Redacción
El polietileno es un tipo de plástico que se utiliza habitualmente en envases y productos de consumo, pero también es el plástico más común encontrados entre quienes sufrieron infartos. En el 84% de los pacientes se detectaron micro y nanoplásticos (MNP), en comparación con el 40% de los pacientes con cardiopatía isquémica crónica y el 32% de los pacientes con arterias coronarias normales, según un el estudio ‘Micro- and nano-plastics in the coronary circulation and air pollution exposure in ischaemic heart disease presentation’, publicado en el European Heart Journal.

La investigación contó con la participación de 61 pacientes que se sometieron a una angiografía coronaria por sospecha de enfermedad de las arterias coronarias. Esta cifra de muestra ha sido considerada por diversos expertos como muy reducida para un análisis de regresión con múltiples variables. Los pacientes se clasificaron en infarto de miocardio con elevación del segmento ST (Stemi), síndromes coronarios crónicos (CCS) y controles. Utilizando métodos analíticos avanzados, se detectaron NMP tanto en sangre periférica como coronaria.

Los fumadores tienen seis veces más de probabilidades de portar micro y nanoplásticos en el organismo

“Todavía no existe un método estandarizado a nivel internacional para el muestreo, la extracción, la identificación y la cuantificación, lo que dificulta las comparaciones entre estudios. Además, los métodos analíticos actuales no pueden caracterizar completamente los nanoplásticos más pequeños (<1 µm), que pueden presentar un comportamiento biológico diferente”, matiza Thava Palanisami, jefe de equipo del Laboratorio Australiano de Investigación e Innovación en Plásticos de la Universidad de Newcastle.

Los resultados mostraron que las concentraciones de partículas de plástico fueron más altas en pacientes con Stemi, intermedias en aquellos con CCS y más bajas en los controles. Estos hallazgos estuvieron acompañados de marcadores inflamatorios elevados, incluido el factor de necrosis tumoral-α y la interleucina-6, lo que sugiere un vínculo entre la exposición al plástico y la inflamación sistémica.

Según el estudio, los pacientes expuestos a niveles más altos de contaminación atmosférica a largo plazo (PM2.5/partículas de 2,5 μm o menos de diámetro) tenían mayor probabilidad de presentar microplásticos en la sangre. Mientras que los fumadores tenían seis veces más probabilidades de portarlos. De hecho, todos los fumadores expuestos a niveles elevados de contaminación atmosférica presentaban plásticos en la sangre, en comparación con solo el 12,5% de los pacientes no fumadores y no expuestos a dichos niveles. Sin embargo, “el trabajo no considera los factores dietéticos como vía para la translocación sistémica de MNP, algo que no está de acuerdo con el consenso general actual”, apunta Roberto Rosal, catedrático de Ingeniería Química del departamento de Química Analítica, Química Física e Ingeniería Química de la Universidad de Alcalá, en declaraciones para SMC.

Implicación en enfermedades cardiovasculares

Por otro lado, la evidencia clínica emergente sugiere que un vínculo potencial entre los nano y microplásticos y la enfermedad cardiovascular. Los autores del estudio consideran que estos hallazgos no demuestran que los microplásticos causen infartos, pero sí revelan una fuerte asociación entre la exposición ambiental, la presencia de microplásticos en la sangre y las enfermedades cardiovasculares.

El documento muestra que, en los pacientes sometidos a endarterectomía carotídea, se detectaron estos plásticos dentro de las placas ateroscleróticas, y su presencia se asoció con un mayor riesgo de infarto de miocardio, accidente cerebrovascular y mortalidad por todas las causas. En este sentido, Ria Devereux, investigadora en materia medioambiental de la Universidad de East London (UEL), destaca que “dado que el diseño del estudio es transversal, analiza la exposición y la enfermedad al mismo tiempo y, por lo tanto, no puede determinar si los microplásticos y nanoplásticos causaron la enfermedad, aumentaron a causa de ella o simplemente se encuentran en la sangre debido a la exposición ambiental”.

Aun así, la evidencia clínica inicial demuestra que las partículas de plástico pueden ingresar a la circulación y acumularse en los tejidos vasculares, mientras que los estudios experimentales indican que desencadenan mecanismos clave de daño vascular, incluyendo estrés oxidativo, inflamación y disfunción endotelial. Si bien aún existen importantes incertidumbres, la convergencia de la evidencia epidemiológica, clínica y mecanicista sugiere que la contaminación por plásticos podría representar un factor de riesgo cardiovascular previamente subestimado.