Juan Ayuso (2002) conoció los Pirineos dos meses antes de celebrar su décimo cumpleaños. Empezó entonces a fantasear con ser ciclista profesional, aunque su principal … ilusión era proyectarse como futbolista, lateral derecho, y no tanto como promesa del ciclismo español. El alicantino ascendía en 2012 por primera vez puertos como el Aspin con un maillot blanco y una bicicleta del mismo color. Tan imberbe que su sueño era ser el mejor de los menores de 25 años, una prenda que con la explosión de Pogacar y la nueva generación haya quedado algo descafeinada.

No para Ayuso, que pelea con Paul Seixas e Isaac del Toro por ser el próximo líder generacional. Y para ello, llegar a París vestido de blanco sería un golpe sobre la mesa. Así que en Le Lioran desciende del podio con su preciado maillot albino con la mejor de sus sonrisas. Posa encantado en un selfie con Tadej Pogacar, negando una vez más que la envidia y el mal rollo con el esloveno fueran lo que dinamitara su etapa en el UAE. Pese a ser ya su quinta temporada en la élite, tiene todavía 23 años y afronta su primer Tour de Francia como líder de un equipo. Después de diez etapas, se ha ganado el derecho a soñar.

El mejor joven de lo que va de ronda gala admiraba a Contador y se parece más a Valverde. El murciano fue el último español en hacer podio, allá por 2015. El alicantino está al acecho. Ya es cuarto en la general. Ayer recuperó la condición de mejor joven tras aprovechar la debilidad de Del Toro y solo se ha descolgado del grupo de elegidos en los kilómetros finales del Tourmalet. «Vamos día a día. Estoy en un buen momento de forma, pero no me quiero dejar llevar y pensar en lo que pasará dentro de dos semanas», frena la euforia. Prefiere seguir sin hacer ruido. Sin levantar polvo. Al acecho.

Remco Evenepoel, tercer clasificado con 16 segundos de ventaja, le afea su papel. «De nuevo, no recibimos mucha ayuda de esos ciclistas del Lidl-Trek», criticó al igual que en la jornada del Tourmalet. Ayuso, cuenta con el apoyo de Skjelmose, respondió que fue «al límite». Su relación con su compañero es más amistosa que la del belga con Lipowitz, otro candidato sólido al podio. La riña pública entre ellos se trató de calmar con un vídeo de los dos corredores del Red Bull Bora sonriendo en el autobús del equipo que recordaba los días de gloria del Movistar de Landa, Valverde y Quintana.

Al contrario que Evenepoel, prefiere no morderse la lengua. «Al final Vingegaard estuvo peor que yo», celebró en meta con una sonrisa. Su ataque final le permitió ser segundo y recuperarle al danés diez segundos. La diferencia es de medio minuto. «Podía haber sido peor», quiere contentarse el líder del Visma, que por primera vez en el Tour tiene que mirar a más oponentes que Pogacar. «Las subidas cortas como esta no son lo que mejor me sientan, estoy esperando a las más largas», se defiende.

Evenepoel, mientras, se crece. «Por un momento incluso consideré intentar seguir a Tadej», lanza. Luego tuvo un amago de calambre. perdió unos metros con el grupo perseguidor. Pero tiró de raza para recuperarse. «Deberíamos ser principalmente positivos después de hoy. Siento que me recupero con bastante facilidad de los esfuerzos intensos».

Seixas también terminó satisfecho. «Imagino que no todas las terceras plazas en el Tour tienen el mismo sabor, pero esta es necesariamente especial». Con 19 años, ha sido el tercero en discordia tanto en el esfuerzo del Tourmalet como en el Macizo Central. Y eso que pasó miedo en la bajada del Puy Mary. «El descenso era extremadamente peligroso, una pista de patinaje. El asfalto se derretía. Sentí que mi rueda trasera se iba sin siquiera inclinarme», expresó. Pese a sentirse con fuerzas, dejó hacer a Vingegaard en los kilómetros finales, que tenía «más que perder». Su debut en el Tour también es motivo de fiesta nacional.