Investigadores de diversos centros australianos han diseñado nanopartículas (NP) orgánicas biodegradables cargadas con un ARN que suprime la producción de HSP47, una proteína esencial para la maduración y secreción del colágeno en células de adenocarcinoma ductal pancreático. En ratones portadores de este tipo de tumor en localización ortotópica, la administración …


Investigadores de diversos centros australianos han diseñado nanopartículas (NP) orgánicas biodegradables cargadas con un ARN que suprime la producción de HSP47, una proteína esencial para la maduración y secreción del colágeno en células de adenocarcinoma ductal pancreático. En ratones portadores de este tipo de tumor en localización ortotópica, la administración intravenosa de las NP, primero con frecuencia diaria y después semanal, remodeló profundamente el microambiente tumoral.

Aunque la terapia no tuvo efecto sobre el volumen del tumor ni sobre la diseminación metastásica, sí redujo la fibrosis intratumoral e indujo la apertura de los vasos sanguíneos, considerada un indicador de normalización vascular que podría facilitar el acceso de los fármacos al tumor. El potencial de HSP47 como diana terapéutica se confirmó en ratones portadores de tumores que expresaban de forma estable el ARN supresor. En estos animales, el tumor creció más lentamente, la fibrosis disminuyó casi un 70% y la proporción de vasos abiertos aumentó más de un 50%.

Los científicos demostraron la relevancia de HSP47 en la fisiopatología de este cáncer mediante el análisis de muestras de pacientes. En ellas, la expresión elevada de la proteína en el compartimento tumoral, pero no en el estroma, se asoció con una peor supervivencia global y con un mayor contenido de colágeno desorganizado. Cabe destacar que unos niveles elevados de HSP47 en ambos compartimentos fueron característicos de los pacientes con una supervivencia particularmente corta.

Phoebe A. Phillips, investigadora del Centro Australiano de Nanomedicina y codirectora del estudio, afirma que la supresión de HSP47 ofrece un doble beneficio, al debilitar la matriz fibrosa que protege al tumor y comprometer directamente la viabilidad de las células malignas. Las estrategias combinadas con inhibidores de esta proteína, agentes que degraden la matriz existente y quimioterapia podrían potenciar la eficacia terapéutica frente a un tumor caracterizado por su extrema resistencia, concluye la científica.


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