiento contra este tumor, pero con menos efectos secundarios y menos toxicidades para las pacientes.

Los resultados preliminares del estudio, cuya investigación se ha publicado en la revista Biomaterials Research, muestran que el tratamiento reduce el crecimiento tumoral, elimina un mayor número de células cancerosas y activa una mayor respuesta inmunitaria. Una de las claves de esta terapia es que actúa también sobre el entorno que rodea al tumor, conocido clínicamente como microambiente natural. Allí se encuentran los fibroblastos, es decir, las células que favorecen el crecimiento del tumor y que aumentan la resistencia contra los tratamientos.

Pero, ¿en qué consiste exactamente este nanodispositivo? Este se encarga de transportar doxorrubicina es una quimioterapia utilizada para tratar el cáncer de mama triple negativo- directamente al tumor. Es decir actúa directamente sobre él y no sobre toda la zona o el organismo como hace habitualmente la quimioterapia. «El microambiente tumoral juega un papel clave en la progresión del cáncer, la resistencia a tratamientos y la inmunosupresión», explica el doctor Juan Miguel Cejalvo, investigador principal del Grupo de Investigación en Biología en Cáncer de Mama de Incliva.

Al dirigir el tratamiento directamente al tumor, se reducen los efectos nocivos del mismo. «En particular, a doxorrubicina puede provocar toxicidad cardíaca, mientras que este nanodispositivo la transporta de forma más específica al tumor, disminuyendo su impacto sobre tejidos sanos y reduciendo así la toxicidad sistémica», añade la doctora Iris Garrido.

Del laboratorio a los pacientes

Por el momento, la eficacia de esta terapia se ha evaluado en distintos modelos experimentales en el laboratorio; por ejemplo, en células tumorales, fibroblastos obtenidos de pacientes y organoides derivados de los mismos. También se ha comprobado su efectividad en modelos animales, lo que ha permitido estudiar su comportamiento en un contexto más cercano a la enfermedad real. Los siguientes pasos se centran en optimizar el nanodispositivo y validarlo en modelos más complejos, dos claves para avanzar hacia su aplicación en los pacientes.

Esta investigación supone, según Cejalvo, un «avance significativo» en el desarrollo de nuevas estrategias oncológicas, ya que «combina la eliminación de las células tumorales con la modificación de su entorno y la activación del sistema inmunitario, abriendo nuevas vías hacia tratamientos más eficaces y seguros en el futuro».

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