Madrid
La estrella de la selección noruega, Erling Haaland, ha vuelto a casa tras la eliminación en el Mundial de fútbol con un peculiar objeto bajo el brazo: un mapache disecado agarrado a una botella de whiskey.
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El delantero bajó del avión en el aeropuerto de Oslo, tras la derrota ante Inglaterra, con un mapache disecado que bebe una botella de licor, un envase extravagante que el delantero del Manchester City adquirió por 750 dólares, según varios medios, en Wild Bill’s Western Store, en Dallas (Texas), durante su estancia en Estados Unidos para el torneo.
Después se reunió, ya sin el mapache, junto con el resto de su equipo en una visita a la Familia Real noruega en el Palacio Real de Oslo. Unas 90.000 personas esperaban a los jugadores de la selección frente al palacio, donde realizaron el tradicional remo vikingo.
Así conquistó Noruega a la afición en el Mundial
El sueño de Noruega en el Mundial se desvaneció en la noche del sábado en cuartos de final tras caer ante Inglaterra (1-2), pero el verdadero triunfo de la selección nórdica no se mide por los goles, sino por cómo se apoderó de los corazones de todos los aficionados con su carisma, su colorida hinchada y la inesperada cercanía de su estrella, Erling Haaland.
«La forma en que ha estado Noruega, cómo hemos puesto a Noruega en el mapa, es quizás lo que más me conmueve», fueron las primeras palabras públicas del delantero del Manchester City tras quedar eliminados en una agónica prórroga en Miami.
No es para menos. En su cuarta participación mundialista, tras no pisar la cita desde Francia 1998, Noruega alcanzó por primera vez los cuartos de final, eliminando en octavos a Brasil, y fue uno de los equipos que más goles festejó.
Para el aficionado neutral, el rendimiento futbolístico de la selección nórdica seguramente quede en el olvido dentro de escasos meses, pero lo que nunca olvidará será todo lo que rodeó la travesía de Noruega en el Mundial.
El remo que unió a las naciones
La iconografía vikinga acompañó a los noruegos desde el inicio del torneo, con sus seguidores vistiendo los ya tradicionales cascos con cuernos -una licencia histórica que los expertos perdonarán- y realizando el popular festejo del remo vikingo.
Esta celebración fue precisamente la que cautivó a la mayoría de aficionados. Consistente en largas bancadas humanas que escenificaban sentados el avance de un drakkar vikingo, los hinchas noruegos simulaban al unísono estar remando al grito de Ro (remar, en noruego), y al compás que marcaba un tambor.

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Inventada por el club oficial de aficionados de Noruega hace apenas un año, se popularizó durante el Mundial a medida que la selección ganaba partidos, hasta el punto de que los jugadores terminaron adoptándola sobre el césped para celebrar cada triunfo al unísono con su afición.
Su repercusión provocó quedadas masivas previas a los partidos en lugares icónicos de la geografía estadounidense, como la neoyorquina Times Square o Miami Beach, donde miles de hinchas noruegos y extranjeros se unían para remar al mismo tiempo.