La figura de Luis Antonio Sanguino de Pascual (1934-2026), fallecido este domingo en Madrid a la edad de 91 años, siempre será recordada como uno de los más destacados escultores de su época. No en vano, este barcelonés que pasó posteriormente su infancia … en la finca La Raña de Pozoblanco y que luego vivió en El Puerto de Santa María, es autor de un ingente conjunto de obras, destacando sus monumentos, bustos o los mausoleos que dedicó a grandes artistas como Juanita Reina y Rocío Jurado. Su proyección internacional también fue reconocida, ya que vivió muchos años en Estados Unidos, donde se fraguó un gran reconocimiento, y en México. En esos dos países también dejó una parte destacada de su obra.

El periodista sevillano José María Arenzana lleva meses inmerso en la preparación de un documental sobre la vida y la obra de Luis Sanguino. Para ello mantiene conversaciones con Curro Sanguino, uno de los hijos del escultor y responsable de custodiar su legado, con el propósito de reivindicar la figura de uno de los grandes representantes de la escultura monumental española del siglo XX y de principios del XXI. «No sé por qué Luis Sanguino es un artista tan poco mediático y conocido. Apenas apareció en televisión durante el franquismo ni tampoco en la etapa posterior de la democracia, cuando desarrolló una carrera extraordinaria entre España, Estados Unidos y México», se lamenta.

Arenzana considera que esa escasa proyección pública contrasta con el enorme prestigio del que disfrutó dentro del mundo artístico. «No era un desconocido. Era un escultor muy respetado y recibió encargos muy importantes durante toda su vida», asegura. Buena parte de su trayectoria transcurrió fuera de España, primero en Nueva York y más tarde en México, donde desarrolló una intensa actividad que lo convirtió en uno de los escultores españoles con mayor reconocimiento internacional de su generación.

Nacido en Barcelona en 1934, pertenecía a una familia de la alta burguesía catalana. El estallido de la Guerra Civil obligó a sus padres a abandonar la ciudad y emprender un largo recorrido por Marsella, Mónaco, San Sebastián, Pozoblanco, Madrid y El Puerto de Santa María. «Era un andaluz de adopción», resume Arenzana. Fue precisamente en Andalucía donde descubrió su vocación artística. De niño comenzó a modelar barro de la mano de un alfarero de El Puerto llamado Antonio y, al comprobar su talento, su familia logró ponerle en contacto con Mariano Benlliure. Sin embargo, la avanzada edad del maestro hizo que terminara formándose junto a Federico Coullaut-Valera, hijo de Lorenzo Coullaut-Valera. Este último era autor, entre otras obras, del monumento a Cervantes de la Plaza de España de Madrid o el de Bécquer del Parque de María Luisa. Bajo la tutela de Federico Coullaut-Valera, adquirió una sólida formación que le permitió dominar la talla en piedra, mármol y madera, además del modelado en barro y otras técnicas escultóricas.

Esculturas de El Valle de los Caídos

Aquella preparación resultó decisiva cuando, en 1952, con apenas 18 años, Coullaut-Valera le animó a presentarse al concurso para realizar las esculturas del Valle de los Caídos. «Presentó bocetos, esculturas en barro e incluso una mano tallada en piedra para demostrar que dominaba absolutamente todas las técnicas. Tenía una formación excepcional», explica Arenzana. El periodista sostiene además que Sanguino fue el autor de las ocho esculturas monumentales de las Fuerzas Armadas —de las cuales cuatro se reconocen como totalmente suyas— situadas en el interior de la basílica. Estas cuatro de su autoría son unas figuras de unos de más de tres metros de altura que representan al Ejército de Tierra, Mar, Aire y las Milicias «como una especie de monjes soldados», explica el autor del documental ‘El jeroglífico de Font de Anta’. «Son esculturas impresionantes, que integraban a los ejércitos de los dos bandos, y ese trabajo marcó el inicio de una carrera llena de grandes encargos», añade.

Antes incluso de alcanzar el reconocimiento internacional, el escultor ya había demostrado una extraordinaria capacidad técnica. Durante los años cincuenta realizó reproducciones de esculturas barrocas españolas para un marchante de arte. «No eran falsificaciones, sino copias. Le proporcionaban vigas antiguas de madera, él tallaba las imágenes, las policromaba y las envejecía en el horno hasta conseguir un acabado idéntico al de las tallas antiguas. Era capaz de trabajar cualquier material», subraya Arenzana.

Su siguiente destino fue Nueva York, ciudad en la que se casó, formó una familia —su tercera hija recibió el nombre de Triana en homenaje a Andalucía— y alcanzó una enorme proyección artística. Allí fue invitado, en la década de los 60, al popular The Tonight Show de Johnny Carson, donde realizó un retrato en directo del presentador, una aparición televisiva que multiplicó su prestigio. «A partir de ese momento se hizo muy famoso», recuerda Arenzana. Durante aquellos años también entabló una gran amistad con Salvador Dalí y recibió numerosos encargos institucionales y privados. Entre ellos destacan el ‘Monumento a los Inmigrantes’ de Battery Park, una de sus obras más emblemáticas en Estados Unidos; el busto del que fuera alcalde de Nueva York entre 1934 y 1945, Fiorello La Guardia; un retrato de John Fitzgerald Kennedy que terminó adquiriendo la propia familia del presidente estadounidense, además de numerosos monumentos y esculturas repartidos por distintos estados del país.

El escultor desarrolló posteriormente una intensa etapa en México, donde mantuvo una estrecha relación con las instituciones del país y recibió importantes encargos públicos. Allí realizó monumentos de gran formato, esculturas ecuestres, fuentes monumentales y bustos de varios presidentes mexicanos. «Tiene obras que superan los treinta metros de altura. Allí también fue un artista muy reconocido», señala Arenzana.

Pese a esa intensa actividad internacional, Sanguino nunca dejó de trabajar para España. Su firma quedó plasmada en algunas de las obras monumentales más reconocibles del país. En Madrid hizo buena parte de las puertas de bronce de la Catedral de la Almudena, además de los doce apóstoles que coronan su cúpula, uno de los conjuntos escultóricos contemporáneos más importantes del templo. También es autor de los monumentos dedicados a Ernest Hemingway en Pamplona, el de Antonio Bienvenida y José Cubero ‘El Yiyo’, estos dos últimos situados en el entorno de la plaza de toros de Las Ventas. En un muro del entorno de dicha plaza se encuentra también ‘El encierro’, un bajorrelieve realizado en bronce.

Andalucía ocupa igualmente un lugar destacado dentro de su legado. En Sevilla pueden contemplarse el monumento funerario de la cantante Juanita Reina, situado en el cementerio de San Fernando, y el busto del rejoneador Ángel Peralta, conservado en el Museo Taurino de la Real Maestranza de Caballería. Otra de sus obras más conocidas es el ‘Mausoleo de Rocío Jurado’ en el cementerio de Chipiona, una escultura en bronce realizada por encargo directo de la familia de la artista que, con el paso del tiempo, se ha convertido en uno de los lugares más visitados por los admiradores de la cantante.

'El encierro', un bajorrelieve que se encuentra en un muro en el entorno de la plaza de Las Ventas.

‘El encierro’, un bajorrelieve que se encuentra en un muro en el entorno de la plaza de Las Ventas.

(ABC)

Arenzana también destaca una faceta poco conocida del escultor: su papel en la promoción del Día de la Hispanidad en Nueva York. «Cuando él vivía allí, el 12 de octubre solo se celebraba el Columbus Day. Organizó una gran reunión de españoles que terminó impulsando la celebración del Hispanic Day». Aquella iniciativa impulsó a que Franco le otorgara la Orden de Isabel la Católica, que finalmente le fue entregada por el Rey Juan Carlos I en 1976.

Sanguino y los Costus

Otro de los aspectos que abordará el documental de José María Arenzana será la estrecha relación que Luis Sanguino mantuvo con el grupo artístico Costus, creadores de la Movida madrileña en el plano artístico. De hecho, uno de sus integrantes, Juan José Carrero, era sobrino del escultor y, junto a Enrique Naya, convivió con el escultor durante una etapa en México. «Los Costus desarrollaron allí parte de su obra y absorbieron la influencia de la cultura y los colores mexicanos. Incluso decoraron el restaurate que tenía la madre de Alaska en México», explica este periodista.

Aquella conexión enlaza directamente con los orígenes de la Movida. La vivienda de los Costus en la calle de La Palma de Madrid se convirtió en uno de los principales centros de reunión de artistas como Alaska, Tino Casal, Fabio McNamara, Pedro Almodóvar o Manuel Piña, entre otros. Allí se rodaron escenas de ‘Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón’ y, posteriormente. Entre los habituales de aquel ambiente figuraba igualmente el productor musical Miguel Ángel Arenas, ‘Capi Arenas’, descubridor de artistas como Los Pecos, Mecano o Alejandro Sanz, quien años antes había trabajado como aprendiz en el taller de Luis Sanguino. «Capi Arenas le tenía auténtica devoción a su maestro y será una de las personas que participe en el documental», adelanta Arenzana.

La relación entre Sanguino y los Costus también quedó reflejada en una de las series más conocidas del dúo artístico. Tras regresar de México realizaron una colección de pinturas inspiradas en el Valle de los Caídos, reinterpretando sus esculturas con los rostros de algunos de los protagonistas de la Movida madrileña, como Alaska o Bibi Andersen. Actualmente, diecinueve de aquellas obras forman parte de una exposición permanente en el Museo ECCO (Espacio de Creación Contemporánea) sw Cádiz. No obstante, Arenzana reconoce que finalmente reducirá el peso de este episodio en el documental después de conocer que Netflix prepara una producción centrada en la vida de los Costus. «Mantendremos esa relación porque forma parte de la historia de Sanguino, pero el documental estará centrado principalmente en su vida y en su obra», explica.

La última etapa de la vida del escultor transcurrió en Segovia. En 1989 adquirió un torreón-castillo medieval en Valdeprados que transformó en vivienda, estudio y museo, desde donde continuó realizando encargos para instituciones y coleccionistas de distintos países hasta que un ictus, hace aproximadamente un año, obligó a trasladarlo a una residencia. Desde aquel enclave salieron muchas de las obras de madurez de un creador cuya producción supera ampliamente el millar de esculturas y los quinientos bustos repartidos por España, Estados Unidos y México.

«La obra de este escultor está por todas partes, pero muy pocos conocen el nombre del artista que hay detrás. Creo que ha llegado el momento de darle el reconocimiento que merece. Por eso, lo que pretendo con este documental es que la gente descubra quién fue realmente Luis Sanguino», concluye José María Arenzana.