Por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la ceremonia del Día de la Bastilla tuvo lugar por la tarde, al paso … de la caravana del Tour. Las miles de personas que acudieron a disfrutar de la fiesta nacional en Francia se agolparon a ambos lados de la carretera de la ascensión al Col de Pertus, sacaron sus teléfonos y grabaron el paso del general Tadej Pogacar (UAE), que desfiló sin necesidad del toque de corneta de fondo a la velocidad de la luz hacia su quinto Tour. Otro año sin triunfo galo en un 14 de julio.

Era un día en Francia para celebrar el pasado que ha posibilitado el presente del país y el Tour se adentró en su departamento más tradicional. Por las calles ancestrales del Cantal se respira pureza. En una época de tiranteces y dificultad para el acuerdo, autoridades, empresas y asociaciones locales aúnan fuerzas para construir una región mejor bajo el lema Cantal 2030, que combate la despoblación rural y apuesta por la sostenibilidad.

En Laveissiere, a un lado de la carretera que conecta el Font de Cere con la estación de esquí de Le Lioran en la parte final de la etapa, una cabaña de piedra explica el pasado del lugar. Allí, en el corazón del bosque de Belles-Aiguesse, se fabricaba desde el siglo XIX hasta 1960, del 15 de mayo al 15 de noviembre, con el pasto fresco, el queso Cantal. Antonin Hurgon fue el último ‘buronnier’ –quesero– del lugar y su burón, por el que pasó ayer el Tour, se conserva como un museo que regenta el nieto de un agricultor de la época y explica la historia de éstas cabañas.

Si Tadej Pogacar hubiera crecido en las laderas del Macizo Central hace cien años, seguramente habría fabricado el mejor queso de Francia. El esloveno, que no da puntada sin hilo, dijo que quiso «honrar el maillot amarillo» al recordar que «era el Día de la Bastilla». Para cuando pasó por el burón de Antonin Hurgon prácticamente tenía sentenciada la etapa y su quinto Tour.

Las críticas, abono para UAE

a jornada de descanso del lunes sirvió para que el UAE recuperara la energía en las piernas y saliera con el cuchillo entre los dientes ayer después de escuchar las críticas por su afán de ganar todos los días. Se presentaba una etapa rompepiernas con varias ascensiones duras en las que la carrera se podía romper. La escuadra emiratí, preparando el ataque de Pogacar, impuso un ritmo frenético que no permitió soñar con la machada a un genial Javier Romo (Movistar), que en otra situación hubiera peleado por la etapa.

Esa velocidad endiablada dejó al pelotón en un grupo de 30 elegidos, los mejores escaladores de la carrera. Carapaz (Education First), uno de los ciclistas que no espera a nadie, lanzó un órdago al UAE y arrancó en la ascensión al Puy Mary. El acelerón del pelotón había pasado factura a la escuadra emiratí y McNulty no pudo pasar relevo y Yates no le hacía ni cosquillas al ‘escarabajo’, pletórico en cabeza de carrera.

En ese momento de dudas, Seixas (Decathlon), que buscaba hacerse grande ganando en todo un 14 de julio con toda Francia detrás, colocó a Proudhomme en cabeza y se puso a su rueda. El intento quedó en agua de borrajas pero mostró la intención del prodigio galo de pasar a la acción.

La diferencia era de un minuto con Carapaz, que se relamía, pero a un kilómetro de coronar el Col de Pertus, las predicciones pasaron a un segundo plano cuando Pogacar se levantó de la bici. Los rivales le miraban asustados. Impotentes. Se escapaba como un rayo y no eran capaces de ponerse de pie. En 500 metros le quitó el sólo el minuto a Carapaz y le soltó antes de coronar, emprendiendo su enésima marcha en solitario.

Por detrás, el grupo de aspirantes al podio lo dejaba todo en manos de Vingegaard, pese a que Bora tenía a Lipowitz y Evenepoel y el Lidl-Trek a Ayuso y Skjelmose. No hubo colaboración. Ni ambición. Ni sobraban fuerzas.

Vingegaard, uno de los ciclistas más resilientes que se recuerdan, trataba de recortar la diferencia como en 2024, pero los segundos sólo iban para arriba. Pogacar no parecía en su mejor día, pero el hueco no se cerraba, se abría cada vez más.

Evenepoel sabe sufrir

Los tres kilómetros del Font de Cere parecían idóneos para las características de Evenepoel, pero el belga comenzó a quedarse del grupo ante el ataque de su compañero Lipowitz. Un día más en la espitosa oficina de Red Bull Bora.

Con Pogacar diferenciado, el foco se trasladó a la pelea por el podio, de la que se estaba cayendo un Del Toro que acusó las pretensiones de Pogacar de no dar ni un día por perdido. Ayuso y Seixas mostraban uno de sus mejores días de la ronda gala, Lipowitz seguía siendo una lapa y Vingegaard veía cómo sus rivales habían cambiado de rostro. Evenepoel entró en el grupo en el descenso y en las rampas de Le Lioran lanzó el ataque con el que logró ser segundo y recortar más de diez segundos a Vingegaard. Seixas, más conservador que en la Itzulia, va escalando poco a poco y mejorando sensaciones día a día en su debut con 19 años.

Ahora llegan días para los sprinters antes de que el fin de semana regrese la montaña, donde Pogacar, una vez conseguida la rendición de sus oponentes, seguirá buscando clavar su bandera en toda Francia.

Evenepoel sabe sufrir

Los tres kilómetros del Font de Cere parecían idóneos para las características de Evenepoel, pero el belga comenzó a quedarse del grupo ante el ataque de su compañero Lipowitz. Un día más en la espitosa oficina de Red Bull Bora.

Con Pogacar diferenciado, el foco se trasladó a la pelea por el podio, de la que se estaba cayendo un Del Toro que acusó las pretensiones de Pogacar de no dar ni un día por perdido. Ayuso y Seixas mostraban uno de sus mejores días de la ronda gala, Lipowitz seguía siendo una lapa y Vingegaard veía cómo sus rivales habían cambiado de rostro. Evenepoel entró en el grupo en el descenso y en las rampas de Le Lioran lanzó el ataque con el que logró ser segundo y recortar más de diez segundos a Vingegaard. Seixas, más conservador que en la Itzulia, va escalando poco a poco y mejorando sensaciones día a día en su debut con 19 años.

Ahora llegan días para los sprinters antes de que el fin de semana regrese la montaña, donde Pogacar, una vez conseguida la rendición de sus oponentes, seguirá buscando clavar su bandera en toda Francia.